EL LEGRADO cuenta con la aprobación del 58% DE LOS CIUDADANOS, SEGÚN UNA ENCUESTA

Nueva ley de aborto evidencia los dos rostros de la sociedad chilena

| 28 de Agosto de 2017 - 00:00
Apenas se conoció el dictamen del TC, un grupo de manifestantes proaborto desplegó una enorme pancarta en las calles de Santiago.
FOTO: Foto: AFP

La ONU estima que en el país anualmente hay entre 60.000 y 70.000 prácticas clandestinas. No obstante, se cree que esta cifra es cercana a 140.000.

El lunes pasado ocurrió un hito histórico en Chile. Por seis votos contra cuatro, el Tribunal Constitucional (TC) aprobó el aborto en tres causales: riesgo de vida de la madre, inviabilidad fetal y embarazo tras una violación.

El proyecto de la presidenta Michelle Bachelet que despenaliza el aborto quedó listo para convertirse en ley. Pese a este paso defendido por miles de chilenas, la discusión confirmó que la sociedad está dividida por los llamados ‘temas valóricos’ y como muestra salieron a la luz voces que representan a un país conservador y otro progresista.

Aunque paulatinos, los últimos años han sido tiempos de cambios. Y no solo por las reformas estructurales que ha intentado implementar Bachelet en materia fiscal, educacional y electoral, sino en asuntos igual de complejos como el aborto.

Hasta ahora, Chile era el único país de Sudamérica donde el aborto estaba penalizado sin excepciones. Pero aquello abrió la puerta para la práctica ilegal de la interrupción del embarazo. Naciones Unidas estima que cada año en el país hay de 60.000 y 70.000 legrados clandestinos. No obstante, se cree que esta cifra es cercana a 140.000.

En pleno ambiente electoral con miras a los comicios presidenciales de noviembre, el debate en el Senado y luego en el Tribunal Constitucional abrió la puerta a una discusión que escaló desde la misma Bachelet hasta el último ciudadano.

Reflejo de la controversia que generó este hito, cientos de personas esperaron el fallo en el centro de Santiago, con ambos bandos enfrentados a escasos metros. Quienes rechazan el aborto han insistido en el respeto a la vida humana en todas sus dimensiones, mientras que los que festejaron la medida argumentan que cada mujer es libre de decidir sobre su cuerpo.

Apenas se conoció el dictamen del TC un grupo de manifestantes proaborto desplegó frente al palacio presidencial de La Moneda una pancarta para agradecer a Bachelet por la despenalización con el hashtag #Aborto3causales. Al mismo tiempo, a unas calles de diferencia, un grupo opositor llevó carteles con imágenes de fetos ensangrentados.

“¡Saquen sus rosarios, de nuestros ovarios!”, gritó un grupo de mujeres que festejó la decisión y que apuntó al carácter conservador-religioso de quienes rechazan el aborto. “¡Yo decido! Soy libre ahora”, exclamó una mujer. “¡No al genocidio! ¡No al genocidio!”, gritó el resto de los manifestantes.

Como pocas veces, la discusión tuvo lugar en la calle, aunque también en las redes sociales, que estallaron con comentarios.

Hasta la escritora Isabel Allende retuiteó mensajes a favor de la futura ley. También opinaron artistas del mundo cultural, las autoridades religiosas, deportistas, miembros de la farándula y los políticos, dando cuenta de la transversalidad del tema. A través de las redes sociales se difundió una suerte de instructivo que explicaba que las mujeres abortan por necesidad, ante una situación crítica y dramática: “Las chicas que abortan, abortan; sea legal o no. Solo que algunas pueden pagarlo y otras no”.

“Esta es una pésima decisión. Influyó la ideología de la muerte”, opinó el obispo Cristian Contreras, el ‘número 2’ de la Conferencia Episcopal de Chile. “Es un día triste”, consideró la exsenadora y excanciller, Soledad Alvear, de la Democracia Cristiana. Desde la otra vereda, la diputada comunista y exdirigente estudiantil Karol Cariola señaló: “Hoy la democracia se profundiza en Chile”.

Según la Fundación Miles, el aborto cuenta con la aprobación del 70% de los chilenos. Pero una encuesta reciente de Radio Cooperativa situó este porcentaje en 58%, en caso de que haya malformación del feto, si corre peligro la vida de la madre o en caso de violación. Durante 58 años, entre 1931 y 1989, el aborto terapéutico fue legal, hasta que en 1988, en el penúltimo año del régimen de Augusto Pinochet, se prohibió de manera arbitraria la interrupción del embarazo.

La aprobación en tres causales es vista como un triunfo para el gobierno de Bachelet, en plena campaña para elegir a su sucesor. Ella ha dicho que 16.510 mujeres ingresan anualmente en los hospitales por embarazos de menos de 22 semanas relacionados con peligro para la vida de la madre o malformaciones del feto incompatibles con la vida. Al año se registran 500 muertes por malformaciones fetales. “Hemos cumplido un compromiso que asumimos con las mujeres del país”.

Como el fallo se produjo durante la encendida y disputada contienda presidencial, los candidatos debieron reaccionar tras el dictamen. El senador y periodista Alejandro Guillier, uno de los dos candidatos de la Nueva Mayoría de Bachelet, señaló: “Han ganado las mujeres, que han salido a defender su derecho a decidir por su vida y su salud”. Incluso, Carolina Goic, también de la Nueva Mayoría y líder de la Democracia Cristiana apuntó: “Gran día para la democracia, TC cambia pena de cárcel por acompañamiento a mujeres”. A su vez, Beatriz Sánchez, la candidata del nuevo referente de izquierda, Frente Amplio, consideró: “Este primer paso nos da fuerza para seguir caminando hacia una sociedad del siglo XXI”.

Una mirada distinta tuvo el candidato de la oposición de derecha, el expresidente Sebastián Piñera, quien dijo: “Me alegro de que el TC haya acogido la objeción de conciencia”. Esto revela que, a pesar de que las instituciones chilenas acogieron la voz de la mayoría, hay una ‘letra chica’, un guiño a los sectores conservadores, que no deja ni triunfadores y perdedores.

Eso tiene que ver porque en la ley que lo despenaliza se establecerá que la interrupción es personal y en ningún caso podrá ser invocado por una institución. Así, esta consideración ética y religiosa abre la puerta a que una persona, un médico en este caso, se niegue a practicar un aborto. También permite que hospitales que dependan de la Iglesia no practiquen el aborto. (I)