Martes, 27 Septiembre 2016 00:00 Cultura

El grafiti, un medio para salir de la comodidad

Las intervenciones de HTM están motivadas por emociones, como el amor, la ilusión, la pasión y el odio. Esto se refleja en su último trabajo: Te odio, te amo.
Las intervenciones de HTM están motivadas por emociones, como el amor, la ilusión, la pasión y el odio. Esto se refleja en su último trabajo: Te odio, te amo. Foto: Carina Acosta / El Telégrafo

Juan Pablo Vallejo, alias HTM, será parte de Mapear no es habitar.

Redacción Cultura

‘Do your self’ (Hazlo tú mismo) es una idea proveniente de Inglaterra, de los años 60, que aboga por la autonomía del ser humano para no depender de ningún sistema. Guiado por ese concepto, el artista zarumeño radicado en Quito, Juan Pablo Vallejo, rebautizó su identidad y tomó las iniciales de esa frase para nombrarse como HTM.   

La calle es el principal soporte de su trabajo artístico y la asume como un canal de circulación de contenidos estéticos y visuales, en cuyas paredes imprime un discurso crítico hacia la sociedad. Todo arrancó cuando HTM viajó a Brasil, hace 8 años, y encontró varios contrastes, dos caras. Percibió una sociedad polarizada, “de ricos muy ricos y de pobres muy pobres”.

Como reacción a esas asimetrías sociales vio cómo varios jóvenes de las favelas desarrollaron un estilo de pintura denominado pichação, que es una forma de grafiti que utiliza una tipografía especializada o, como señala HTM, un garabato.

Quienes practican el pichação, mayormente habitantes de los guetos y de escasos recursos económicos, “se vengan del sistema tomándose las fachadas de los edificios más altos. Utilizan solo pintura de agua, pues no tienen dinero para acceder al spray. Una lata de spray cuesta lo mismo, o a veces más, que un galón de pintura y cubre el 10% de lo que abarca un galón. Utilizar la pintura de agua es un acto político para estos chicos. Cuando vi esto, y luego de viajar por Sudamérica, cambió mi forma de intervenir la calle”, dice HTM.

A su regreso al país, empezó a inscribir su nombre por toda la ciudad. Tiempo después, una chica con la que salía le recomendó estudiar e ingresó a la  Facultad de Artes de la Universidad Central, donde actualmente se  está licenciando. Sus viajes y su formación le han dado una idea más clara de lo que quiere plasmar donde habita.

“Me gusta la idea de intervenir la ciudad con estéticas que no sean complacientes. Siento que cuando haces un grafiti ilegal estás saliendo de la comodidad, de la hegemonía. Siento que pintar ilegalmente en la ciudad es evidenciar tu individualidad, evidenciar que no asumes lo cotidiano como la sociedad te lo exige. El arte tiene varios caminos, pero creo que obedece a dos motivaciones: complacer o tensionar. El arte puede volverse una situación decorativa,  accesoria, pero también puede tensionarte, sacudirte un poco e inducirte a la reflexión”.

HTM cree que la ciudad donde vive es un lugar que no está apropiado por su gente. Cada vez que sale a la calle la desordena y, al trastornarla, siente que está haciendo su tarea, además se considera un  buen ciudadano. Al frente de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, por ejemplo, hay una estructura de metal oxidada en la que aparece en letras blancas el nombre artístico de Vallejo y un dibujo de un pene atrapado dentro de un corazón. El artista ha tenido que lidiar con las normas municipales que restringen su práctica diaria. En una ocasión trataron de llevarlo preso por pintar la pared de una mujer que, previamente, le había autorizado a usar su fachada.  

“Cuando eso sucedió la señora casi llora, no entendían por qué querían llevarnos presos, y eso ocurrió por una ordenanza que limita nuestra actividad, que nos criminaliza, que nos exige pedir la copia de la cédula al propietario del inmueble para pintar la casa. Luego nos exigen llenar un formulario y con esos documentos, más un boceto y un fotomontaje del producto final, tenemos que acercarnos a las administraciones zonales. Ahí  hay un encargado cultural que, bajo su criterio, tiene que autorizar la pintada. Es ridículo todo eso”.

