Sábado, 15 Julio 2017 00:00 Cultura

Entrevista / marta sanz/ escritora

"El feminismo es un discurso corrector"

"El feminismo es un discurso corrector"
Foto: Alfredo Piedrahíta / El Telégrafo

Es ganadora del Premio Herralde de Novela, 2015, por su libro Farándula. Participó en el Festival Ileana Espinel.

Redacción Cultura

Marta Sanz (Madrid, 1967) escribió Clavícula en la menopausia. Si El frío, su primer libro, fue para salvarse de “un amor de mierda”, este, el último que ha publicado, lo realizó con la idea de que tal vez le dejaría de doler la clavícula, como una de las consecuencias de esa etapa de ser mujer.

“Es una historia autobiográfica —dice Sanz— que intenta aproximarse al lenguaje de una manera no estética, porque normalmente cuando hablamos de lenguaje, o de ficciones, lo asociamos al juego, a la mentira, a la malversación, a lo que no es real”.

Para la autora, Clavícula es un  intento por escribir una novela donde el lenguaje se convierte en el depósito de la posibilidad de la verdad, o de la autenticidad. Así lo dijo durante la charla ‘La vida, la literatura y los libros’, en la Universidad Politécnica Salesiana, en el marco del Festival Internacional de Poesía Ileana Espinel, en Guayaquil.

Como lectora y escritora mantiene la misma postura: la necesidad de cuestionar. Sanz considera un hito en la narrativa contemporánea la novela En un mundo deslumbrante, de la estadounidense Siri Hustvedt, y cree que es “la gran novela feminista”. En esta obra, la protagonista Harriet Burden, desde la experiencia de su viudez y la reconstrucción de una infancia y adolescencia marcadas por un padre dominante, trabaja en el mundo del arte y juega una impostura que evidencia la desventaja de las mujeres frente a los varones.

¿Cómo afronta desde su obra la idea del feminismo en la actualidad?

Considero que el feminismo no está saldado ni en los países más progresistas del mundo. Mientras la gente siga creyendo que el feminismo es lo contrario del machismo, yo seguiré escribiendo novelas feministas porque para mí el machismo es una enfermedad, es una lacra, es la consecuencia de muchos siglos de mirada patriarcal sobre la realidad.

El feminismo, en cambio, es un discurso corrector.

Equiparar las dos cosas me parece aberrante y justifica que se puedan seguir escribiendo novelas feministas  desde un punto de vista cultural, social, literario y político.

Pero desde la literatura, esa postura es particular. ¿Cuál es su marco?

Creo que cada uno escribe desde donde es, desde sus condiciones, desde lo que llama una poeta estadounidense “las geografías de nuestra escritura”.

Yo escribo desde mi condición de mujer, perteneciente a una familia española de condición proletaria. Escribo desde mi condición de persona que tiene estudios superiores, desde mi heterosexualidad. Escribo desde la circunstancia que llevo 30 años casada con el mismo señor, que soy habitante de Madrid y de un país del primer mundo. Todos esos temas se reflejan en el modo en que tengo de escribir y que aunque quisiera, probablemente no podría desprenderme de esas cosas porque todas esas cosas soy yo e, incluso, cuando estoy usando máscaras como hago en Farándula (el libro ganador del Premio Herralde 2015), yo me estoy desnudando.

¿Cuál es su forma de abordar el feminismo? Hoy hay luchas que la gente menosprecia, como diferenciar el género con “las y los”.

Para mí el feminismo es lograr que la diferencia que tenemos los hombres de las mujeres no se convierta en una desventaja sistemática para las mujeres. Ni en el ámbito íntimo, ni en el de la familia, ni en el espacio público. Esto significa que, por el hecho de que yo sea mujer, no se me asignen roles determinados en el hogar o en el ámbito de lo público.

Basada En un mundo deslumbrante, usted reconoce la dificultad en la construcción de la identidad de las mujeres en el mundo cultural, artístico y literario. ¿Cómo llegó a ser consciente de esta dificultad?

Lo noté tarde porque durante muchos años fui muy ingenua. Pensé que después de la muerte del dictador Franco se habían conseguido libertades y, entre ellas, los derechos de las mujeres. Luego me di cuenta de que no fue así. Otra cosa es que pensamos que la literatura es un campo privilegiado, un mundo aparte, donde la gente es más sensata, es más inteligente y no comete los mismos errores que los otros seres humanos. Si vivimos en sociedades machistas, la literatura o los modos de relación en el campo cultural también son machistas. De esto me di cuenta cuando la crítica te trata con diferencia, o juzga los libros de las mujeres con unos parámetros diferentes a los que utiliza para juzgar los libros de los hombres, como cuando hablan bien de la construcción de personajes femeninos de los hombres. Sin embargo, cuestionan la construcción de personajes masculinos hechos por mujeres. La escritora española Carmen Martín Gaite fue la primera ganadora del Premio Nadal en España. A ella, los periodistas le preguntaban si quería más a sus libros que a sus hijos. Esa es una pregunta que jamás le hubieran hecho a un escritor varón.  (I)

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