Sábado, 08 Octubre 2016 00:00 Sociedad

La creatividad femenina borra días de violencia

Cecilia Sánchez tiene una especialización en Desarrollo Comunitario y es líder en derechos en su barrio.
Cecilia Sánchez tiene una especialización en Desarrollo Comunitario y es líder en derechos en su barrio. Foto: José Morán / El Telégrafo

Mujeres que experimentaron la vulneración de sus derechos optan por terminar los estudios y emprender sus negocios.

Redaccion Sociedad

Cecilia Sánchez decidió ponerle fin a los episodios de maltrato psicológico que recibía de parte de su exesposo. Ella retomó los estudios de maestra en corte y confección que   dejó inconclusos cuando era joven.

También inició una carrera universitaria. Obtuvo el título de licenciada en educación, con especialización en Desarrollo Comunitario. Sánchez confiesa que no fue fácil decidir.

“Me casé a los 19 años porque vivía situaciones de violencia con mi mamá y quería huir de casa, pero a los meses de haberme casado, él tenía actitudes muy grotescas. Me gritaba: ‘¡Eres una bestia, bruta!’”.  

A él no le agradaba la idea de que descuidara las tareas del hogar y le pedía que usara faldas largas porque los pantalones le quedaban “horribles”.

Mercedes Montenegro y otras compañeras de Hogar de Cristo abrieron un bar dentro de la fundación. Foto:  Eduardo Escobar / El Telégrafo

Ella, al ver que su esposo no cambiaría su actitud, decidió separarse tras 14 años de matrimonio. “Comencé a tomar decisiones, estudiar y trabajar”.

Cecilia, hoy de 48 años, relata su historia con tranquilidad. Lo hace para que ninguna mujer más experimente una situación similar.

El inicio de actividades productivas

La psicóloga Carolina Delgado, experta en temas de violencia, recomienda que ante la ausencia del agresor lo ideal es que la víctima cambie su dinámica.

Es importante -dice- que retomen sus actividades o inicien nuevas tareas, porque no podían hacerlo ante las condiciones que imponía su pareja: “No me gusta que trabajes, si tenemos hijos tienes que cuidarlos, no necesitas que trabajes, porque para eso yo te mantengo”.

La violencia aísla a las víctimas, por temor, incluso, se apartan de sus familias. La psicóloga les aconseja que se relacionen con más personas.

Además propone a las mujeres concentrarse en actividades productivas. En la mayoría de los casos, de acuerdo con su experiencia, ha observado que la mamá es quien siempre resuelve el problema económico, a pesar de que no tiene un empleo formal.

“Hay que trabajar en este aspecto. Ellas se preguntan: ¿Qué voy a hacer con mis hijos (si se separan)?, pero, si vamos al fondo, nos damos cuenta de que (la pareja) nunca ha sido un proveedor constante y que las mamás han solucionado lo que hacen día a día”.

Historia de superación

Mercedes Montenegro recuerda que su exconviviente quería que fuera ama de casa y solo cuidara a sus hijos.

Angeline Vergara es la propietaria de Dulce Ángel, local que elabora tortas personalizadas. Foto: Karly Torres / El Telégrafo

Hace 17 años se separó luego de soportar maltrato físico  y empezó a vender empanadas y tostadas.

“Me alejé con temor a represalias, porque tuve amenazas, pero seguí adelante”, indica.

Montenegro tiene 42 años y confiesa que su actual pareja la apoya en sus emprendimientos.

Ahora forma parte de una asociación de gastronomía que conformó con otro grupo de mujeres en Hogar de Cristo.

En el espacio, durante un año, participó del Semillero de Emprendimiento que enseña a iniciar su propio negocio.

La coordinadora del Área de Iniciativas Económicas de la ONG, Jenny Mera, precisa que hasta 2015 fueron capacitados en tres fases 700 mujeres y 50 hombres.

“Se enseña a desarrollar un estudio de mercado, a sacar su presupuesto, a poner valor a su mano de obra, a implementar un plan de negocios”, agrega.

También aprenden contabilidad básica y sobre la Ley de Economía Popular y Solidaria.

Del semillero de emprendimiento se constituyeron formalmente tres asociaciones, textil, calzado y artesanal, y otras tres están en vía de legalizarse.

La independencia

Una de las que participará en las asociaciones es Angeline Vergara, quien asegura que la mayor motivación para tomar el curso fue contar con sus propios ingresos.

Desde su casa trabaja en la preparación de productos de pastelería: tortas y cupcakes que entrega a domicilio, previo pedido.

La idea de su negocio Dulce Ángel surgió hace tres años, pero desde que empezó a participar en los talleres de emprendimientos le dio un nuevo giro.

De ganar $ 60 al mes, dos días a la semana, ha pasado a obtener alrededor de $ 300. Lo que más le gusta, señala, es que ella administra su tiempo y trabaja en casa.

Vergara considera conveniente que quienes deseen prosperar participen en todos los espacios de formación. “Si esperamos a que nos toquen la puerta, vamos a seguir siendo mediocres, dependientes, pero las mujeres pueden salir de eso”.

El Instituto Nacional de Economía Popular y Solidaria (IEPS) fomenta emprendimientos y apertura de mercados con créditos para Organizaciones de la Economía Popular y Solidaria (OEPS) y Unidades de la Economía Popular y Solidaria (UEPS), que trabajan en catering, limpieza, fabricación de prendas textiles, alimentos procesados, metalmecánica y artesanías. En lo que va del año han atendido a 1.804 colectivos.

Según el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), la actividad empresarial de las mujeres se  incrementó el 7% en 61 economías del mundo en solo dos años.
Las emprendedoras igualan o incluso sobrepasan a sus contrapartes masculinas en términos de innovación.

En América Latina y el Caribe, el 76% de los emprendimientos de mujeres está en el sector de servicios al consumidor.

Ecuador no es la excepción: las mayores cantidades de emprendimientos de mujeres  están orientadas a consumidores (76%), transformación (12%) y servicios (6%). (I)

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