La ordenanza a la que se refiere HTM entró en vigencia hace 2 años y, a partir de ese entonces, él, junto con varios amigos artistas dejaron de pintar “grafitis bonitos, que gentrifican  y que a la gente le encanta, como los de la Floresta”.

La ordenanza tuvo el efecto contrario de lo que las autoridades esperaban, y HTM lo revela: “Fíjense cómo en estos 2 últimos años el grafiti ilegal se ha estimulado de una manera impresionante. Hoy por hoy la ciudad está más pintada. Nunca en la historia hubo tanto grafiti como ahora, y todo esto es gracias a esa ordenanza. Antes había como esta bonachonería por parte de los artistas de acomodar la ciudad, de dispensar un poco de visualidad. Pero ahora no, ahora nos ven como criminales y esto es una guerra”.

Algo que define el trabajo de HTM son los garabatos. Su forma de tensionar la ciudad es a través de dibujos inentendibles, que expresen su inconformidad ante una ciudad a la que define como necia y contradictoria. Su nivel de desazón llega a tal punto que, incluso, ha utilizado ácido como material de trabajo.

Uno de sus últimos proyectos fue la muestra Huellas, expuesta el mes anterior en el Museo de Acuarela y Dibujo Muñoz Mariño. Lo que se proponía era evidenciar que el ser humano siempre ha tenido una pulsión primaria por trascender a través de la impronta, la marca, la huella, el tag. Al respecto, pone un ejemplo: “Los periodistas se masturban la mente pensando que Eugenio Espejo fue el primer periodista, y yo lo veo a él como un chico que ahora llamaríamos geek, un man que se preocupó por tener un microscopio a los 15 años, un tipo muy autodidacta, era el ejemplo claro de ‘Hazlo tú mismo’. Él no esperaba, se esmeraba. Y, de hecho, fue uno de los primeros que intervino el Centro Histórico, se lo cagó todito cuando escribió ‘Al amparo de la cruz, sed libres’”.

HTM participará en el Cuarto Encuentro Iberoamericano de Arte, Trabajo y Economía (4eiate) denominado Mapear no es habitar, con el proyecto Te odio y te amo, el cual recoge fotos de intervenciones no artísticas hechas por autores anónimos en las calles del centro de Quito (especialmente en los barrios de San Roque, el Tejar y la Marín).

Te odio y te amo se resume en una autopublicación dividida en 5 capítulos: Ilusión, Idealización, Frustración, Desencanto y Esperanza. Lo que plantea el artista es colocar un espejo frente a la ciudad y decirle a sus habitantes que escriben en las paredes que ellos son “más grafiteros de lo que creen, y que aunque dibujen una frase de amor, eso también es ilegal. No somos tan diferentes”.

Finalmente, en el encuentro de novelistas se hizo evidente la crisis por la que atraviesa el campo de los estudios culturales. Este campo tan promisorio hace unos años atrás, se originó en Inglaterra cuando los intelectuales se vieron obligados a salir de su estrecho círculo, presionados por una sociedad cada vez mas letrada y politizada.

Muchos de los problemas planteados desde Inglaterra, con la mediación de intelectuales de Estados Unidos, encontraron eco en sociedades de Latinoamérica, donde los intelectuales siempre han estado cercanos a la política. La crisis de los estudios culturales pueden entenderse por el caos que se ha promovido en distintos departamentos de los Estados Unidos, pero hay que preguntarse si esta es razón para decretar su defunción.

El encuentro de novelistas demostró que muchos de los interrogantes que ahí se formularon no pueden responderse a partir de una vuelta a un canon puro de la literatura. Repensar la crisis y la vigencia de los estudios culturales desde el Sur, es quizá uno de los retos más fascinantes del futuro de la cultura en nuestros países. (I)

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