Sábado, 28 Enero 2017 00:00 Sociedad

Los smartphones sí interfieren en la vida cotidiana de las personas

Mónica Loor Saltos, estudiante de Facso

Lo utilizamos para enviar textos, tomar fotos, escuchar música, ver series o stalkear. El smartphone se ha convertido en la plataforma para contactarnos con el “mundo exterior”, así ignoramos nuestro entorno de tal forma que no es raro ver en los centros comerciales, parques o reuniones familiares, seres inmersos en un mundo virtual con la mirada baja, pues los ojos no prestan atención a nada alrededor.

La dependencia al teléfono trae consigo distintos síntomas conocidos como nomofobia, que es el miedo irracional a estar sin  celular.

Según Paolo Martínez, ingeniero en Sistemas y docente de la Universidad de Guayaquil, entre los factores que permiten que sea más fácil caer en este tipo de fenómenos está la facilidad de adquirir un equipo y  los diferentes puntos que existen en la ciudad para conectarse sin costo.

“El avance tecnológico ha modificado nuestras formas de vida, ha hecho posible que podamos conectarnos desde cualquier lugar”.

La psicóloga clínica Denisse Osorio asegura que estos fenómenos son  más comunes en adolescentes y jóvenes, sobre todo en personas a las que les cuesta socializar y utilizan el celular como un mediador para comunicarse. “Por lo general las personas que tienen problemas en su desarrollo de habilidades sociales prefieren utilizar un mediador. El teléfono brinda ese seguridad porque quien lo porta no tiene que verse cara a cara con otra persona, además se ha vuelto una manera más de comunicar”. Las consecuencias sociales de estos fenómenos, según Osorio, son el aislamiento del mundo real, por estar inmerso en uno virtual; la  incapacidad de socializar en el entorno y  el deterioro de las relaciones interpersonales. Para el dependiente es necesario revisar su celular cada 5 minutos, aun cuando no haya nada nuevo. (I)

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