El suizo Alberto Giacometti, entre la escultura y el arte existencial

- 27 de febrero de 2017 - 00:00
Alberto Giacometti es descendiente de una familia de refugiados protestantes que escapó de la Inquisición.
Crédito: Fundación Giacometti

Su trabajo, que se expondrá en la Tate Modern de Londres, aborda el existencialismo de posguerra, la soledad humana y la materialidad del objeto.

Celebrado como uno de los escultores, pintores y dibujantes más importantes del siglo XX y con una obra interesada en explorar principalmente temas como el existencialismo de posguerra, la soledad humana y la materialidad del objeto, Alberto Giacometti (1901-1966) vuelve a deslumbrar con su obra, en una amplia retrospectiva que abrirá el próximo mayo en la Tate Modern de Londres.

La amplia exposición, que sumará en total 250 obras, muchas de ellas pertenecientes a la Fundación Alberto y Annette Giacometti de París, busca poner a la par la importancia artística del genial creador suizo, con la de grandes artistas como Matisse, Picasso y Degas.

Incluye esculturas y dibujos nunca antes vistos, a la vez que narra la evolución que tuvo la carrera de Giacometti en el transcurso de 5 décadas, desde sus primeras obras como ‘Cabeza de mujer’ (Flora Mayo) de 1926, a sus icónicas esculturas elongadas de bronce como ‘Hombre caminando I’, de 1960. Se trata de la primera gran retrospectiva de Giacometti en el Reino Unido en más de 20 años y una de las más abarcadoras.

Nacido en Suiza en octubre de 1901 y descendiente de una familia de refugiados protestantes que escapó de la Inquisición, Giacometti se trasladó de joven a París en los años 20, donde rápidamente se involucró con los movimientos artísticos de la época, como el cubismo y el surrealismo, este último grupo al que se sumó en 1931.

En la capital francesa, el artista estudió con el escultor Antoine Bourdelle, un colega de Auguste Rodin. Fue durante ese período que Giacometti experimentó con las formas cubistas y surrealistas, y se hizo amigo de artistas como Joan Miró, Max Ernst, Pablo Picasso, Bror Hjorth y Balthus.

Entre 1936 y 1940, Giacometti se concentró en esculpir principalmente la cabeza humana, enfocándose en la mirada y los gestos faciales. Prefirió trabajar con modelos que conocía, como su hermana y la artista Isabel Rawsthorne.

De ese período surgieron obras como ‘Mujer con el cuello cortado’, de 1932, una de sus esculturas influenciadas por el surrealismo, y considerada como una de sus exploraciones artísticas más poderosas sobre la brutalidad y el sadismo.

La muestra de la Tate Modern incluirá algunas de las esculturas más grandes de Giacometti, y así como sus dibujos y publicaciones.

Otras obras de la exposición londinense, como ‘Sin título (Máscara)’, de 1934, demuestran el interés del artista por las artes decorativas, mientras que esculturas como ‘Hombre (Apollo), de 1929 y ‘Carro’ (1950), esta última considerada como un ícono del arte moderno, dan cuenta de su preocupación por el arte egipcio y africano.

La exposición revela de qué forma Giacometti, tal vez más que ningún otro artista de su época, logró incorporar lenguajes de la antigüedad y la era moderna, para echar abajo barreras entre las artes decorativas y las bellas artes.

Giacometti abandonó París en 1941 tras el avance de los nazis y se trasladó a Ginebra hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Después de haberse alejado del surrealismo, el artista se interesó cada vez más en aspectos de escala y perspectiva dentro de su obra, y comenzó a trabajar en esculturas mucho más pequeñas y realistas, como en ‘Figura muy pequeña’, de 1937-1939.

Tras el fin de la guerra y su regreso a París, Giacometti comenzó a crear una serie de figuras elongadas, por las que hoy es más conocido, y que dan cuenta de su profunda preocupación por la alienación y soledad del hombre moderno, especialmente en el período de posguerra en Europa.

La retrospectiva de la Tate incluye una selección de obras maestras, como ‘El hombre que apunta’, de 1947; ‘El hombre que cae’, de 1950, y ‘La mano’, de 1947, como también algunas de las pinturas más importantes de su carrera: ‘Diego sentado’, de 1948 y ‘Carolineen un vestido rojo’, de 1964-1965, inspirada en la última amante del creador.

Aunque Giacometti es reconocido principalmente por sus esculturas de bronce, la muestra londinense busca reposicionarlo como un creador con muchos más intereses en otras texturas y materiales, especialmente en yeso y arcilla.

La elasticidad y maleabilidad de estos materiales le permitieron a Giacometti trabajar de forma inventiva, retrabajando continuamente y experimentando para crear superficies con texturas nuevas.

Un gran número de estas obras en yeso, muy poco vistas por el público, se sumarán a la muestra, incluyendo ‘Mujer de Venecia’, de 1956, una de varias esculturas creadas especialmente por el artista para la Bienal de Venecia.

La exposición de la Tate Modern de Londres explora además la influencia en su obra que tuvieron varias personas muy cercanas a Giacometti, incluyendo su esposa Annette, su hermano Diego, y su última amante, la joven Caroline.

Las relaciones personales de Alberto Giacometti lo influenciaron de forma profunda durante su carrera, y ello puede verse en el hecho de que el artista utilizó a amigos, amantes y familiares como modelos para sus obras.

Una de las salas de la muestra será dedicada especialmente a los retratos que Giacometti realizó de Diego y Annette, que dan cuenta de la gran preocupación del artista por el rostro y la figura humana.

En sus últimos años de vida, las obras de Giacometti fueron expuestas en un gran número de museos en Europa, principalmente tras haber ganado en 1962 el gran premio de escultura de la Bienal de Venecia.

Tras una creciente popularidad internacional y a pesar de sus cada vez mayores problemas de salud, el artista viajó a EE.UU. en 1965 para la apertura de su exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde presentó más de 150 litografías. Un año más tarde, Giacometti falleció por problemas cardiacos en Suiza. (I)

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