Hélio Oiticica regresa a Nueva York para revolucionar los sentidos

- 15 de Julio de 2017 - 00:00
El músico Caetano Veloso tomó prestado de Hélio Oiticica la palabra ‘Tropicália’ para titular uno de sus discos.
COLECCIÓN DE CÉSAR Y CLAUDIO OITICICA

Considerado uno de los artistas latinoamericanos más influyentes luego de la década del 50, el brasileño marcó el camino del arte contemporáneo.

No todos los días uno camina descalzo por la arena en Manhattan, escuchando el canto de los papagayos, tirándose en el heno o en colchones donde puede limarse las uñas, rodeado de dibujos hechos con líneas de cocaína. Así es el mundo del brasileño Hélio Oiticica, uno de los artistas más originales del siglo XX, que desde este viernes hasta el 1 de octubre tendrá su primera retrospectiva en Estados Unidos en 20 años, en el célebre Whitney Museum of American Art.

Oiticica (1937-1980), que vivió casi una década en Nueva York en los años 70, fue un innovador infatigable hasta su muerte precoz en Río de Janeiro, a los 42 años, a raíz de un accidente vascular cerebral. Al inicio de su carrera, sus elegantes figuras geométricas comenzaron casi a despegarse de las paredes a través del uso de colores vibrantes. Luego se tornaron esculturas, construcciones arquitectónicas, arte para vestir y, finalmente, creó “ambientes” que activan los sentidos y dejan al espectador inmerso en otra realidad a través del sonido, el tacto, la imagen y el olfato.

“Al final, (Oiticica) te incorpora como individuo en la propia obra y creo que es eso lo que todavía hallamos tan excitante y casi desafiante de su trabajo”, dijo Donna De Salvo, una de las curadoras de la muestra.

“Por eso el nombre de la exposición: Organizar el delirio. Porque el delirio es el lugar donde uno se pierde; es el lugar de la mente, del cuerpo, no hay límites y es también algo que te pertenece. Como artista, Oiticica te invita a entrar, pero lo que haces de ello, es tuyo. Depende de ti”, explicó De Salvo.

¿Y cuáles son las invitaciones de Oiticica? Una de ellas es al Edén,  instalación montada por primera vez en Londres en 1969: un jardín de arena al que se ingresa descalzo, que invita a descansar, a escuchar música, a leer y a mirar el tiempo.

Y acá comienza el lenguaje de Oiticica: uno puede entrar a diferentes estructuras (“penetrables”), manipular materiales orgánicos contenidos en objetos (“bólides”) o vestir coloridas capas (“parangolés”) de diferentes maneras.

Oiticica, que adoraba escribir y teorizar sobre sus obras, describe Edén como un espacio “suprasensorial” y de “creocio” (crelazer en portugués) -otra palabra inventada por él-, bajo la premisa de que el ocio es esencial para la creatividad.

Otra instalación es Tropicália, de 1967, su obra más famosa y la primera de sus cuatro retratos de Brasil. La obra utiliza clichés asociados con el país tropical -arena, grava, pájaros exóticos, follaje frondoso-,  pero un “penetrable” contiene un televisor a todo volumen y otras remiten a la precariedad de la vida en la favela de Mangueira, en una crítica a los contrastes de Brasil.

Caetano Veloso tomó prestado de Oiticica la palabra Tropicália para titular un álbum que se convirtió en himno contra la dictadura militar brasileña y que dio origen al movimiento artístico del mismo nombre.

Cosmococas, creados con su amigo Neville D’Almeida en 1973 y ligados al uso de la cocaína por parte de Oiticica, son “pequeños ambientes” donde se proyectan diapositivas de dibujos realizados con la droga sobre material gráfico, con una elaborada banda sonora.

Cuando Oiticica vivió en Nueva York, en el East Village, “la ciudad estaba yéndose al infierno, y no había dinero”, pero era la cuna de “una fantástica cultura gay de la cual Oiticica formaba parte”, dijo otra de las curadoras, Elisabeth Sussman.

Oiticica “no creía que los museos eran necesariamente los lugares donde debía estar su arte”, explicó, tras recordar que él frecuentó las favelas de Río y la escuela de samba Mangueira, identificándose con lo que llamó “marginália” o “cultura marginal” y creando en 1968 el lema ‘Sea marginal, sea un héroe’. (I)