Lunes, 10 Octubre 2016 00:00 Sociedad

Entrevista / Luis Cabrera Herrera / Arzobispo de Guayaquil

"El punto de partida es la diversidad pero también el diálogo"

"El punto de partida es la diversidad pero también el diálogo"
Foto: Karly Torres / El Telégrafo

La cabeza principal de la iglesia en Guayaquil está a favor del trabajo entre religiones.

Redaccion Sociedad

Desde que monseñor Luis Cabrera Herrera se mudó a Guayaquil, tras ser nombrado Arzobispo, su ritmo de vida es distinto.

En Cuenca ejercía la misma función con 82 parroquias a su cargo pero ahora encabeza a 215.

La mayor parte del tiempo debe permanecer en oficina, atendiendo los asuntos administrativos, aunque admite que pasar tiempo con la gente, para él es como “el agua al pez”.

Mañana cumplirá 61 años y no estará en el país. Tiene previsto viajar a  Guatemala para participar en una conferencia sobre la Dignidad humana a la luz de la doctrina social de la iglesia.

Antes de su viaje abrió las puertas de su despacho a EL TELÉGRAFO para hacer una lectura de su permanencia en la ciudad, en estos últimos 10 meses.

¿Cómo maneja su rutina   diaria?

Vengo de los Andes y la costumbre de mis abuelos y padres ha sido levantarse y acostarse temprano, pero cuando estuve en Cuenca las reuniones eran a las 22:00 o 23:00 y mi ritmo cambió. Aquí he ido a pocas reuniones a esa hora,  pero trato de descansar lo suficiente de tal manera que a las 05:00 pueda estar en pie, así me queda tiempo para la oración que es como el combustible de cada día.

¿Cuántas veces ora?

Son dos veces fundamentales, en la mañana y en la noche, alrededor de media hora para agradecerle a Dios, y en el tiempo de las liturgias.

¿Se confiesa con otros sacerdotes?

Nosotros seguimos siendo pecadores, seres humanos y necesitamos ver la misericordia de Dios. En nuestra concepción católica se da a través de los sacerdotes.

¿Cada cuánto tiempo lo hace?

No se trata de un horario, sino que uno, haciéndose un examen de su conciencia, sabe que es mejor confesar los pecados cuanto antes, para seguir trabajando.

¿En estos 10 meses de trabajo, cómo evalúa a la comunidad guayaquileña?

Aquí hay un ambiente para descubrir, percibir, experimentar la cercanía de las personas y la hospitalidad, que es uno de los grandes valores que lo hacen sentir a uno como en casa. Una de las cosas importantísimas es haber descubierto un pueblo muy solidario. Otra de las cosas que más me llama la atención es el espíritu emprendedor. La gente no se queda de brazos cruzados, trata de inventar, ponerle mucha creatividad. Otra característica que he descubierto es que es un pueblo muy religioso y que lo expresa de una manera muy libre y espontánea, sin prejuicio, sin miedos, eso me impactó.

¿Por qué le impactó?

Vengo de la Sierra y el tema religioso muchas veces se maneja de una manera muy calculada, no se lo dice abiertamente, pero aquí no, las personas son muy libres al decir creo o no creo.

¿Qué diferencias hay entre la religiosidad de Cuenca y Guayaquil?

Hay que tener en cuenta un factor humano y es que en Guayaquil hay personas de todo el país que han venido con sus costumbres religiosas. Aquí, por ejemplo, me he encontrado con gente de Loja, con otra de Quito devota a la Virgen del Quinche. Hay una diversidad de expresiones religiosas enormes y eso me parece muy lindo. Por eso no podemos decir de aquí es de esa manera y de acá otra, pero la constante que he visto es la espontaneidad para expresar su fe, y el Viernes Santo, con la procesión del Cristo de Consuelo, es una muestra de ello.

El papa Francisco hace un llamado constante a renovar la fe. Se han perdido muchos adeptos. ¿Qué sucede?

En Guayaquil se encuentran muchas expresiones religiosas. Para mí, es importantísimo primero respetar y luego invitar a conversar para saber en qué puntos nos encontramos, qué es lo común y en qué nos diferenciamos.

El punto de partida es la diversidad pero también el diálogo, el saber que estamos en el camino de búsqueda de la verdad y que nadie tiene la verdad absoluta.

¿Se ha evidenciado disminución de la comunidad católica?

Sí, hay muchísimas personas que fueron católicas y que ahora pertenecen a iglesias evangélicas u otras denominaciones: testigos de Jehová, mormones e incluso gente que simplemente ha llegado a la indiferencia, una especie de agnosticismo.

¿Qué plantea la iglesia al respecto?

Hay varias acciones. La primera es la formación, invertir tiempo, recursos en la formación para que las personas que se dicen católicas sean conscientes de sus convicciones. Lo segundo es el diálogo con otras creencias o denominaciones, y lo tercero es trabajar juntos en proyectos de vivienda, salud, temas como la paz, y los difíciles como la prevención y rehabilitación de las drogas.

¿Ya existen proyectos?

Estamos haciendo algunos con Sociedades Bíblicas Unidas, que es una organización católico-evangélica. Se ha pensado empezar un piloto y ya hemos hablado con los responsables. Estamos en la fase de edición de textos de prevención, de tal manera que ayuden a las personas a crear lazos.

¿En qué consiste?

Va más allá de la información, se trata de crear espacios formativos en donde los jóvenes puedan desarrollar sus capacidades como la música, el teatro, la danza y el deporte.

¿Cómo ve este trabajo mancomunado, sin importar la religión?

Así tendría que ser, porque al final son los seres humanos los que están sufriendo, en este caso concreto los niños, adolescentes, jóvenes, que se quedan sin futuro, entonces es un tema ético, urbano que va más allá de lo religioso, de la espiritualidad, hay que ayudar.

¿En qué actividades se ha concentrado desde que asumió el cargo?

He estado en dos actividades, en la parte administrativa, encargándome de asuntos relacionados con las obras y con la red educativa. El otro ha sido de contacto directo con las comunidades y parroquias, como Monte Sinaí, Nueva Prosperina y Guasmos.

¿Qué ha logrado con estas visitas?

No encuentro otro camino mejor para poder conocer a nuestra gente que compartiendo el día a día, sobre todo escucharlas, porque el peligro es ir con respuestas hechas a preguntas que nunca le hacen. La gente lo acoge por respeto y queda un vacío. Qué bueno cuando uno dice, cuénteme su vida, su historia, ¿cómo está?, ¿qué piensa de eso? y dicen cosas contrarias a las que uno esperaba, pero qué bueno saber que saben disentir con razonamientos y argumentos.

¿Qué es lo que más recuerda de ese acercamiento?

A los niños y jóvenes. En la Sierra llegan pensando ¿quién será?; en cambio acá los niños corren, le dan un abrazo sin pensarlo. Es una alegría que le contagia, de tal manera que puede quedarse impávido y al final uno empieza a entrar en la onda, como dicen aquí.

¿Si está en una comunidad y lo invitan a bailar aceptaría?

El gran problema es que tengo que aprender un nuevo ritmo porque vengo de la Sierra y allá se baila el albazo, el sanjuanito, pero como se dice, cada quien mueve lo que tiene y como puede. Pero no me niego a una pieza, obviamente se ríen, ¿qué vamos a hacer?, siempre digo, ustedes invitan a un inexperto. Tengo que hacer un curso rápido. (I)

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