Entrevista / avelina lésper / crítica de arte

Avelina Lésper huye de lo que le genera satisfacción inmediata

| 22 de Junio de 2017 - 00:00

La mexicana llegó al país para inaugurar una muestra y mural del pintor Pavel Égüez, de quien aprecia su obra, junto con la de Oswaldo Guayasamín.

Avelina Lésper evade los nombres propios. Prefiere siempre hablar en términos generales cuando se refiere al campo del arte contemporáneo. Ese método se repite en esta entrevista que se realizó en el Centro Cultural Casa Égüez, adonde llegó el anterior lunes para dar un seminario e inaugurar una exposición y mural del pintor Pavel Égüez.

¿Cuál es su relación con el arte ecuatoriano? ¿Qué conoce?

Obviamente conozco la obra de Guayasamín, de Pavel Égüez y de varios pintores. Lo que he visto, hasta ahora, me gusta. Veo un sello distintivo del arte de la plástica,  con una esencia muy de aquí.

¿Cómo describe esa esencia?

Veo una búsqueda muy humanista, una necesidad de hablar de su historia, de cómo se construye una sociedad, pero una sociedad más auténtica. En Europa hay, ahorita, una pintura hasta cierto punto muy… No, más que nada siento que en Estados Unidos, a veces, todo el mundo está pintando igual. Acá siento que están despojados de esas influencias; están buscando un lenguaje más personal.

¿Qué autores ha estado viendo en Estados Unidos para que sienta ese tipo de homogeneidad?

Una infinidad. Voy a tantas galerías y veo tantas cosas, pero hay una tendencia muy grande en Estados Unidos, de una pintura muy superficial. Eso me desconcierta, que la pintura esté despojándose de un sello personal.

 ¿Y qué nombres le llaman la atención en América Latina?

Estar hablando de nombres… En Colombia se hace una pintura buena, fuerte. En México los jóvenes pintan con mucha rabia, con deseos de hacer que la pintura se distinga de un arte que no se hace con talento, con dedicación, que no se hace con entrega.

Para llegar a estas conclusiones, en su rol como crítica, ¿usted se ubica como espectadora, como generadora de contenido cultural o como educadora social?

No me ubico dentro de ninguna categoría. Las categorías encasillan a la gente, las ideas. No pretendo ser didáctica, ni enseñar nada a nadie. Eso me queda muy claro. Lo que debe hacer la crítica es mantener su relación con la experiencia estética. Pero la crítica se ha despojado de esa experiencia, no ve las obras, no analiza lo que tiene en frente. A la crítica de ahora solo le basta leer los textos que se escriben sobre las obras, las cédulas, las teorías que les anteceden; solo ven el precio. Si cuesta caro, es arte.

Pero su postura es muy generalizada. Hay críticos, teóricos y filósofos que hacen bien su trabajo...

¿Pero tú hablas de teóricos o de críticos?

Un teórico puede hacer crítica, y viceversa, se nutren.

Claro que se pueden nutrir, pero la mayoría de la crítica no tiene una experiencia estética. La crítica no está diciendo lo que ve, lo que piensa, o cómo vive su experiencia. La gente se apega a lo que se está  validando como arte y ese es un gran problema porque se validan muchas cosas solo por el precio.

¿Cuál es su noción sobre la contemporaneidad?

La contemporaneidad se halla en un estado de evasión y de muchísima autocomplacencia. Hemos entrado en un proceso en que la gente se está volviendo adicta a la satisfacción inmediata. Creo que la sociedad tiene que detenerse ante todo eso ya, y tenemos que reconsiderar nuestros valores.

¿Cómo siente que el arte enfrente esa realidad que usted describe?

Creo que es ahí donde se divide mucho el arte: el arte VIP (Video, Instalación y Performance) o contemporáneo como yo le llamo, es un arte de la satisfacción inmediata. Aquellas son obras que se hacen instantáneamente o que se mandan a elaborar; son obras que ni siquiera se hacen.

Pero no todo el trabajo en video arte, instalación o performance apunta a eso…

En su gran mayoría lo hacen. Simplemente todo lo que está dentro del ready made es satisfacción inmediata. Es el objeto ya hecho, ya ubicado como arte. La denominación de artistas la consiguen en un instante, sin pasar por el tortuoso camino de hacer, fallar o de equivocarse en una obra.

Ese es un solo camino. Para no dar nombres y quedarnos en la generalización, hay artistas ecuatorianos que mandan a hacer su obra, como parte de su proceso creativo y de su crítica al oficio.

Hay artistas, ahorita, que mandan a hacer su obra como Jeff Koons o Damien Hirst, y no hacen nada. Koons tiene un staff enorme de gente que le hace las cosas. Es el mismo caso de Hirst, le hacen todo.

Para no hablar de ellos, que son muy mediáticos, hay otros artistas que mandan a hacer su obra como un gesto político...

¡¿Cómo va a ser un gesto?! Ser artista es hacer la obra. Es como ser músico, ellos hacen partituras. Ser artistas no es un gesto. Ser un poeta son tus poemas.

Pero el gesto es parte de la obra. Por ejemplo, el poeta chileno Raúl Zurita escribe versos sobre los acantilados de la costa de su país, que luego desaparecen. Ese es su gesto: jugar con la geografía, el silencio, la fugacidad de la vida...

Si él lo hace en la montaña, en la pared, o donde sea, es irrelevante. Lo primero que tiene que hacer es un poema. Lo primero que está resolviendo es un poema, eso es lo fundamental. Para mí es irrelevante  si lo escribe en un papel y luego lo hace pedazos. Primero debe encontrar ese poema. (I)