Viernes, 14 Octubre 2016 00:00 Cultura

El arte contemporáneo local está en fragmentos

En la muestra hay secciones dedicadas a la escultura, al tema urbano, a las musas, a lo geométrico.
En la muestra hay secciones dedicadas a la escultura, al tema urbano, a las musas, a lo geométrico. Fotos: Lylibeth Coloma / El Telégrafo

El proyecto Guayaquil Arte recoge archivos y trabaja una línea de tiempo de este tipo de producción en la ciudad.

Redacción Cultura

María Solange del Pozo, Irina Patiño, Ana Rivera, Jorge Egas y Danitza Ycaza debían darle continuidad al proyecto Guayaquil Arte, un trabajo que nació en 2015 como un intento por registrar la historia del arte contemporáneo en la ciudad.

Para hacerlo se aventuraron a la búsqueda de archivos en el Centro Cultural Simón Bolívar, que alguna vez se llamó Museo Antropológico y de Arte  Contemporáneo. Entre carpetas amontonadas en cajones hallaron solo una parte de la historia.

El relato, aún escrito a breves rasgos en notas de prensa en caché, archivos guardados y en uno que otro blog, inicia en 1982. Ese año miembros de lo que fue La Artefactoría presentan una muestra en el Hotel Oro Verde.

Tras eso, el historiador de arte Juan Castro y Velásquez reúne a graduados del Colegio Bellas Artes, cuyos trabajos estéticos se distanciaban de su tiempo. Entre ellos están Xavier Patiño, Flavio Álava, Marcos Restrepo y Jorge Velarde. Al grupo se suman Marco Alvarado y Paco Cuesta.

Su aglutinación se produce casi por inercia, cuando no se identificaban con ningún estilo vigente en su medio. No eran modernos, ni abstractos, estaban experimentando. Su trabajo intervino el espacio público, como pasó con la Bienal de Cuenca. Marco Alvarado con el stencil ‘Arte no es pintura’, Xavier Patiño con unas tarjetas de presentación bajo la consigna ‘Arte no es moda’ y Marcos Restrepo con la obra ‘Levantamiento de cadáveres’.

Encontrar los archivos sobre la historia del arte en aquel repositorio fue —dicen las gestoras de este proyecto— buscar entre el orden y el desorden, entre las fichas de artistas con carpetas repletas de datos y otras que estaban ausentes, como es el caso de Marcos Restrepo, o con el trabajo que hizo en los 90 el grupo de arquitectos disidentes que formaron el colectivo Zuákata.

En este caso, la labor grupal de Xavier Blum Pinto, Allan Jeffs, Manuel Cevallos Oganov, Larisa Cevallos y Ricardo Bohórquez carece de archivos. Las intervenciones que hicieron por un año y medio —tiempo que duró su colectivo— en una casa en Urdesa, a modo de serie bajo los nombres Invadumbre 1 e Invadumbre 2, carecen de registros públicos.

A pesar de que los actores de esta historia están vivos y continúan su trabajo, no todos guardan registros de lo que hacen.

Paco Cuesta, por ejemplo, reconocido como uno de los pioneros del videoarte en Ecuador, vio cómo varios de sus archivos prendieron chispa movidos por el calor de la ciudad. El trabajo de Cuesta, de acuerdo al ensayo ‘Ecuador: improntas mediales desde el no-lugar’, de María Belén Moncayo aparece como pionero cuando, como parte del grupo Artefactoría monta, en 1982, la  cine-instalación Adán y Eva en el Paraíso  de  Judith  Gutiérrez. En otros trabajos de fotografía como en la historia de la ciudad, el círculo se repite: el trabajo gráfico de arte contemporáneo subsiste en cenizas. Cuando el historiador de arte Rodolfo Kronfle publica HISTORIA(S), contextualizando distintos casos de arte contemporáneo en el país, entre 1998 y 2009, dice —a modo de introducción— que “la historia del arte contemporáneo del Ecuador se ha escrito, por desgracia, solo en catálogos. A lo mucho podríamos hablar también de páginas salpicadas en internet y de algunos ensayos publicados que excepcionalmente se plantean objetivos analíticos ambiciosos”.

Para Kronfle “este conjunto de información dispersa y de difícil acceso, generado cuando se puede y al vaivén de las restricciones impuestas por nuestras eternas carencias, está obviamente desprovisto de sistematización alguna. Su repaso como bibliografía tampoco permitiría al neófito elaborar, de forma clara, las abstracciones que sean capaces de otorgar algún sentido como cuerpo, como fenómeno cultural, a la producción de los años recientes en el país”. La propuesta que deben continuar los alumnos de distintas carreras de la Universidad Casa Grande es solo uno de los intentos por guardar un registro.  

En los últimos años, tras el cierre del portal de Kronfle, que registraba varios sucesos de la escena, han aparecido blogs como Paralaje, editado por la historiadora de arte Ana Rosa Valdez, o La Selecta en Quito.

Julio César Abad Vidal, Ph. D., Proyecto Prometeo, publicó durante su estadía en Ecuador 4 tomos sobre el arte contemporáneo en el país, que como hizo Kronfle, recoge varias escenas y su contexto, pero nunca su totalidad, que tal vez sea inabarcable. (I)

Datos

Como parte de la presentación del  proyecto se trabajó en la muestra Tránsito 82/16. A través de esta se convocó a 87 artistas que desde 1980 producen arte en la ciudad.

A la muestra solo llegan 61 obras, que se exponen durante esta semana en la Galería DPM, uno de los puntales en la historia de arte contemporáneo local.

Estas, en su mayoría, tienen un formato de 20 x 20 centímetros e integrarán una colección de arte de la Universidad Casa Grande.  

La muestra no tiene un orden cronológico sobre la aparición de los artistas en el tiempo histórico, sino que trabaja con coincidencias. De acuerdo a René
Ponce, curador de la muestra, se aglutina en secciones de acuerdo a los rasgos característicos que se evidencian entre una y otra obra, indistintamente de su período de producción.

  

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