Martes, 14 Febrero 2017 00:00 Sociedad

Entrevista / René Ramírez Gallegos / Secretario de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación

"La propuesta del libre ingreso es demagógica y es una mentira"

"La propuesta del libre ingreso es demagógica y es una mentira"
Foto: Archivo / EL TELÉGRAFO

El titular de la Senescyt niega que los estudiantes no puedan elegir libremente su carrera universitaria. Destaca los logros en el aumento de la matrícula y el otorgamiento de becas.

Redacción Sociedad

Todos los candidatos hablan en sus discursos sobre el tema de acceso a la universidad. ¿Qué significado tiene este tema?

En primer lugar, creo que uno de los principales logros de la Revolución Ciudadana ha sido posicionar en el debate público como un tema central a la educación superior. Algo similar ocurrió en los sesentas, en la época de Manuel Agustín Aguirre. El sólo hecho que ahora todo el mundo hable de la temática universitaria, de educación superior, da cuenta de que hemos colocado en la agenda pública un asunto de relevancia suprema para el país.

En el último cuarto de siglo previo a la RC, el debate de la educación superior no era un asunto público y estuvo suscrito a cuatro paredes, en una “torre de marfil” en donde la población no tenía acceso y en donde se buscaba mantener un status quo corporativo en favor de intereses partidarios o de autoridades específicas. La universidad estuvo en tal crisis que no se dio cuenta que estaba en crisis y tuvo que venir un actor externo a decir “tal como estamos seremos subdesarrollados toda la vida como país”.

Dado que ahora es una temática pública que interesa a la población entera porque deliberadamente se buscó tener tal impacto democrático, todos los candidatos hablan sobre este tema; lástima que lo hacen con tan poca rigurosidad que da miedo lo que se escucha.

Lasso no tiene claro la función social de la educación y por eso jamás podrá defender lo que es hoy un consenso social: la gratuidad de la Educación Superior. La perspectiva política de Lasso es concebir la salud, la educación, la seguridad social como bienes de consumo que se adquiere en un mercado a un precio y que su oferta está en función del poder de compra de cada ciudadano. De esta manera el que no tiene plata, no accede.    

Cynthia no se aleja de la concepción de Lasso. Prácticamente no trata el tema en su programa de gobierno (dedica 5 líneas) y eso tiene que ver con una concepción neoliberal, que ve al Estado solo como promotor de la actividad económica empresarial, y no como garante del derecho a la educación (superior). Dado el poco conocimiento que tiene sobre el tema incluso en su propuesta de Ecuador Digital (el cual no se ha percatado que ya existe) llega a proponer absurdos como formación técnica/tecnológica a distancia. Este nivel de formación tiene la pedagogía dual de “learning by doing” (aprender haciendo), pequeño gran detalle que se le escapa a la candidata.

¿Por qué se da esto?

Desde el primer día de campaña en el 2006, colocamos en el centro del debate la necesidad de tener un sistema de educación superior de excelencia, pertinente y democrático. La transformación ha sido radical reconocido por Global University Network for Innovation (GUNI) como la reforma integral más importante de la región.

Haber concretado un sueño de la población de la gratuidad en la educación superior; invertir el 2% del PIB (acumulado casi 14 mil millones de dólares); 20.000 becarios estudiando en las mejores universidades del mundo; invitar a cerebros mundiales que trabajen con nosotros antes de que nos roben cerebros los países del norte (becas Prometeo); haber eliminado 17 universidades de garaje o fantasmas que eran una estafa social; fortalecer la inversión de 34 institutos técnicos; haber eliminado la precarización laboral con salarios dignos en donde ahora como mínimo se entra con 1700 dólares (cuando antes se pagaba en promedio USD 465) pudiendo llegar a ganar hasta casi 6000 dólares; haber casi cuadriplicado los profesores universitarios con cuarto nivel; haber construido la única ciudad planificada de la innovación y la ciencia de toda la región; haber implementado un ecosistema de innovación en donde jóvenes soñadores pueden concretar sus emprendimientos a través del banco de ideas recibiendo 50.000 dólares (que no es crédito) como capital semilla; haber creado una universidad para el arte, para la investigación pedagógica o de nuestra biodiversidad; haber establecido una asignación económica de por vida para ciencia y tecnología, etc. son algunos ejemplos de lo que se ha hecho y colocado en la esfera pública y que la ciudadanía lo palpa, lo siente.

¿Esto ha hecho que suban las expectativas de la ciudadanía?

