Chenche construye extrañado por la ruina

- 28 de febrero de 2017 - 00:00
Dan Cameron considera que la relación del autor con el dibujo parece un caso de horror vacui.
FOTO: BIENAL DE CUENCA

El artista es el ganador del Premio París. Dice que con un trazo puede crear un universo de imágenes que no necesariamente se logran con la pintura. Viajará a Francia para desarrollar un proyecto.

Luis Alberto Chenche (Guayaquil, 1988) tiene como fuente de su trabajo la ruina. Utiliza el estado permanente de construcción y de deconstrucción de una ciudad a la que le ha costado preservar su arquitectura. En su primera época, Guayaquil, construida en madera, vivía asolada por incendios. Con la llegada de la modernidad sus estructuras de modelos híbridos —entre europeos y árabes— en hormigón fueron reemplazados por nuevos estilos de construcción.  

Chenche recorre la ciudad y rescata aquello que de manera fortuita encuentra antes de ser derribado. Lo documenta, fotografía y procesa. Más que belleza —palabra que confiesa le genera un conflicto— en la ruina encuentra una suerte de extrañamiento que se vuelve inquietante por su constitución caótica.

Para Chenche abordar la ruina es percatarse de detalles que están en segundo plano. Ve en su caos un universo por explorar, un espacio deshecho, aunque no tenga ninguna función utilitaria.

En su trabajo abundan los dibujos, como en Territorios agotados, una serie de cuadros montados en las paredes agrietadas por el tiempo de la Casa de los Arcos, en lo que fue la XIII Bienal de Cuenca. Acompaña aquellos trazos en los grises del grafito de una emulación de estudios topográficos que aparecen en relieve como la superficie de todo.

“Estudiar esta ruina que no te conduce a nada, pero que te hace parte de un mapa, te da un lugar en el permanente cambio de construcciones y deconstrucciones”, dice. El caos que representa es un reflejo de los idealismos del proceso de construir derribando el pasado.

Chenche dice que con un trazo o una línea puede crear un universo de imágenes que no necesariamente se logran con la pintura, donde siempre se le aparecen como referentes inmediatos modelos del modernismo.

“La relación de Luis Chenche con el dibujo a veces puede parecer un caso de horror vacui en su ejecución, donde hasta los espacios recónditos de sus obras más grandes han sido elaborados detalladamente durante muchas horas de aplicación”, dice Dan Cameron, curador de la Bienal de Cuenca, sobre su obra.

Cameron atribuye esta lógica a la preferencia del artista por rincones insignificantes de la realidad como su objeto y convertirlos en una escala de aproximadamente tres cuartos que invitan a un escrutinio en primer plano.

La obra que presentó en la Bienal lo convirtió en el último ganador del Premio París, entregado desde 1971 por la Embajada de Francia en Ecuador, a través de las Alianzas Francesas de Quito y de Cuenca y el Instituto Francés de París a un joven talento de las artes plásticas.

Acoplar sus Territorios agotados a las grietas que tiene la Casa de los Arcos en sus paredes interiores perpetúa la condición de la ruina. “Debido a su interés por las superficies y las texturas, la Casa de los Arcos se constituye en el sitio ideal para su intensa instalación de dibujo donde la preeminencia arquitectónica del cubo blanco ha sido reemplazada por una abundante evidencia del gradual deterioro de este emblemático edificio a lo largo del tiempo. Nuestros ojos se desplazan fácilmente desde las frágiles superficies de las paredes hasta la intimidad de los dibujos de Chenche, y luego regresan”, señala Cameron en el texto curatorial. Su autor dice que el hecho de montar la obra en este lugar fue una casualidad, pero reconoce que la ruina, en cierto modo, presente en las paredes emula de cierta forma los rasgos de sus cuadros y “devoran la imagen”.

En la última Bienal de Cuenca el reconocimiento entregado por la Embajada de Francia se convirtió en el único premio, al reemplazar los entregados por la organización por temas honoríficos.

En julio, Chenche viajará a Francia para su residencia. El galardón ha servido para la producción de artistas como Adrián Balseca, quien lo recibió en la edición XII de la Bienal. En 2004, La Limpia se hizo acreedora al galardón.

De acuerdo con Ricardo Coello, uno de los exmiembros de la agrupación, “el premio debió ser una residencia artística para uno de los integrantes del colectivo en París durante un mes. Al ser 8, se decidió de forma codiciosa, desaprovechar esa oportunidad y hacer el premio efectivo, dinero que fue distribuido entre los miembros según el aporte de cada uno a la obra”. Con el dinero costearon un viaje a la bienal de La Habana entre 3 de los integrantes. (I)

Datos

El Premio París se creó en Quito (1971) por la Embajada de Francia en Ecuador. Actualmente se otorga por las Alianzas Francesas de Quito y de Cuenca y por el Instituto Francés de París.

El reconocimiento se entrega a un joven talento del ámbito de las artes plásticas de Ecuador. Desde hace varios años se otorga este premio durante la Bienal Internacional de Cuenca.

Los 2 últimos ganadores son Adrián Balseca, en 2014 y Luis Chenche, en 2016. Es la sexta vez que las Alianzas Francesas de Ecuador participan en la Bienal de Cuenca en el marco del Premio de París.

Desde su creación figuran entre los ganadores Nelson Román (1973), Édgar Carrasco (1976), María Gloria Andrade (1986) y Nixon Córdova (1996).

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