Jueves, 24 Noviembre 2016 00:00 Cultura

El español se vuelve un idioma de trinchera

La escritora mexicana recientemente alcanzó el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco.
La escritora mexicana recientemente alcanzó el Premio Excelencia en las Letras José Emilio Pacheco. Foto: cortesía

Cristina Rivera Garza no cambió su lengua de escritura. Tras el triunfo de Donald Trump cree que es necesario persistir.

Redacción Cultura

La noche de las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, la escritora Cristina Rivera Garza   estaba atónita tras ver en Second War, el barrio mexicano de más tradición en Houston, Texas, cómo la tendencia anunciada en la que la candidata demócrata Hillary Clinton ganaría frente “al cinismo anti-migrante” que predicaba Donald Trump se revirtió.

La brecha de la demócrata frente al republicano se hizo cada vez más grande mientras pasaban las horas. Cuando vio que Trump ganó en Michigan, donde existía una tendencia demócrata, y luego en Pensilvania y en Wisconsin, apagó el televisor. “Ya lo perdimos”, se dijo a sí misma y lo repitió en el conversatorio ‘La escritura de frontera’, en Guayaquil, durante la realización de Interactos. “Ha sido una semana difícil”, señaló  Bradley Hilghert, un profesor de la Universidad de las Artes que llegó desde Estados Unidos. Él tiene una esposa y un hijo guayaquileño. “Me ha costado llamar a casa porque siento que mis padres votaron en contra de mi familia”.

Cuando Rivera Garza se levantó en la mañana del 9 de noviembre su  barrio estaba en silencio y pensó que todo pudo ser un sueño. “Nosotros que somos tan ruidosos habíamos reaccionado con el silencio”, dijo la autora en Guayaquil.

Sus compañeros de trabajo compartían el espanto en la Universidad de Houston, donde existe el único programa de PhD de Estados Unidos en español, con especialización en escritura creativa. Desde su oficina, Cristina pensó que el programa en español que dirige, que antes trató de instaurarlo en otra universidad sin éxito, ahora estaría en la mira del nuevo presidente de EE.UU.

“¿Y si mejor nos vamos?”, le preguntó su hijo. Ella, con firmeza, le contestó que no. “Este es nuestro país desde, al menos, tres generaciones atrás”. Sin embargo, en Guayaquil, Cristina se dio cuenta de que  al menos hay cuatro generaciones de su familia que dejaron su trabajo en Estados Unidos. Ella misma, además de lo que escuchó de sus allegados en la infancia, se enfrentó con documentos históricos que ratificaban sus cifras. “Nosotros no estamos de visita en Estados Unidos, es nuestro país”, repitió la autora de Los muertos indóciles y ganadora del Premio José Emilio Pacheco.

Los 27 años que lleva viviendo y trabajando en Estados Unidos le han permitido ver cómo el español se reduce a un idioma de trabajo y cómo, para descendientes de países latinoamericanos, es casi un tabú hablarlo y asumirlo como propio.

El último año, por ejemplo, varios latinos que residen en California aceptaron su bilingüismo como parte de las reformas que se votaron en las elecciones: derrocar la proposición 227, que prohibió la educación bilingüe en 1998. “El español fue para muchos un estigma a pesar de su origen”, explicó Rivera Garza.

Su espacio de trabajo ha sido la escritura en español desde que aprendió el idioma. Que sea así -aseveró- no ha sido parte de una decisión ideológica o principista. “Justo ahora cuando estas cosas entran en la mira de ataque va a ser mucho más importante insistir: publicando libros, distribuyendo escritos en tantos medios que tengamos a disposición para seguir teniendo una presencia del español, no solo como una lengua de trabajo, sino como una lengua de reflexión, de creación y producción artística”.

La autora mexicana consideró a la escritura su trinchera. “Sé que hay muchas maneras de sobrevivir en Estados Unidos, pero creo que articular todos nuestros procesos creativos con una visión crítica del estado de las cosas es ahora no solo una posibilidad, sino una tarea bastante urgente”.

Cree en el español como herramienta de construcción. Está consciente de que el idioma, mientras está en Latinoamérica, es defendido por un Estado, por un ejército, pero una vez que está afuera, que cruza la frontera, su posición cambia y -como las lenguas indígenas de los países del sur- vive sin ejército, sin Estado. Cree que por eso es importante seguir escribiendo en español desde Estados Unidos.

“¿Por qué siendo mexicana no se quedó en su país para fortalecer el acervo cultural?”, le preguntó una señora durante su intervención. “No es que sienta que he dejado un país por otro porque tengo una relación muy dinámica con México. No lo veo como una bifurcación, como algo que pueda dividir en dos. Eso nos han enseñado las comunidades migrantes, que su territorio es ampliado”, acotó Rivera Garza. (I)

Datos

Cristina Rivera Garza nació en la frontera noreste de México (Matamoros, 1964). Se graduó en la UNAM en Sociología y obtuvo un doctorado en Historia Latinoamericana por la Universidad de Houston.

Ha obtenido destacados reconocimientos, como el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 1997, el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2001, el Premio Nacional de Cuento Juan Vicente Melo 2001, Premio Juan Rulfo 1994, el Premio Internacional Anna Seghers 2005, entre otros.  

Entre sus obras destacan las novelas Nadie me verá llorar, Ningún reloj cuenta esto, La cresta de Ilión, Lo anterior, La muerte me da y Verde Shanghái.

Fue profesora de Escritura Creativa en el Departamento de Literatura de la Universidad de California en San Diego.

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