El teatro latinoamericano trabaja y se reinventa con la realidad

- 02 de Septiembre de 2017 - 00:00
Santiago Roldós, Aníbal Páez, Patricio Vallejo, Juan Coba, Nixon García, Miguel Rubio y Nelda Castillo.
Foto: cortesía

El Fiartes reunió en un diálogo a los directores de siete grupos latinoamericanos que se sostienen en el tiempo. Cada uno intenta plantearse nuevos retos.

Si los extraterrestres llegaran a la Tierra a comprobar que existe vida humana la encontrarían tan solo en el teatro, en las artes escénicas. Jaime Gómez Triana maneja esta hipótesis a partir del lema que ha sostenido la vigésima edición del Festival Internacional de Artes Escénicas de Guayaquil (Fiartes): ‘Hacemos teatro, estamos vivos’. Para este crítico cubano, quien lideró un diálogo entre varios de los directores que se reencuentran en el festival, aquello los hace poseedores de una gran responsabilidad.

Estos directores latinoamericanos de teatro con larga trayectoria en la región se enfrentan desde sus trincheras, además de hacer teatro, a cuestionamientos contemporáneos que los llevan a reinventarse. Entre esto, tal vez lo principal sea la relación que tienen con lo visual  y espectadores tan cargados de experiencias solitarias e inmediatas.

El diálogo tuvo como punto de partida los modos en los que se sostienen en el tiempo el trabajo de Miguel Rubio, en Yuyachkani, con 46 años de trabajo; Nixon García con La Trinchera, que lleva ya más de 30 años haciendo teatro en una ciudad donde no existía; Arawa, que con una pata propia y otra de la Universidad de Guayaquil cumple casi 30 años; lo mismo con Patricio Vallejo y los 27 años que lleva de intentar no madurar con su grupo teatral Contraelviento; Nelda Castillo que está por cumplir 21 años de El Ciervo Encantado y los 16 de Muégano Teatro, presidido por Santiago Roldós.

Rubio se pregunta a sí mismo ¿Por qué vivir tanto tiempo? Para él, la única manera es creer que el pasado no es una mochila pesada y que termina convirtiéndose en nostalgia. Para Rubio ha sido esencial como grupo tener un ejercicio de pensamiento crítico, en el cual se establece un diálogo con el continente de manera crítica.

Yuyachkani nació con la idea de que, como grupo, podrían crear un teatro de su tiempo. Ahora Rubio se pregunta ¿quiénes somos nosotros para darle voz a los sin voz?  “Hoy nuestras obras tienen presencia diversa, traslados, memorias, repensamos la dramaturgia desde el cuerpo fragmentado, desde una insurgencia en el teatro latinoamericano, desde Perú, un país en duelo y en solidaridad con  70.000 muertos de un conflicto interno”.

Para Rubio, la dramaturgia de grupo ahora tiene que ver con los golpes que les ha dado la vida y con la manera en que, como actores, buscan un lugar de enunciación personal y cómo representarse en un mundo en el que la ficción está en crisis con el cambio de experiencias.

Nixon García se cuestiona sobre el lugar desde el cual partieron hace 30 años, en una ciudad como Manta, donde se confundía la idea de ir al teatro con ir al cine. La Trinchera no solo se fundó como grupo, sino que también instauró el Festival de Teatro de Manta.

“El teatro es un ideal al que seguimos esperando y que no llega como una razón concreta. Esa espera no es pasiva, es de búsqueda, es permanente, buscamos porque esperamos encontrar algo. Cuando pensamos que encontramos, volvemos a buscar, a abrir caminos y nos seguimos encontrando con ideales que son y no son”, dice García.

Para Patricio Vallejo, el quehacer teatral en sus inicios tenía que ver con la pregunta de la maduración ¿cuándo van a ser un grupo de teatro serio? “Llegué a una conclusión que es personal: la inmadurez es la necesidad de no mantenerse quieto. Ese es el territorio en el que nos tocó vivir, en un estado de rebelión contra la complacencia, contra las respuestas que ponen fin a la historia. Contraelviento ha transitado en un territorio ambiguo”, dice Vallejo. (I) 

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