Lunes, 14 Noviembre 2016 00:00 Cultura

Ruby Larrea y Abdón Ubidia son los autores

Dos peatones de Quito retratan la ciudad en un libro ilustrado

Desde el dibujo a lápiz y la literatura, la mirada de Abdón Ubidia y Ruby Larrea se conjuga “para dar una visión cabal del Quito perdeurable”.
Desde el dibujo a lápiz y la literatura, la mirada de Abdón Ubidia y Ruby Larrea se conjuga “para dar una visión cabal del Quito perdeurable”. Fragmentos del libro.

Quito. Una ciudad, dos miradas fue publicado por el sello Kvierníkolas.

Redacción Cultura

El segundo título de la editorial Kvierníkolas es Quito. Una ciudad, dos miradas, libro ilustrado en cuya escritura-dibujo se emplearon cuatro manos: las del escritor Abdón Ubidia y la pintura de Ruby Larrea.

El trayecto histórico que recorre el texto va desde la década de los sesenta hasta la actualidad y, según el escritor y periodista Kintto Lucas, “es un libro de la memoria y su recuperación constante, asistida por las experiencias” de los autores. “Ruby busca la contundencia, aquello que perdura: las iglesias, los grandes edificios en el tiempo. Abdón busca cosas que se escapan: las costumbres, reflexiones, historias y momentos determinados”.

La primera exposición pictórica de Ruby Larrea fue en 1980, en el Museo Guayasamín y se tituló Una ciudad una mirada. Entonces, Oswaldo Guayasamín (1919-1999) describió su obra: “Dibujos de pasión contenida, nacidos entre la niebla suave y transparente en la rigidez de las estructuras arquitectónicas. Dibujos de Ruby, limpios, nítidos, femeninos”.

La noche de la presentación del libro, en la sala Benjamín Carrión, de la Casa de la Cultura —el pasado 8 de noviembre—, Larrea contó que mientras estudiaba en la Escuela de Bellas Artes y, luego, en la Facultad de Artes de la Universidad Central, “solía recorrer las calles de Quito tomando apuntes de sus templos, tejados, ventanas y portones que transitaban sus habitantes”.

El acuarelista Oswaldo Muñoz Mariño (1923-2016) también fue testigo de su obra, “me alentó a seguir en mi trabajo y seguí su consejo utilizando nada más que lápiz”, recordó Larrea, cultora de una técnica en que la niebla se presenta —de forma figurativa y abstracta—, como una sombra, sobre sus trazos. Trazos cuyos bocetos empezaron a aparecer en su niñez, un día de los cuales empezó a pasear su lápiz por las paredes de su casa, llegando incluso a un biombo de bailarinas españolas que a su padre le provocó una reacción más tierna que sancionadora: al ver los rayones la llamó “mi Mideros”.

¿Cómo reivindicar la neblina en esta ciudad y del diablo?, le preguntó Lucas a la dibujante. Ruby respondió que su intención era mágica: quitarle la rudeza, la bruma a la arquitectura, sobre todo del Centro Histórico, que retrata.

Un narrador de la ciudad

Novelas, artículos publicados y algunos textos inéditos son la fuente de Abdón Ubidia en esta publicación. El autor de Ciudad de invierno —una novela situada en la capital, que se ha editado 22 veces— dijo que en sus textos, acerca de la ciudad, ha tratado de ser hiperrealista e, incluso, costumbrista.

“Mis utopías, al respecto de mi entrañable ciudad, parten de la marca de Quito como lugar del zigzag, de las crispaciones, ligada a su paisaje de una forma casi arbitraria, escandalosamente loca”, dijo Ubidia, para quien el entorno capitalino devela un “odio a las plantas” que genera costumbres abominables (como el desbroce de lomas y parques) y que debería evitarse.

¿Qué imaginaste desde el punto de vista de la gente, cuál fue la utopía humana de los quiteños que no odiamos, que no nos comunicamos, que imaginaste?, le preguntó, con tono socarrón, el poeta cuencano Luis Corral al escritor. Abdón respondió que tiene en mente a una sociedad que sea justa, “hermosa en la medida en que nos proporcione tiempo libre, la posibilidad de la creación... esos viejos sueño que nos alimentaron en nuestra juventud y nos siguen alimentando ahora”.

Con su lápiz, Ruby Larrea le da continuidad a su mirada sobre Quito a través de esta publicación. Con su pluma, Abdón Ubidia desentraña las postales al igual que en sus libros Sueño de Lobos, La Madriguera y un puñado de novelas futuristas. (I)

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