Efectivamente, ahora existen más expectativas. Vamos por partes. Primero, a pesar del cierre de 17 universidades que eran una mentira social (“yo me hago el que aprendo y tú “universidad” haces el que me enseñas”; “yo te pago y tú me vendes el título sin el conocimiento que lo respalde”) y que las universidades a su vez hayan restringido la velocidad de crecimiento de la oferta de nuevos cupos por conservar estándares de calidad, la matrícula ha crecido en 260.000 estudiantes y pasó del 28% al 39% la tasa bruta de matrícula en educación superior.

La demanda creció dado que este momento existen casi 300 mil nuevos bachilleres, de los cuales –vale señalar- el 65% pertenecen al 40% más pobre; lo que hace que se presione más la demanda por educación superior. Pero sobre todo las expectativas subieron. Antes de este gobierno 1 de cada 10 ecuatorianos quería estudiar en la educación superior; hoy en día es 1 de cada 2. Y no sólo aquello, ahora los jóvenes no sólo quieren estudiar un tercer nivel sino que quieren obtener su especialización, su maestría o su doctorado; y no solo aquí, ¿por qué, no?, ¡estudiar en las mejores universidades del mundo!

Vale señalar que este incremento de expectativas también es consecuencia de una de las políticas más revolucionarias de este gobierno: la gratuidad en la educación superior. Cuando la universidad pública tenía aranceles (se cobraba) los estudiantes ni tenían expectativas de estudiar porque sabían que no lo podían financiar, por lo tanto ni soñaban en ir a la universidad. Pudimos demostrar en un estudio en el 2007 que el cobro a nivel universitario constituía una barrera para que los más pobres decidan aplicar a una universidad.

Si bien la tasa de crecimiento anual de la matrícula es 4 veces superior a la tasa de crecimiento poblacional, es inferior al crecimiento de las expectativas. Tenemos que ponernos manos a la obra para que las universidades incrementen la matrícula planificadamente pero sin que vaya en detrimento de la calidad. No con demagogias.

¿A qué se refiere? ¿Al libre ingreso?

Efectivamente. La propuesta del libre ingreso es demagógica y es una mentira. Cuando oiga la ciudadanía esta propuesta debe saber que le está mintiendo el candidato. Debería decirle: “no sea mentiroso, no va a poder cumplir”. En el sistema universitario no existe ni la infraestructura (aulas, laboratorios) ni los maestros para cumplir tal propuesta. Tendríamos salones, en donde ahora entran 35-40 estudiantes, de 300-400 estudiantes y en donde tenemos ahora profesores con maestría o doctorado tendríamos estudiantes universitarios no especializados en el área de enseñanza. Sería una oferta no pertinente y volveríamos a la universidad fábrica de desempleados o subempleados dado que se ofertarían -sobre todo- carreras que ya hoy en día están sobresaturadas.

Con otra particularidad: el problema solo se trasladaría un año. En las universidades que tienen libre ingreso como la UBA generalmente pasan luego del “prepo” (preparatoria) un 20% de sus estudiantes al primer año, es decir sólo de 1 de cada 10 estudiantes que entra al “prepo” sigue en la universidad el segundo año de estudios, es decir regresaríamos a las mentiras sociales. No conozco rector serio de universidad que defienda el libre ingreso. Tuvimos una reunión del directorio de la Asamblea con el Presidente y fue una voz unánime el decir que no es viable para el sistema una propuesta como el libre ingreso. Supongamos que se pueda cumplir y que metamos 400 estudiantes en un salón de clases  de 10x10, la calidad sería pésima. ¿Qué padre de familia quisiera que su hijo o hija vaya a una universidad de mala calidad? Se volverían a generar circuitos diferenciados de calidad en donde los ricos irían a universidades privadas buenas y los pobres a universidades públicas malas.

¡Debemos acordarnos que el derecho no solo es por la educación, sino que el derecho es por una educación de calidad!

Pero la universidad privada sigue siendo mejor que la pública…

¡No, no es así! Vamos a los conceptos. Para la Revolución Ciudadana no existen universidades públicas y privadas. La educación superior es un bien público que puede ser gestionado particularmente o estatalmente. La educación superior no tiene fines de lucro. En segundo lugar, no es verdad que la universidad pública sea de peor calidad. Eso es un mito que se creó en el neoliberalismo para avanzar en procesos de privatización de la educación superior. No fue casualidad que de todas las universidades cerradas –todas- hayan sido particulares.

