Los 'gringos', tras un paseo, descubrieron en Ecuador su lugar favorito para vivir

- 27 de septiembre de 2017 - 00:00
Carolina De-Poli (izq.) llegó hace 13 años desde Inglaterra. Ella es corredora de bienes-raíces y busca casas y departamentos a los extranjeros en Cotacachi.
Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

La revista International Living ubica al país en la cima de los mejores lugares para residir. Cuenca (Azuay), Vilcabamba (Loja) y Cotacachi (Imbabura) están entre los sitios preferidos por extranjeros.

Figuras altas y blancas destacan entre los demás ciudadanos cuando transitan por los parques y calles urbanas de Cotacachi, ubicado a 15 minutos de Otavalo (Imbabura).

Las tiendas incrementaron sus productos y parecen pequeños supermercados que, además de frutas y verduras, expenden salsas y condimentos de Norteamérica; y lo hacen con ofertas que destacan en letreros en inglés. No hay en español.

Los ‘gringos’ -como les dicen en la región a los habitantes de Estados Unidos- decidieron quedarse en el territorio nacional, disfrutar la vejez y terminar sus días aquí.

“En ningún otro lugar del mundo puedo disfrutar de un paisaje tan hermoso como este, ni de compartir una cultura indígena que nos permite valorarlos más”, comenta el estadounidense Fred Hosea, residente en el conjunto El Batán, en la comunidad rural del mismo nombre.

Los casi 1.000 foráneos que viven en Cotacachi, y a los que se los ve caminando por las calles o sentados en las bancas de los parques, se quedaron en este espacio imbabureño por la tranquilidad.

Desecharon Cuenca (Azuay) y Vilcabamba (Loja) -otros lugares donde residen extranjeros- porque Cotacachi tiene más raíces indígenas y poblaciones que conservan tradiciones ancestrales. “La vestimenta de las comunidades, la forma como se desarrollan y su cultura son únicas”, recalca la inglesa Karla Christensen, artista y escritora.

Hace dos meses editó un libro en inglés sobre los Mitos y Leyendas de Cotacachi para que sus coterráneos conozcan la identidad ecuatoriana. “No quiero que piensen que me meto en su cultura, lo único que deseo es que conozcan Ecuador”.

La cultura local se mezcla con la extranjera. Hay bandas musicales en las que actúan juntos y cada jueves, en el parque de Apuela, se desarrolla una feria de alimentos, en la que los ciudadanos locales y foráneos comercializan productos orgánicos y especias exóticas.

“Al principio la feria era solo de extranjeros y ahora participan los cotacacheños”, cuenta Milton Andramunio, quien es guía turístico de jubilados foráneos que llegan al país y cuyas pensiones de entre $ 800 y $ 2.500 les permite fácilmente ser parte de tours.

En los últimos tres años los visitantes prefieren arrendar departamentos en la zona comercial y cultural. También visitan Otavalo.

Precisamente así nació la relación de Jim Carsem con un músico otavaleño, a quien conoció mientras disfrutaba de un baile. “Este lugar es maravilloso por la flora, fauna, por la cordialidad de los habitantes y por la música andina que adoro”.

La mayoría prefiere preparar sus alimentos y en contadas veces comen afuera, pese a que ahora hay   locales que ofertan comida italiana, china y fast food.

Alfonso Pérez Vilas, español de 68 años, gerente general del Hotel Emperador de Ambato, es otro extranjero radicado en esa ciudad. Él llegó hace 12 años a la capital tungurahuense por trabajo y se enamoró del lugar. “En Europa es impensable admirar un volcán en tal actividad  y, sobre todo, tan cerca”.

A Alfonso le gusta preparar platos típicos (llapingacho y colada morada) cuando está con su familia y amigos españoles. En tres años se jubilará y planea seguir aportando con sus amplios conocimientos y admirando la fascinante belleza de los desfiles tradicionales.

Movimiento económico

La adquisición de servicios, arreglo de casas, albañilería, pintura o jardinería son algunas actividades que  la presencia de extranjeros genera.

También se ha producido un incremento en el valor de la tierra. Un terreno de 90 m2 cerca del centro de Cotacachi costaba $ 7.000 y ahora está en $ 25.000.

El estadounidense Fred llegó hace 2 años por sugerencia de la revista International Living que catalogó al país como ideal para jubilados por los módicos precios (comparados con EE.UU. y Europa).

Él adquirió una vivienda cerca de la comunidad El Batán, donde quiere desarrollar un proyecto de planificación de salud con énfasis en la atención de parteras.

Él da clases de emprendimiento en Yachay Tech y fomenta la creatividad de los niños.  Sabe que sus coterráneos están en Cuenca y por eso no fue allá. “No quiero estar cerca de los ‘gringos’, prefiero los indígenas y conocer su realidad”. (I)

Municipio tiene problemas con desechos sólidos

El alcalde de Cotacachi, Jomar Cevallos, cuenta que entre 2010 y 2015 hubo boom inmobiliario en Cotacachi por la presencia de extranjeros. La mayoría son adultos mayores de Estados Unidos, que se establecen en la zona rural La Pradera y El Batán. En la actualidad optan por arrendar en el centro de la ciudad porque hay todos los servicios básicos.

 “Dejaron la parte rural para venir a la urbana y adquirir lo que conocemos como terrenos de ‘engorde’ (baldíos), cuyos dueños los dejaban sin construcción hasta que el precio subiera”.

Cevallos constató que varios dirigentes indígenas aprovecharon la presencia extranjera para vender sus terrenos a valores exorbitantes y que fraccionaban un terreno pequeño en varias partes para obtener mayor ganancia.

“Varios extranjeros, incluso, fueron estafados porque les vendían laderas y hasta ríos por internet. Todavía hay dos casos que siguen en litigio y juicios”, indicó.

Por ello, en 2014 se estableció una ordenanza municipal que fijó como únicos terrenos a fraccionarse aquellos que sean de una hectárea o más de extensión.

“Se estaban expendiendo terrenos que tienen agua de riego o sobre vertientes para que el Municipio cubra todos los servicios. La ordenanza nos permitió controlar los precios”, expresó.

Un año después se disminuyó la extensión  mínima de un terreno por ser lotizado a 400 metros cuadrados.

Otro inconveniente que mencionó el burgomaestre es el aumento de desechos sólidos. “La cultura de los extranjeros es utilizar todo desechable y eso encarece la recolección que realizamos. En lugar de dos fundas debemos recoger ocho”.

Hasta el momento estudia estrategias para que los responsables ayuden económicamente. Además derribaron dos muros que la comunidad levantó sobre una calle. 

“En algunos condominios no hubo los servicios básicos y quisieron que  el Municipio se haga responsable, pero eso le corresponde a la constructora”, dijo. (I)

 

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