Miércoles, 04 Enero 2017 00:00 Sociedad

Tres colegios de Chimborazo y Manabí se destacaron en las pruebas de Ineval

El colegio Santa Rita obtuvo 943/1.000. El centro está ubicado en Chone, a la salida de la ciudad.
El colegio Santa Rita obtuvo 943/1.000. El centro está ubicado en Chone, a la salida de la ciudad. Foto: Leiberg Santos / El Telégrafo

El compromiso de los padres de familia, la disciplina de los alumnos y la preocupación de los docentes constituyeron las claves para sobresalir en los exámenes en la región Costa.

Redacción Telégrafo

Laila Ponce labora hace 20 años en la Unidad Educativa 21 de Abril, en la parroquia Flores (Riobamba). Ella sentía que los sectores rurales fueron marginados, pero hoy está orgullosa del progreso.

La institución obtuvo 984/1.000 en las pruebas realizadas por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineval). El centro está en segundo lugar, a nivel nacional, según su estado socioeconómico.

Ponce recuerda que antaño los libros eran diferentes para los estudiantes de los sectores urbano y rural. “Nunca me pareció justo, era como si pensaran que los niños del campo no tenían la capacidad de aprender los mismos contenidos”.

Los 22 docentes que laboran en la institución atribuyen el logro al trabajo en equipo.

Las clases -cuenta Gustavo Oleas- son lúdicas y desarrollan mingas para unir a la familia. “Muchos padres no han estudiado o culminado su instrucción secundaria, pero nos ayudan obligando a sus hijos a realizar las tareas y llegando puntuales a las reuniones”.

A esta unidad educativa calificada como pequeña, acuden de forma diaria 284 estudiantes, desde inicial (tres años de edad) hasta el bachillerato. En este último nivel pueden escoger entre dos carreras técnicas: industria de la confección y construcciones metálicas.

Los estudiantes del básico tienen un campus principal, un laboratorio de computación equipado con tecnología de punta, espacios verdes y canchas deportivas; mientras que los del bachillerato reciben clases en otro ubicado a 500 metros, que  dispone de laboratorios e infraestructura para sus prácticas diarias.

Hay alumnos que residen a 30 minutos de la unidad. Miriam Pinta, una niña de 10 años de edad, vive con su madre en la comunidad Cecel Grande. Para llegar puntual se levanta a las 05:40. Su progenitora le prepara una sopa de gallina, que luego complementa con la colada que recibe en la institución.

A las 06:20 toma el transporte, pero cuando no hay debe caminar. La emoción de aprender es suficiente para hacer esos sacrificios. “Me encanta venir, aprendo mucho.

Cuando sea grande me gustaría ser doctora; por eso atiendo todo lo que me enseñan, mi mamá me ayuda todo el tiempo y a veces yo le comento lo que aprendo”.

En las mañanas dedican minutos a la bailoterapia con música de la zona. Además -añade Ponce- “impartimos cultura estética, cinco horas a la semana, para desarrollar la imaginación. Ellos se entretienen, aprenden y enfocan sus conocimientos en nuevos temas”.

Unidad Educativa José María Vélaz

La Unidad Educativa José María Vélaz está en el parque central del cantón Guano. La institución obtuvo el quinto lugar (768/1.000) en las pruebas del Ineval.

A sus instalaciones acuden, cada sábado, 60 estudiantes de 15 a 80 años de edad. El plantel fue creado para aquellas personas que, por diversas circunstancias, no pudieron culminar sus estudios.

Allí se especializan en contabilidad, informática, industria de la confección y también cursan el bachillerato general unificado.   

Graciela Vallejo, su coordinadora, considera motivadora la presencia de madres que van con sus hijos en brazos, con el único fin de obtener su bachillerato. “Algunas lo hacen para ayudar a sus hijos en las tareas y otras por un anhelo”.

Los estudiantes provienen de comunidades dedicadas a la agricultura. La alternancia estudios-labores diarias les resulta muy difícil, pero no imposible. “Nosotros nos levantamos desde las 05:00 para trabajar la tierra, atender a la familia y realizar los deberes, pero es bonito compartir con nuestros hijos lo que aprendemos”, expresa Luis Cujilema, de Santa Fe de Galán.

Los docentes reconocen que el trabajo no es sencillo, debido a la edad de sus estudiantes. Saben que no es lo mismo enseñar a niños que a personas con criterios formados.

Por ello utilizan el método Maestro en Casa, el cual se basa en tutorías. Las tareas son enviadas para que las analicen en sus hogares y  los docentes las aclaran en las aulas. En muchos casos -comentan- han tenido que trasladarse hasta las comunidades para fortalecer los conocimientos. “Es una tarea que requiere dedicación, pero nos llena de satisfacción ver el progreso de la gente que ya se defiende en algunos aspectos, muchos se emocionan y han hecho casas abiertas para demostrar a la gente que todo lo que se proponen lo pueden lograr”, indica el docente Andrés Escobar. (I)

El Santa Rita ahora será repotenciado

Hernán Andrade da una emotiva bienvenida a quienes llegan al colegio Santa Rita, en Chone.

Él es inspector, profesor de cultura física, orientador y forma parte del plantel que se ubicó entre los cinco mejores evaluados a nivel nacional.

La institución cuenta con menos de 100 alumnos. Las aulas tienen bancas en buen estado y sobre todo -dice Jenny Bermúdez, líder institucional de la entidad- “profesores capacitados”. Las instalaciones están a la salida de la ciudad (vía a Quito).

Su cerco de caña permite que circule con libertad el aire, pero esta situación cambiará en los primeros días del próximo año. El Municipio de Chone prometió construir un cerramiento de cemento.

“La obra costará $ 12.000. Es un premio al esfuerzo por dejar el nombre de Chone en alto”, resaltó el alcalde Deyton Alcívar, quien visitó las instalaciones del plantel educativo para felicitarlos por el logro alcanzado.

Bermúdez destaca que el trabajo multidisciplinario, profesores especializados y los pocos alumnos ayudaron a conseguir un puntaje alto.

“Siempre planificamos actividades para que alcancen su potencial. Podemos dar una enseñanza casi personalizada. Además, amamos lo que hacemos”.

Otro de los aspectos positivos es la vinculación de los padres de familia. “Buscamos que ellos sean parte de esto. El 24 de noviembre hicimos un día en familia. Los chicos compartieron con sus representantes y se comprometieron a tener un mejor rendimiento”.

El colegio fue fundado el 8 de abril de 1988. En aquel año empezó a funcionar en las instalaciones de la Escuela Ibarra, cerca del sector, en jornada vespertina.

Hace 10 años se cambiaron a un terreno propio (donde están actualmente).  Bermúdez (que tiene dos meses como líder institucional) recuerda, entre los fundadores, a Norma Sánchez y Laura Jurado, quienes este año se acogieron a la jubilación.

Otras profesoras que están desde el inicio son Judith Flores y Monserrate Macías. Ellas distinguen la entrega de los estudiantes, en especial porque muchos son del campo y tras clases deben hacer labores en casa. “Nos relacionamos con los chicos, conversamos con ellos, hablamos de sus problemas y hasta lloramos juntos, son parte de nuestras vidas”, comenta Flores. Sandra Bazurto, la abanderada de la institución, cuenta que el logro alcanzado es algo satisfactorio, pese a las limitaciones.

“Felicito a nuestros profesores, son muy esforzados”, indica. Ella adelanta que estudiará para ser docente. “Quiero enseñar aquí, es mi sueño desde niña”. (I)

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Martes, 03 Enero 2017 22:05
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