Viernes, 07 Octubre 2016 00:00 Cultura

El caminar, un detonante para recuperar el espacio y el cuerpo

El mapeo desplegado por Alex Schlenker a lo largo del territorio articula una serie de estrategias que parte del acto (político) de caminar el barrio La Floresta.
El mapeo desplegado por Alex Schlenker a lo largo del territorio articula una serie de estrategias que parte del acto (político) de caminar el barrio La Floresta. Foto: Marco Salgado / El Telégrafo

El académico y artista visual Alex Schlenker recorrió las calles del barrio La Floresta y registró sus transformaciones en el proyecto Espacio Cero.

Redacción Cultura

Alex Schlenker se define, ante todo, como un artista visual y sus proyectos obedecen a impulsos. Su obra no parte de postulados racionales, sino de llamados que por lo general suelen ser corporales, como el acto de caminar. Schlenker recupera toda una tradición de reflexiones sobre los viandantes que van desde los flâneurs (paseantes; término popularizado por Walter Benjamin), la deambulación azarosa de los surrealistas, hasta lo que el filósofo francés Guy Debord definió como la Psicogeografía, es decir, el ejercicio metódico de caminar  en la ciudad en busca de nuevas experiencias y expresiones de descripción.

“En los 90 caminar se volvió una estrategia artística que dialogaba con lo etnográfico, pero sobre todo con la corporalidad”, dice Alex, autor del proyecto Espacio Cero, que será parte del IV Encuentro Iberoamericano de Arte, Trabajo y Economía ‘Mapear no es habitar’. Esta propuesta implica recorrer el barrio de La Floresta y generar una serie de mapeos corporales, gráficos, audiovisuales u orales sobre un sector en permanente tensión por la modernización de la ciudad.  

Espacio Cero es un proyecto que contiene varios acápites y uno de ellos es Caminar La Floresta. Este trabajo empezó en 2007, cuando Alex hizo un documental para el Comité Promejoras de La Floresta (organización de vecinos con un fuerte activismo barrial, de corte político), en el que entrevistó a varios de sus habitantes y, producto de las conversaciones, se detectaron tres vectores a los que aún está sometido el barrio: el crecimiento inmobiliario que promueve un  modelo habitacional vertical, con ausencia de espacios verdes y de encuentro común; la tendencia, hace 10 o 15 años, de la ‘mariscalización de La Floresta, con el ingreso desbordado de bares o cafés; y la tensión con el sector oficial, municipal, que ha visto al barrio como una zona de tránsito vehicular.

“El tráfico vehicular se ha quintuplicado. Antes te sentabas en el café del Ochoymedio a tomarte algo y pasaba un carro cada minuto, ahora son 20, 30 por el mismo período de tiempo. Estos tres vectores son relativamente invisibles, porque un día aparece un café, al siguiente otro y arranca un proceso de gentrificación que ya no se puede controlar”, reflexiona Alex, quien se preocupó por estas dinámicas en La Floresta dado que era un barrio cercano su espacio cotidiano: los tres centros de estudios donde labora están alrededor y dentro de esta zona.

En 2010, Alex decidió mudarse a La Floresta e inició su estrategia de recorrer y reconocer las calles; conversar con los vecinos; recolectar objetos; y, sobre todo, empezar a cuestionarse por lo que veía. “Tú dices: ahí hay una pared de adobe, y más atrás hay una de concreto, entonces ahí había una casa antigua que la derrocaron, ¿por qué?”.

Con estos desplazamientos, Alex generó un archivo que denomina intuitivo, cuyo único detonante era  el impulso corporal. Luego, en la segunda etapa, empezó a organizar todo lo que registraba gracias a una beca de investigación fotográfica del Instituto de la Ciudad, concedida hace tres años. Con este apoyo sistematizó sus recorridos e implementó una línea de trabajo a través de retratos a los vecinos.

Empezó a identificar quiénes eran los habitantes originales del barrio y este ejercicio lo ubicó en la época en que La Floresta fue una hacienda de María Augusta Urrutia.  Muchos terrenos pasaron a manos de los trabajadores de la hacienda (campesinos, indígenas y afros), quienes vivían en casas de adobe. Pero también, a pocas cuadras, se instalaron familias de alta alcurnia con casas que las usaban para los fines de semana. La señora más antigua que localizó fue Carmen María Simbaña, quien llegó hace 80 años, cuando tenía cinco.

Los recorridos de Alex, además,  generan una serie de mapas acompañados de un archivo de secuencias fílmicas o piezas gráficas, que registran la pérdida de oficios y de economías locales en el barrio. Es un trabajo en el que el caminar es, ante todo, un acto político. (I)

Datos

Alex Schlenker es realizador y experimentador audiovisual, escritor y traductor. También es máster y doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos.

Realizó los filmes El Duelo (2005), Chigualeros (2009), Distante cercanía (2013), Dióptero (2014) y Espacios Cer0 (2015). También ha publicado los libros Se busca (ensayo), Borderlight (fotografía) y Trascamara (ensayo).

Se desempeña como docente e investigador en el campo de las visualidades, los estudios culturales, el cine, las artes visuales y la literatura.

Participará en ‘Mapear no es habitar’, que se realiza en el marco del IV Encuentro Iberoamericano de Arte, Trabajo y Economía 2016, organizado por Arte Actual, de Flacso. Este encuentro pretende ser una plataforma ciudadana de diálogo frente a la agenda oficial de Hábitat III. (I)

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