Viernes, 04 Noviembre 2016 00:00 Sociedad

Grupo vulnerable muestra sus habilidades en trabajos y pasarelas

La soltura de Alejandra Campoverde conquistó al público que estuvo en el desfile organizado en la Universidad Internacional del Ecuador.
La soltura de Alejandra Campoverde conquistó al público que estuvo en el desfile organizado en la Universidad Internacional del Ecuador. Foto: Carina Acosta / El Telegrafo

Jóvenes y adultos con discapacidad intelectual desarrollan proyectos productivos en Quito. En Argentina una integrante del colectivo ya es docente.

Redacción Sociedad y AFP

Chef, profesor, modelo y policía son las profesiones preferidas por los jóvenes con discapacidad intelectual que reciben atención en el Centro Diurno Conocoto (Quito).

Ellos demostraron sobre una pasarela  el potencial que tienen y de lo que son capaces. Tímidos y experimentados, se sintieron complacidos ante las palmas del público.

El proyecto fue organizado por  estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).

María Elena Loachamín observa con asombro a su hija Karen Suntaxi. Para ella fue una sorpresa su desenvolvimiento. “Cada vez me siento más orgullosa de Karen”.

Esta madre, hace 20 años, tuvo  un embarazo aparentemente normal, pero antes de llegar al quirófano para el parto a su hija ya se le divisaba la cabeza. “Sentí que estaba afuera. Creo que eso generó las complicaciones de mi hija”.

María Elena y Karen se convirtieron en compañeras inseparables. Sin embargo, María Elena tuvo una lucha dura porque los centros donde acudía su hija eran pagados y eso le representaba un fuerte gasto. Su angustia disminuyó hace dos años cuando llegó el gratuito Centro Diurno de Conocoto (Valle de los Chillos), administrado por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). “He visto avances en mi hija”.

Asimismo, Gonzalo Sánchez, quien hoy tiene 24 años, también demostró sus habilidades en la pasarela. El joven actualmente se desempeña como salonero en una parrilla. Su madre, Rosario Jácome, es la encargada de llevarlo y traerlo a diario.  

Tatiana Rosero, subsecretaria de Discapacidades, destaca el apoyo permanente de las progenitoras.  Este tipo de eventos -comenta- convierte al país en una sociedad incluyente y participativa.

El Centro Diurno Conocoto atiende a jóvenes, adolescentes y adultos. Paralelamente, los padres se convierten en actores fundamentales en el desarrollo de emprendimientos para generar ocupación laboral.

Los progenitores han impulsado planes como la venta de fresas con chocolatadas y pinchos de frutas. Los hijos los comercializan en eventos. Rosario narra el proceso: “Buscamos información de los ingredientes, nos asesoramos sobre la presentación de los productos al comprador y nuestros hijos nos ayudan en la fabricación”.  

Gabriela Guerrero, coordinadora del Centro, recuerda que la institución está enfocada en el desarrollo de las personas con discapacidad intelectual, su independencia e inserción social.

“Lograr que ellos se sientan útiles es lo mejor”, manifiesta.  

Noelia sorprende en Argentina

Con los ojos muy abiertos, los pequeños siguen el cuento que les narra Noelia Garella. Ninguno sabe que ante sí tiene a la primera persona con síndrome de Down que trabaja como maestra de preescolar en Argentina, y una de las pocas en el mundo. Niños de dos y tres años rodean a ‘La Noe’, como la llaman en el preescolar Jermonito, y le obedecen cuando pide que se sienten para narrarles un cuento. Después todos la imitan cuando abre la boca como tiburón. “Esto me encanta. Desde que soy chica soñé con ser maestra porque me gustan los niños”, dice Noelia, quien se graduó en 2007 de maestra preescolar en la ciudad de Córdoba y empezó a ejercer en 2012, encargándose del programa de estimulación temprana a la lectura en el preescolar Capullitos. “Muy rápido nos dimos cuenta de que tenía vocación y de que daba lo que más aprecian los niños de las salas maternales, que es el amor”, repasa Alejandra Senestrari, exdirectora de esa escuela. Si bien Noelia aún recuerda dos episodios nefastos de discriminación cuando era niña, hoy con 31 años de edad y cuatro como docente de la Municipalidad de Córdoba, cuenta con orgullo su experiencia de inclusión. “Con los niños siempre me siento bien, sus padres me adoran y las otras maestras y las directoras que he tenido son divinas”. Desde enero, junto a otra maestra, está a cargo de la sala de primer año en el Jardín Maternal Jeromito. “Este año tengo un niño con síndrome de Down”, dice entusiasmada delante de su madre, Mercedes Cabrera, una exempleada estatal jubilada.  Con el mismo tono de intriga pícara que imprime a cada comienzo de cuento, Noelia describe una moraleja que su madre recuerda con ojos llorosos y ella con sonrisa amplia: el día en que una directora de un jardín (preescolar) dijo a sus padres: “Aquí, señores, monstruos no, síndromes de Down, no”.

“Esa maestra para mí es como el cuento que leo a los chicos: un monstruo triste, que no entiende nada y se equivoca, en cambio yo soy el monstruo feliz”.  

Delfor Garella, su padre, recuerda otro golpe bajo. “Cuando nació ‘Noe’, nuestra primera hija, el médico me dijo: ‘Tengo una mala noticia que darle’; yo enseguida pregunté si había muerto, y me respondió: ‘no señor, peor, es Down’”. Al margen del trabajo, Noelia se desvive por el baile, “sobre todo la bachata y el reguetón”. Es la más sociable de la familia. “Es la que más sale, siempre tiene planes con sus amigos”, dice su hermana. Su autoestima y optimismo son a prueba de prejuicio. Así se ganó la empatía de sus colegas. Senestrari, supervisora de preescolares municipales en Córdoba, dice que tras un debate de padres, maestros y alcalde, concluyeron que el trabajo de Noelia podía dignificarse. Así se le dio la oportunidad de ejercer como maestra de asignaturas especiales. (I)

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