'Bolaño trajo una nueva ética-estética literaria'

- 25 de enero de 2017 - 00:00
Roberto Bolaño es un escritor cuya fama se acrecentó después de su muerte, acaecida en España, en 2003.
Foto: Archivo / El Telégrafo

David Guzmán publica Detectives en la vanguardia, un texto de aproximación al célebre autor chileno.

Roberto Bolaño (1953-2003) da la impresión de ser un escritor inacabado, del que se ha escrito mucho y se seguirá escribiendo porque su obra continúa generando certezas e incertidumbres desde el altar en el que lo han  puesto sus devotos lectores.

En 1999, David Guzmán -uno de ellos- se  entera, por medio de una nota de prensa que el autor de Los detectives salvajes había ganado el Premio de Novela Rómulo Gallegos, en Venezuela. Como tenía el convencimiento de que, muchas veces, los premios literarios se reparten entre los amigos, le entró la curiosidad por saber si, realmente, el autor chileno merecía el prestigioso galardón.

Entonces comenzó a leerlo, a analizarlo y lo primero que halló es que había en sus palabras ‘una gran dosis de rebeldía, dirigida sobre todo al mundo de la cultura, en especial a la literatura’. Ese proceso de lectura duró tres años.

Guzmán, que realizaba estudios superiores interculturales en el País Vasco (España), cuenta que estuvo tentado a realizar su tesis doctoral sobre Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar, pero la figura de Bolaño se impuso porque encontró en él, además de la mencionada rebeldía, mayor proximidad con Latinoamérica y podía suscitar mayor interés.

Fruto de esas investigaciones y de la correspondencia que mantuvo con amigos de Bolaño -como Ignacio Echevarría-, Guzmán escribe Detectives en la vanguardia, editada por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador el 2016, para poner en alto relieve una obra posmoderna y barroca, en donde ‘los juegos intertextuales, las citas y paráfrasis, el nomadismo cultural y geográfico, responden a un afán por parodiar la presencia y el legado de ciertos modelos culturales’.

Para Guzmán, Bolaño incorpora una nueva estrategia narrativa -“En eso se parece mucho a Borges”, señala-, pero también descubre, el rumbo de una nueva ética y estética en la literatura latinoamericana y establece un diálogo entre esta región y España.

Sobre la inclusión del autor     de El espíritu de la ciencia-ficción y 2666 dentro de los lenguajes modernos y posmodernos, Guzmán se refiere a que este se desenvuelve en una época en la que prevalece “el capitalismo, la democracia, las libertades. Es un mundo apoyado en diversos niveles de racionalidad. Me refiero a la ciencia y a la filosofía laica”.

“Bolaño -prosigue- se inserta en esta discusión desde que ese mundo entra en crisis -procesos de descolonización de los años 80 y 90- e intenta establecer un diálogo entre la cultura moderna y las culturas china, hindú o la cultura de los pueblos indígenas. Bolaño propicia esa discusión”.

Tras encontrar que “el concierto de voces de  los personajes de Bolaño dialogan constantemente con la racionalidad” Guzmán considera que su obra va desde la época marxista-revolucionaria -que ataca a la literatura oficial- hasta aquella que, luego de la caída del muro de Berlín, adquiere un matiz melancólico, que habla de la ética como una forma de relación con los demás.

Bolaño a dos voces

Para el escritor Augusto Rodríguez, la aparición de Los detectives salvajes fue determinante y abrió nuevas rutas para la literatura que vendría después.

“Novela polifónica, ambiciosa, gigante, nos relata algunos episodios de la vida de los infrarrealistas. Ulises Lima (el poeta mexicano Mario Santiago) y Arturo Belano (el mismo Roberto Bolaño) y los demás integrantes de este grupo de poetas que querían cambiar el rumbo de la poesía mexicana, tal vez matando al padre (¿Octavio Paz?) y exigiendo cambios en el establishment, los compadrazgos, las becas, los premios literarios, los talleres, las editoriales, las mafias literarias, etc.”.

Ernesto Lumbreras, poeta mexicano, tuvo la suerte de conversar con Bolaño en el 2000, cuando colaboraba en la organización de un festival literario en la Ciudad de México.

“Sabía que estaba hablando con uno de los tres escritores que habían escrito una de las grandes novelas sobre la capital mexicana, Los detectives salvajes, obra solo equiparable a La región más transparente, de Carlos Fuentes, y Palinuro de México, de Fernando del Paso”.  (I)

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