La ira: estado que tiene raíces emocionales o patológicas

| 19 de Agosto de 2017 - 00:00

Los tratamientos psicológicos y psiquiátricos ayudan a controlar la furia de las personas con este problema.

La ira es una emoción normal que el ser humano desarrolla en el proceso de su vida, desde su niñez hasta su adultez, y que va formando parte de su personalidad, de acuerdo con su entorno familiar, social y cultural, coinciden especialistas.

Las personas exteriorizan la furia como mecanismo de defensa ante alguna situación.

Sin embargo, explica el psicólogo forense Segundo Romero, cuando esa alteración es persistente se convierte en estado patológico.

Son situaciones que ocurren en cualquier ámbito, pero es más notorio en el  laboral. Hace pocos días el uruguayo Jonathan Álvez, jugador de fútbol de Barcelona, protagonizó un altercado con el director técnico Guillermo Almada porque lo reemplazó durante un partido y ante ello pateó un balón que casi impacta a los camarógrafos ubicados en ese sector.

El delantero, que ha tenido un desempeño importante y es goleador del Campeonato Nacional del Fútbol, también ha mantenido enfrentamientos con dos compañeros durante los entrenamientos. Inclusive insultó al fotógrafo de un medio de comunicación privado.

Apodado El Loco, por su temperamento explosivo, Álvez también estuvo en el centro de la polémica en su club anterior y mantuvo disputas con árbitros por exceso en sus reclamos.

Romero explica que la patología ocurre en personas que no toleran la frustración. “Viven con irritabilidad, primero leve, hasta llegar a  una furia intensa. Todos estos cambios psicológicos van acompañados de otros biológicos cuando el rostro del afectado se enrojece, aumenta su frecuencia cardiaca, su nivel de hormonas, adrenalina y noradrenalina. Son cambios causados por factores internos y externos”.

La ira puede convertirse en hábito por diversas situaciones, comenta Romina Quiroga, jefe de Psicología del Hospital Los Ceibos.

“Hay personas que se acostumbran a desenvolverse de esa manera y para ellas puede significar una manera de proyectar fortaleza o poder, pero están equivocadas. Lo que  consiguen es quedar aisladas, porque su conducta produce temor y resentimiento”.

Descontrolados y repetitivos impulsos de ira marcaron el final de la brillante carrera del futbolista francés Eric Cantona.

El episodio más comentado ocurrió el 25 de enero de 1995 cuando jugaba en el Manchester United y de la cancha saltó a las gradas para dar una patada a un aficionado del equipo contrario que lo insultaba.

Otro caso es el del polémico uruguayo Luis Alberto Suárez, apodado ‘El Conejo’, por sus dientes, con los que atacó a tres jugadores de equipos rivales con los que se enfrentaba. El último hecho ocurrió cuando su equipo jugaba contra Italia en la Copa Mundial de Fútbol de 2014. Entonces se ganó los apelativos de ‘Caníbal’, ‘Vampiro’, entre otros.  

El descontrol de la furia no es un “trastorno” que solo se asocia con el fútbol; son situaciones que ocurren en cualquier entorno laboral y que, para Romero, pueden ser más frecuentes en profesiones o actividades con mayor presión y que generan un mayor nivel de estrés. 

“El estrés continuo causa frustración cuando vemos que nuestras metas se estancan y aparece la ira”, añade la psicóloga.

Romero destaca la importancia de saber identificar el enojo normal y el enojo patológico en el que la persona es reincidente.

“Si no se sabe canalizar el problema, el deporte fortalecerá las condiciones de agresividad porque el violento verá a su contrincante como un rival al que debe destruir”.

La psicóloga advierte que la ira es un patrón de conducta que se vuelve común cundo nos acostumbramos a desarrollarla y no tenemos mecanismos de defensa para poder expresarnos  de otra manera.

Los especialistas coinciden en que no es un problema común en las consultas, porque a las personas les cuesta reconocer que lo tienen.

 Un problema psiquiátrico   que tiene tratamiento con fármacos

Leonardo Vargas, coordinador de Psiquiatría del Hospital Los Ceibos, detalla que en su campo los casos se asocian con la bipolaridad. “En un extremo de la patología está la depresión y en el otro se encuentra la irritabilidad”.

El especialista explica que el trastorno es controlado con psicofármacos para controlar lo que la voluntad no puede.

La persona desconoce, en muchos casos, que presenta la patología y la familia le pide que se controle, pero no puede debido a que la afección es orgánica y química.

“El trastorno ocurre por los efectos de un problema de recaptación de serotonina o dopamina. Son partes químicas que no pueden verse en una radiografía; y desniveles de esas sustancias que gobiernan al ser humano y los medicamentos equilibran el comportamiento”. 

Pero la irritabilidad también puede surgir por otras patologías. Algunas simples, como son la hipertensión o la diabetes. O puede haber un estado esquizofrénico que lleva a la persona a un nivel maníaco de violencia y a cometer destrucción.

Vargas destaca la importancia de   acudir a un especialista para que valore y determine si se trata de “un problema emocional, sencillo psicológico, o un problema orgánico psiquiátrico”.

“Hay que diagnosticar al paciente de acuerdo con la sintomatología que presenta, los episodios que se han registrado y en base a las situaciones que  ha vivido en la familia y en el trabajo”. (I)

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