A su vez, en la primera evaluación de las 11 universidades categoría A, 8 eran públicas y 3 particulares. Pero eso no es lo importante. Lo importante es que en estos años se ha producido una convergencia de calidad. Todo el sistema ha mejorado sistemáticamente en términos de calidad, pero las que han mejorado más son las que se encontraban en peor calidad. El objetivo es que todo el sistema sea igualmente bueno y que solo exista diferencia en la orientación y en el énfasis de especialización de cada universidad. Así que cualquier ciudadano vaya a la universidad que sea, sepa que está recibiendo una educación de calidad. No es fortuito que se haya eliminado la categoría E y este año se elimine la D. Debemos tener sólo universidades de categoría A, y no solo a nivel nacional; sino también a nivel regional y mundial.

Pero en la reforma implementada se ha coartado la libertad de elegir carreras señalan los candidatos.

Eso no solo es mentira sino es imposible. Hace una semana el candidato Paco Moncayo puso un tuit sobre esta mentira e inmediatamente le pedí que me proporcione un solo caso en el cual la decisión de la carrera, lugar o universidad no haya sido tomada libremente por el estudiante. Lo mismo le dije a Lasso en el 2013, en donde señalé que si me daba un caso ponía en aquel entonces mi renuncia. ¡Hasta ahora sigo esperando el caso! La forma de asignación es un algoritmo informático que depende de la nota del estudiante, el número de cupos que oferta la universidad en el marco de su autonomía y el nivel de competencia (demanda) de la ciudadanía para estudiar tal o cual carrera.

El sistema automáticamente asigna siempre en función a la mejor nota y al número de cupos ofertados. Es el mismo modelo de ingreso de las mejores Universidades de América Latina, como el caso de la Universidad de São Paulo, en Brasil o la UNAM en México; o de universidades prestigiosas del mundo como Harvard, Yale, Cambridge, etc. Se podría regresar al pasado en donde dependía de otros criterios como tener palancas, o que dependa de quien madruga más o quien tiene plata para comprar un cupo o que dependa del azar. Sin embargo, nosotros creemos que esos mecanismos son anacrónicos, pre-modernos e injustos.

Entonces, ¿Qué sucede? ¿Por qué está tan colocado ese sentido en la esfera pública?

Sin temor a equivocarme podía señalar que el SNNA (sistema nacional de nivelación admisión a la educación superior) ha generado una modernización en la sociedad en tanto que –todo lo contrario que se señala- ha respetado la individualidad y la libertad del joven rompiendo con circuitos culturales familiares que constituían camisas de fuerza en los estudiantes para la toma de decisión personal.

Hicimos un levantamiento en los estudiantes y padres de familia y obtuvimos información relevante: el 60% de los postulantes por algún motivo elegiría vivir en una ciudad diferente a la que actualmente vive; 40% de los hijos tenía como opción vivir fuera del hogar (solo, con un amigo o con un familiar o no fuera de su casa), el 71% de los padres señaló que el hijo o hija no estudia la profesión que hubiese querido para él. Para el estudiante es más fácil decir la Senescyt me mandó a tal o cual Universidad a decir que fue su elección y que prefiere vivir cerca de sus amigos que de la familia. De la misma forma, el estudiante le es más fácil decir el gobierno me eligió tal carrera, a decir que no escogió la profesión que deseaba el padre. Más aún es mucho más fácil decir la Senescyt no me dio cupo, a decir que la nota no me alcanzó de acuerdo a los cupos que ofertaba la universidad.

Con el SNNA, el estudiante ha podido elegir lo que realmente ha querido o deseaba, más allá de la voluntad familiar. Antes no se tenía la plena libertad para elegir, pero ahora la modernización tecnológica hace que existe una brecha entre hijos y padres. Solo el 51% de los padres vieron el momento que eligió el estudiante las 5 opciones. En este marco, el estudiante lo puede hacer con toda libertad. De hecho, es importante que se sepa que el 70% de los cupos asignados corresponden a la primera o segunda opción seleccionada.

A su vez, el estudiante ya no tiene pocas opciones. Antes, por ejemplo, en mi caso solo visité dos universidades de mi ciudad (Quito) para aplicar a la carrera de mi preferencia. Ambas tenían examen. En general existía un método de acceso en todo el sistema universitario porque no había libre ingreso y no había bancas para todos. Hoy el estudiante tiene en una pantalla las 2756 carreras de toda la oferta universitaria. Incluso puede elegir carreras que no necesariamente se oferten  en su ciudad. ¿Dar más opciones: aumenta o disminuye la libertad de las personas? Claramente, aumenta. Esto además ha permitido que las universidades se conviertan en espacios de encuentro en común intra-clase, intra-región, intra-etnia, intra-provincia, etc. Eso ayuda a mejorar la convivencia social.

