Sábado, 18 Marzo 2017 00:00 Cultura

Entrevista / rebeca lane / música, escritora y activista feminista guatemalteca

"Guatemala es un paraíso de la impunidad"

"Guatemala es un paraíso de  la impunidad"
Foto: Carina Acosta / El Telegrafo

La rapera dará hoy un concierto en el Festival Emputado. Es su segunda vez en el país y habló sobre el caso de las 40 niñas que murieron quemadas.

Fausto Rivera Yánez

Cuarenta niñas guatemaltecas murieron calcinadas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción el anterior 8 de marzo. Mientras mujeres de todo el mundo salían a las calles en esa fecha bajo la consigna de #Vivasnosqueremos, en el centro de menores ubicado en el municipio de San José Pinula los cuerpos muertos y heridos de las niñas eran trasladados hacia los hospitales más cercanos. Un día antes, 60 jóvenes  internadas allí se habían escapado del Hogar Seguro porque sufrían maltratos y violaciones.

“No fue el fuego, fue el Estado”, se convirtió en el primer lema que emergió luego de la tragedia, pues las jóvenes que se fugaron, al ser capturadas, fueron encerradas bajo llave con la vigilancia de agentes de la Policía Nacional Civil (PNC). Como protesta, ellas prendieron fuego a un colchón que desató un incendio. “Comenzamos a golpear la puerta para que nos abrieran y no nos abrían”, dijo una de las menores que logró sobrevivir. Los bomberos llegaron 40 minutos después.

La rapera, escritora y feminista guatemalteca Rebeca Lane se rompe en la palabra, en los ojos cuando recuerda a las niñas. Llegó al país el pasado miércoles para dar un concierto en el Festival Emputado de la Marcha de las Putas, que se realizará hoy en Quito desde las 16:00. En sus manos lleva tatuadas la forma en cómo verbaliza su rabia: hip-hop. Esta es la segunda vez que está en Ecuador. La primera fue hace 11 años, cuando estuvo en las calles de la capital protestando contra los Tratados de Libre Comercio.  

¿Cómo es vivir en Guatemala?

Guatemala es como una herida. Siento que lo que pasó con las niñas es solo consecuencia de un Estado feminicida, que viene siéndolo desde hace mucho tiempo, desde la guerra, desde el genocidio.  Es un Estado que  ha utilizado el cuerpo de las mujeres como una herramienta de guerra más, nos han puesto heridas en el cuerpo que son difícil de sanar.

Vivir en Guatemala no solo es aguantar el acoso callejero, es sentir que en cualquier momento te pueden quitar la vida y que ninguna institución va a funcionar para que se haga justicia, para que las mujeres que están creciendo alrededor tuyo estén bien.  
 
¿Fue el Estado el responsable?

Guatemala es un paraíso de la impunidad. Cualquiera tiene la posibilidad de hacer lo que sea sin sufrir consecuencias y eso es lo que ha pasado con las niñas. Se han juntado la negligencia, la indiferencia de un Estado hacia la niñez y la juventud con una PNC absolutamente deshumanizada. El presidente ha sido cínico en sus acciones y declaraciones. Los últimos testimonios que han podido ser recogidos de 4 niñas sobrevivientes indican que fue la PNC la responsable directa, en el sentido de que cuando hubo el incendio no las dejaron salir. Ellas no eran menores en conflicto con la ley, sino menores que ya habían sido abusadas en sus hogares, y que luego entran a estos hogares y son abusadas por los maestros, los monitores, por las personas de este hogar.

¿Cómo trabajas bajo esas circunstancias?

Yo ahora, físicamente, me siento mal, destrozada, porque cuando le pasa esto a una niña todos nos herimos. Cada vez es más difícil crear en el contexto de Guatemala. Sin embargo, ante esto, las mujeres estamos saliendo a las calles, estamos fortaleciendo nuestras demandas feministas. Y muchas mujeres que no se identifican plenamente con el feminismo por desconocimiento se están acercando porque ya ven que no es una exageración eso de que nos están matando. Siempre nos dicen que las feministas estamos exagerando, que no pasa nada, pero creo que esto (el caso de las niñas) ha sacudido las corporalidades de muchas mujeres.

¿Cómo vives el feminismo en Guatemala?

Creo que el contexto de Guatemala es hermoso ya que tenemos el referente del feminismo comunitario, que es un feminismo bastante sanador para nosotras. Buscamos una relación hacia nuestro erotismo desde la sanación. Ahora, digamos, el feminismo se ha abierto espacios. Es una palabra que se usa mucho, pero que se conoce poco.

¿Cuál crees que es el mayor prejuicio con el feminismo?

Las mujeres estamos enojadas, y en lugar de que la gente se cuestione por qué estamos enojadas, solo nos condenan y nos dicen que somos violentas, separatistas, que queremos meter a los hombres en campos de concentración. Y siento que eso tiene que ver con el hecho de que nosotras les estamos pidiendo, a los hombres sobre todo, que abandonen sus privilegios. En lugar de cuestionarte por qué estamos enojadas, por qué no le gusta a mi compañera que le digan ‘preciosa, mi amor’, nos responden violentamente. Siento eso de muchos hombres, pero también de muchas mujeres que por desconocimiento y por miedo es más fácil para ellas asumir la posición de complicidad en lugar de tratar de entender a las otras compañeras.

¿En la música también has vivido  prejuicios?

Las mujeres dentro del hip hop están haciendo algo muy valioso, primero porque rompen con todo su entorno familiar. En Centroamérica, en Sudamérica, también en México, las escenas hip hop están situadas en poblaciones con muchas carencias, desde afectivas hasta materiales. Así que el hip hop te da la posibilidad de sanar, de ocupar tu tiempo en algo sano, de expresarte, pero para las mujeres es mucho más difícil porque el hip-hop está estigmatizado, vinculado a las pandillas.

Ahora que participarás en la Marcha de las Putas y darás un concierto, ¿cómo te sientes al apropiarte de una palabra con la que se suele insultar a las mujeres?

Apropiarnos de los insultos nos ayuda a perderle el miedo a las palabras. Recuerdo que cuando era niña y adolescente, el mayor miedo que tenía era que alguien me dijera puta. Ese miedo a ser puta desde muy pequeñas limita tus acciones. Entonces, retomo la palabra para acabar con esos temores, para dejar de darle una connotación  negativa. Somos nosotras las que a través de apropiarnos de la palabra la sanamos, y sanamos a nuestras antepasadas también. Y apoyo la Marcha porque creo que el trabajo sexual debe ser dignificado. (I)  

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