Entrevista / diego araujo sánchez / escritor y periodista

"Hay en Borges una profunda ironía, es un humorista"

- 27 de septiembre de 2017 - 00:00
Diego Araujo Sánchez, escritor y periodista
Foto: Mario Egas / El Telégrafo

La Real Academia Española y sus Asociaciones de Academias en América prepararon ediciones conmemorativas del autor argentino y de Rubén Darío.

Dos escritores latinoamericanos cambiaron el curso de la literatura universal y de la conciencia del ser humano. El primero, Jorge Luis Borges, fue el artífice de los mundos más fantásticos e intelectuales, mientras que Rubén Darío, con su poesía, dio paso al modernismo literario. La Real Academia Española y sus Asociaciones de Academias prepararon dos ediciones conmemorativas por el primer centenario de la muerte de Darío recordado en 2016, y por los treinta años del fallecimiento del autor de Ficciones.

La presentación de las obras selectas de ambos se realizará hoy, a las 18:30, en la librería Mr.Books de El Jardín, donde intervendrán Susana Cordero de Espinosa, directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y Diego Araujo, miembro de número de dicha academia y con quien reflexionamos sobre Borges.

¿Cuál fue su primer acercamiento a la obra del escritor argentino?

Fue cuando era un colegial. Borges no era casi leído ni conocido acá y se lo veía con prejuicios. Yo lo conocí en casa de un amigo mío, Vladimiro Rivas, adonde llegaba la revista Sur, de Victoria Ocampo. En el editorial del primer número de esa revista se mencionaba a Borges y la idea de que un escritor puede ser profundamente latinoamericano y universal. Un poco invocamos eso en la revista que fundamos con Vladimiro, Ágora, que duró apenas unos ocho números. Ese fue mi primer conocimiento de Borges.

Borges llegó al Ecuador en 1978, invitado por el Círculo de Lectores, ¿usted lo pudo conocer?

Sí. Cuando estuvo en Ecuador fue a la Universidad Católica y había un poco la polémica de que Borges había estado en Chile con Pinochet. Hay un ensayo interesante en la antología sobre la actitud política de Borges que da datos que no conocía. Él fue una persona profundamente antiperonista, que cuestionó el caudillismo del populismo. Incluso, con otras lecturas que yo tenía, sabía que la  la madre y su hermana estuvieron presas durante el peronismo. Borges es profundamente antifascista. En sus inicios sentía una admiración por la Revolución Rusa que le duró muy poco.

¿Cómo se manifestó esa polémica con los autores ecuatorianos?

Era un momento difícil, pues había unas izquierdas militantes ortodoxas. Algunas gentes repudiaban a Borges aquí mismo, pero con el paso del tiempo los criterios han cambiado. Recuerdo que su presencia fue tensa en los conversatorios. En los diálogos participó Ernesto Albán Gómez, un entusiasta conocedor de Borges y tuvo una intervención linda, pero en el caso de Pedro Jorge Vera  hubo momentos tensos, pues le  cuestionó su presencia cercana con la dictadura chilena.

Borges ha recibido tantas categorías que son innumerables, ¿con cuál se quedaría usted?

Hay algo que señala un colaborador y amigo muy cercano de Borges, Adolfo Bioy Casares, quien dice que su literatura es la literatura de una literatura y del pensamiento. Me gusta mucho esa afirmación. Los cuentos de Borges salen de los libros, de las bibliotecas, de autores reales e imaginados. Sale de filósofos como Schopenhauer o David Hume. Sale de escritores como Cervantes, Quevedo, Stefan Zweig, Joyce o Bernard Shaw.El debate teológico, la doctrina filosófica o la reflexión metafísica le sirven a Borges para urdir sus fantasías. Hay una intertextualidad que cruza toda su obra.

¿De qué autores latinoamericanos siente que se nutrió más?

De muchos, como Leopoldo Lugones. Borges era un admirador de la poesía gauchesca; él es profundamente argentino y universal. No es militante de una determinada filosofía, postura teológica o de alguna herejía, sino que aprovecha todos sus aspectos estéticos. Pero hay que decir que le atraen, sobre todo, figuras como la de los cuchilleros, los compadritos, las personas que se baten a duelos o los malévolos, esos aspectos que son tan argentinos.

A Borges se lo ha tildado de evasor de la realidad, ¿cómo siente esa apreciación hacia su obra?

Ha variado mucho esa apreciación. Hubo un momento de profundas inclinaciones  en la literatura  latinoamericana hacia el realismo, sobre todo del realismo social. Digamos que se tildaba a Borges de evasor y que le gustaba solo los juegos intelectuales, pero eso no es así, porque también la fantasía es parte de la realidad. La magia o los mitos son parte de la realidad.  Después hay escritores que han admirado tanto a Borges que han sido sus continuadores en la línea de la literatura fantástica, como Julio Cortázar.

Una novedad de la edición conmemorativa son los ensayos de Borges, opacados de alguna manera por su ficción...

Algo que impresiona en los ensayos de Borges es su cultura desmesurada, es un hombre de una inquietud intelectual inagotable. Pero también hay un Borges provocador, medio pendenciero. Hay un ensayo que escribe sobre Américo Castro, con una perspicacia crítica notable y con  ganas de dar una pelea intelectual. Borges es agudo, con mucho humor. Hay en él un hombre con una profunda ironía, es un humorista.

Junto con la obra de Borges también se publica la de Darío, ¿cómo se nutrió el autor argentino del nicaragüense?

Borges hace algunas referencias un poco zumbonas de Rubén Darío, a su libro Azul. Se burla un poco de ese poemario, de la palabra misma. Pero Borges bebió de las influencias del modernismo. Rubén Darío representa una gran revolución de la lengua poética y nadie fue insensible a eso. (O)

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