Miércoles, 27 Septiembre 2017 00:00 Sociedad

La adversidad no impidió a seis jóvenes jurar la bandera

Yamileth Portillo, de 18 años, es madre de una bebé (10 meses). Al terminar el evento atendió a su hija.
Yamileth Portillo, de 18 años, es madre de una bebé (10 meses). Al terminar el evento atendió a su hija. Foto: Karly Torres / El Telégrafo

280.795 estudiantes besaron ayer el símbolo patrio. Jóvenes huérfanos, madres adolescentes y alumnos con discapacidad también alcanzaron su sueño.

Redaccion Sociedad

Heidi Saldaña, de 17 años, de rodillas y frente a la bandera de Ecuador  pronunció fuertemente: ‘¡Sí juro!’ y  la besó. 

Ella, nerviosa, sujetó el estandarte del pabellón nacional por ser abanderada.

Desde las 03:00 de ayer empezó a prepararse para el acto. Repasó las líneas y planchó el uniforme que ella confeccionó en los talleres de costura del Colegio Técnico Febres Cordero, en el sur de Guayaquil.

En dicho establecimiento educativo 257 estudiantes de tercer año de bachillerato juraron la bandera. Allí el Ministerio de Educación efectuó la ceremonia oficial y tuvo de invitado al gobernador del Guayas, Francisco Cevallos.

Según el Ministerio de Educación (MinEduc), 280.795 colegiales juraron la bandera: 59.539 en Pichincha y 66.616 en Guayas.

“El evento es importante porque es una de las últimas actividades que realizan. Para ellos se termina su período escolar y pasarán a otra etapa.  Heidi es un ejemplo a seguir. Ella es la mejor calificada de la zona 8 con 9,93 puntos”, expresó  la subsecretaria de educación de la zona 8, Érika Laínez.

Abanderados notables

La introvertida joven quedó huérfana de madre hace cuatro años. Su progenitora falleció de cáncer de seno, pero eso no truncó sus planes: se convirtió en una de las mejores estudiantes y cursará medicina.

Su padre, Denny Saldaña, es su principal apoyo. “Ella es muy dedicada. Le gustan la música clásica, las mascotas y las plantas”.

Él cuenta que cuando falleció su esposa, las notas de Heidi bajaron, pero luego se recuperó.

“Mi madre siempre me decía que fuera fuerte y que luche por mis sueños. Cuando me informaron que sería la abanderada de Ecuador no me lo creía, porque hay tantos buenos estudiantes. Llevar la bandera es la compensación al esfuerzo y las noches de desvelo”.

De igual manera, con un promedio de 9,5, Ariel Saltos, de 16 años, logró ser el abanderado del pabellón del Colegio Luis Napoleón Dillon, en el norte de Quito, a pesar de sus limitaciones económicas.

El adolescente vende dulces a sus compañeros de salón para solventar su pasaje, los trabajos de impresión  y el uso de internet en el cíber. Su mamá es ama de casa y su papá  conserje de un condominio.

Hace dos años rindió exámenes para integrar la segunda promoción de estudiantes del Bachillerato Internacional (BI) de su colegio. De 300 chicos, solo 30 -los mejores puntuados- entre ellos Ariel, lograron ingresar. Su próximo desafío es convertirse en ingeniero.

Madres y estudiantes

En el colegio Vicente Rocafuerte de Guayaquil se desarrolló el acto solemne. En el juramento participaron 850 estudiantes (300 mujeres).

Nelson Loor, rector del plantel, explicó que se trata de la primera promoción mixta que en marzo próximo se graduará. “Ellas fueron las primeras en estudiar desde octavo año de básica”.

Una de ellas es Yamileth Portillo, quien tiene una hija de 10 meses. La joven madre estaba inquieta en la fila porque su hija lloraba desconsoladamente. El padre de la menor, Jonathan, de 17 años, la cargaba en sus brazos e intentaba hacerle fotos a su pareja cuando juró la bandera.

“Cuando me enteré de que sería mamá no pensé en ningún momento dejar los estudios. Quería darle un buen ejemplo a mi hija”.

Su madre, Leni Tomalá, cuenta que la noticia hizo que temiera. “Pero ella es muy responsable. En las mañanas atiende a Abigaíl y en las noches hace las tareas”. 

Después de graduarse Yamileth tiene entre sus planes  estudiar medicina en la universidad.

Otro caso es el de Elsa Illicachi, de 18 años, quien también contó con el apoyo de su madre cuando quedó embarazada. Ahora tiene a un niño de tres meses.

“Me quedé para supletorio, pero logré salir adelante y no perder el año. Deseaba que llegase este día. Cuando salga del colegio quiero trabajar para mantener a mi hijo. Nosotras no dependemos de un hombre para salir adelante”.

Superó la discapacidad

La estudiante de electrónica del colegio técnico Febres Cordero,  Diana Heupel, de 17 años, juró la bandera de pie.  Ella nació con un problema de pierna, cadera y rodilla derecha, lo que le impide arrodillarse y realizar esfuerzos.     

“Fue algo hermoso tener en mis manos la bandera porque pude hacerlo junto a  mis compañeros y no dejé que mi discapacidad me limitase físicamente. Cuando termine el año estudiaré ingeniería”.

Asimismo, en la escuela para personas con capacidades especiales, Fernando López Lara, ubicada en Durán, el estudiante Marlon Sáenz besó el pabellón.

El joven de 18 años, con discapacidad intelectual, limpió los zapatos y colgó el uniforme la noche anterior a la ceremonia.

 Su madre, Carmen Estrada, cuenta que él no memoriza lo que escucha. “Le leo pero pasan unos minutos y olvida todo”. Pese a ello, logró llegar al último año.

Marlon sueña con convertirse en piloto. Es amante de las bicicletas y la tecnología.

Este  jueves -según Loor- participarán en el acto solemne 40 estudiantes en situación de vulnerabilidad del Vicente Rocafuerte: casos de chicos enfermos con cáncer, embarazos complicados y en rehabilitación por consumo de drogas. (I)    

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