Lunes, 22 Mayo 2017 00:00 Cultura

Entrevista / Sergio Ramírez / escritor nicaragüense y y organizador de Centro América Cuenta

"El fenómeno de la lectura sigue siendo misterioso y exclusivo"

"El fenómeno de la lectura sigue siendo misterioso y exclusivo"
Foto: cortesía

El encuentro de narradores Centro América Cuenta, que reúne a 90 autores provenientes de 19 países, tiene en esta edición el emblema ‘Nosotros, los otros’.

Por Víctor Vimos, corresponsal en Lima

Desde 2012, y como iniciativa del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, el encuentro de narradores Centro América Cuenta propone un espacio de intersección entre diversas ideas y puntos de vista que tienen a la literatura como eje central de su interacción.

Este año, bajo el título ‘Nosotros, los otros’, la cita, que agrupará a cerca de 90 escritores provenientes de 19 países, se dispone a hablar sobre migración, diáspora y diversidad, temas relacionados con momentos de crisis contemporáneos en nuestra región.

Entre el 22 y el 26 de mayo, escritores como Leonardo Padura, Ángeles Mastretta, Jorge Volpi, Pablo Montoya, Daniel Alarcón, Carlos Franz, Rodrigo Rey Rosa, la ecuatoriana Sabrina Duque, entre otros, intercambiarán criterios en una serie de mesas de diálogo e interrelación con el público.

El encuentro, el más importante de Centroamérica, complementa su desarrollo con la entrega del Premio Carátula a un joven narrador centroamericano, así como con una serie de homenajes hacia los escritores franceses Albert Camus y André Malraux, y los centenarios de Juan Rulfo y Augusto Roa Bastos.

Sergio Ramírez, figura de la narrativa hispanoamericana y organizador de este evento, comparte con nosotros algunas reflexiones.

‘Nosotros los otros’, una frase que llama a la mirada del otro en un momento en el que este ejercicio, mirar al otro, sentirlo, respetarlo, está en crisis. ¿Qué puentes se pueden trazar frente a ese momento crítico y la narrativa?

La literatura es el mejor puente que puede existir para no rechazar la piel de los demás, no verlos desde lejos, no conformarnos con tratarlos con la intolerancia, sino hacer un verdadero traslado del otro hacia nosotros. Eso es lo que pretendemos. Cuando hablamos del otro hablamos de los migrantes, del extraño que no tiene el mismo color de nuestra piel, que no habla nuestro idioma; hablamos también de los que no tienen las mismas elecciones sexuales, quienes pertenecen a distintas minorías; creo que la literatura es el campo de debate crítico más importante que puede haber para exponer y pensar estos temas.

Centro América Cuenta es también un territorio de circulación de sentidos. Siendo la nuestra una región en la que esos sentidos no solo han estado en la palabra escrita sino, y a veces, sobre todo, en la oralidad, ¿cómo se puede abarcar esta discusión en la cita?

La literatura escrita es la que tiene mayores posibilidades de divulgación, respetando del otro lado lo que es la tradición oral, una fuente  de la literatura escrita. Parece que el gran problema aquí es provocar la circulación de los libros a través de los países de América Latina. No solo de los libros en papel sino que hoy tenemos esa bendición del libro electrónico que puede circular de manera más eficaz que los libros de papel. En cualquier ciudad de diez, cinco o dos mil habitantes se puede tener una biblioteca de 100 mil libros, una biblioteca electrónica.  Parece que esto depende de las mismas políticas públicas, pero también del poder promover la lectura.

El cuento o la novela proponen preguntas que inquietan lo contemporáneo. ¿Cómo mira usted esto frente al avance, cada vez más abrumador, de las imágenes y el lugar que estas ocupan en las relaciones sociales?

La imagen está amenazando a la literatura desde que se inventó la  fotografía, en el XIX. La gran pregunta fue para qué los escritores iban a hacer descripciones de paisajes, casas adentro y afuera, si la fotografía venía a comerlos. Pero la literatura  probó que seguía siendo insustituible en la manera de describir, luego vino el cine, la televisión,  hoy los juegos electrónicos, las imágenes que nos abruman, cualquiera que abre su teléfono celular tiene posibilidad de encontrar mil imágenes a la mano. Pero el fenómeno de la lectura sigue siendo misterioso y exclusivo: exclusivo entre dos personas, el que escribe y el que lee; el que escribe no escribe imágenes sino palabras, que son signos, y el que lee tiene que descifrarlos. En ese arco voltaico que se extiende entre quien escribe y quien lee está la magia de la literatura y esto no tiene sustituto.

Un homenaje a Juan Rulfo destaca entre los eventos de Centro América Cuenta. Al centenario de su nacimiento, ¿cómo su obra dialogo con la contemporaneidad?

Hay mil maneras de leer a Rulfo. La prueba más grande es que a 100 años de haber nacido sigue teniendo lectores, muchos de ellos críticos. La forma de asegurar la supervivencia de un escritor es leyéndolo de manera crítica. Cada generación hace su revisión de un escritor a través de la lectura, y eso es lo que constituye un clásico que va a ser leído por sucesivas generaciones. Eso ocurre con Rulfo. Igual sucede con Roa Bastos, quien también cumple 100 años. La propuesta de sus temas siempre está presente.

Como narrador, sin duda, usted es uno de los referentes de las letras hispánicas. ¿Cuál ha sido el motor que desde la narrativa, creación de por medio, lo ha llevado a sostener este evento –Centro América Cuenta- como epicentro de diálogo regional?

Tengo dos facetas. Mi faceta de escritor, que es íntima, pues uno escribe en la soledad, en la intimidad, se somete a una disciplina. Mi faceta de encanto por la literatura y porque esta sea un fenómeno cada vez más creciente en América Latina. Como escritor soy egoísta: no les presto mis temas a nadie, quisiera que nadie se diera cuenta para que nadie me pudiera robar un tema. Esto es muy natural en un escritor. Pero cuando me sitúo frente a los escritores más jóvenes que yo, ese egoísmo creador se transforma. Lo que quisiera es que hubiera mejores escritores que yo entre los más jóvenes, porque es una manera de darle salud a una literatura. Y que los jóvenes centroamericanos fueran publicados afuera. (I) 

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