No obstante, existe otro problema estructural. El 85% de los estudiantes elige entre sus 5 opciones áreas de conocimiento diferentes. Es decir, eligió medicina en la primera opción, en la segunda, sociología, la tercera arte, etc. La gran mayoría no sabe lo que quiere estudiar. No existe una orientación vocacional desde el colegio ni desde la familia. Este es un reto que el sistema de educación debe trabajar. ¡Imaginemos si a los 18 años no sabe lo que quiere!, ¿qué sucedía antes con el estudiante cuando a los 15 debían elegir una especialización? Lo más seguro es que elegían en función de donde estaban los amigos y aquello marcaba el rumbo de la profesión de toda su vida.

¿Cuáles son los logros del cambio en el sistema de educación superior?

Son algunos. El primero haber democratizado el acceso a la educación superior. Solo para que se sepa. Antes de este gobierno, entre 1998 y 2006, la participación en la matrícula en la educación superior cayó 15 puntos porcentuales en el 40% más pobre de la población; del 2006 en adelante ha crecido en 101% en este mismo grupo poblacional. Vale señalar que en el período 98-06 únicamente aumentó la matrícula en el 30% más rico, mientras que en el 70% de la población disminuyó.

El segundo es que se ha creado una cultura de la calidad. Las autoridades, los profesores y los estudiantes demandan calidad. Quizá el ejemplo más claro es la marcha multitudinaria que hubo de la universidad de Guayaquil al enterarse que subió de categoría. ¡Antes era marchas con palos y piedras, ahora marchan con música y alegría por la calidad!

El tercer gran logro es un cambio en la actitud de los profesores frente a la investigación. Ahora existe un orgullo de publicar. Cada vez que visito una universidad los profesores con los cuales me encuentro me enseñan su última publicación en una revista indexada. No es casualidad que Ecuador sea el país, por cuarto año consecutivo, que tiene una mayor tasa de crecimiento en la publicación de artículos científicos en revistas indexadas, de la región (Scopus). La oposición discursivamente suele señalar que no ha habido autonomía.

Mi pregunta es: ¿podía haber autonomía –como era en el pasado- en un sistema que no genere conocimiento y que sólo importe conocimiento para trasmitir a los estudiantes? Es como decir, ¿puede haber libertad de expresión sin libertad de pensamiento? “Pienso luego existo”. Creo que aquí aplica lo mismo. Resulta que en la época supuestamente con menos autonomía según la oposición es el momento histórico que más se ha investigado y generado pensamiento propio en función de las necesidades del país. ¡Irónico! El gobierno ha respetado “sagradamente” la libertad de cátedra, de investigación, de selección de sus profesores, etc., y nunca antes en la historia ha existido tantos recursos para la universidad como en este período de gobierno. Lo que sucede es que algunas autoridades se creen islas por fuera del país y quieren regresar a la autarquía y no rendir cuentas sobre recursos públicos de todos los ecuatorianos.

¿Que falta por hacer?

Mucho. Recién se ha sembrado la semilla y las raíces están pequeñas, pero son profundas. Es necesario seguir aumentando cupos para que incremente la matrícula. Sin demagogias, nuestra propuesta es llegar a un millón de estudiantes en la educación superior al 2021, lo que implica la universalización de la educación superior. Esta propuesta es responsable y no demagógica. Es viable conseguir esa matrícula pero con un comentario importante: manteniendo altos niveles de calidad. La universalización tiene que ser con calidad y pertinencia. Este incremento en gran parte debe ser en cupos de nivel técnico y tecnológico; y poniendo énfasis también en un cuarto nivel de excelencia.

No obstante, el reto del sistema de educación superior es el reto del país. Ecuador debe dejar de ser un país primario exportador y secundario importador, para lo cual debe orientar su esfuerzo en desarrollar tecnología, innovación y generar conocimiento a través de más investigación científica. Sino damos ese paso, como país no iremos a ningún lado y seguiremos siendo dependientes de los países denominados del primer mundo.

Nunca antes en la historia habíamos estructurado las bases para realmente apalancarnos en el sistema universitario y su talento humano como mecanismo de transformación social. Tristemente veo, que ningún candidato de la oposición habla de estos temas fundamentales y, como he podido señalar, han basado sus campañas en mentiras. Pobre democracia la nuestra que tiene que debatir sobre mentiras o demagogias. Creo que el nuevo Ecuador se merece un debate serio y de ideas. Ojalá podamos verlo en la última semana de campaña. Debe quedar claro que en la consolidación de un sistema de educación superior, ciencia, tecnología e innovación de calidad, pertinente y democrático está la posibilidad de la gran transformación que necesita este bello país llamado Ecuador. (I)

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