Miércoles, 08 Febrero 2017 00:00 Sociedad

El Consejo de Seguridad Ciudadana organiza un operativo para evitar aglomeramientos

Cuenca se prepara para acoger al 'sacerdote de las causas justas'

La estola sacerdotal, la casulla y el libro del evangelio acompañan el féretro de monseñor Luis Alberto Luna Tobar en la Iglesia del Sagrado Corazón de la Armenia.
La estola sacerdotal, la casulla y el libro del evangelio acompañan el féretro de monseñor Luis Alberto Luna Tobar en la Iglesia del Sagrado Corazón de la Armenia. Foto: Fernando Sandoval / el telégrafo

El cuerpo del exarzobispo Luis Luna Tobar llega hoy a Azuay y permanecerá hasta el viernes en la iglesia principal. Será sepultado en este mismo lugar.

Redacción Sociedad

Al interior de la Catedral de la Inmaculada, de Cuenca, será sepultado el viernes el cuerpo de monseñor Alberto Luna Tobar. La cripta, hasta ayer, era adecuada por trabajadores contratados expresamente para esta labor.

El lugar tiene una dimensión de 1,80 metros de largo por 90 centímetros de alto. Además, según el jornalero César Uday, se colocará una placa con el nombre del exarzobispo y en la parte alta la foto del prelado que falleció ayer en Quito, a los 93 años.

Para llegar al sitio, se requiere un permiso especial de la Curia de Cuenca. Muy pocas personas han visitado el lugar, pues no está abierto al público. El área está situada dentro de la Catedral y para acceder a este cementerio es necesario bajar 32 escaleras. Allí se puede observar las bóvedas donde reposan los cuerpos de personas que han hecho historia, tanto sacerdotes, como poetas y escritores.

Entre ellas la de fray Vicente Solano, quien además fue periodista y quien impulsó la circulación del primer periódico de Cuenca llamado ‘Eco del Azuay’. También se encuentran los restos del poeta Remigio Crespo Toral y de los religiosos Daniel Hermida, Miguel Cordero Crespo, Eudoxia Alvarado, Manuel Serrano Abad y otros.

El sitio tiene capacidad para 300 personas, aproximadamente, las cuales acompañarán a monseñor Luna, antes de que sea sepultado.

Se prevé que autoridades religiosas del país llegarán a Cuenca para acompañar en la velación. Del mismo modo está previsto que los católicos cuencanos salgan a las calles y lleguen a la Catedral para despedir a monseñor. En este sentido el Consejo de Seguridad Ciudadana toma las precauciones para evitar posibles aglomeramientos.

El cuerpo de monseñor Luna llegará hoy al aeropuerto de esta ciudad luego del mediodía.

Desde este sitio será llevado a la Catedral de la Inmaculada, en un recorrido por la calle Bolívar en el centro histórico. En la iglesia también se realizarán algunos eventos litúrgicos que los presidirá el arzobispo de Cuenca, Marcos Caicedo.

El cuerpo de Luna permanecerá dos días en la Catedral. El viernes a primera hora habrá una eucaristía, mientras que a las 09:00 será el homenaje de las autoridades locales y después del mediodía, tras una homilía, el cuerpo de monseñor será trasladado a la cripta ubicada en el interior de la Catedral.

Para el padre Rigoberto Jara, el fallecimiento de Luna Tobar deja un legado a los cuencanos. “Es un legado de amor, es un legado de sacrificio, de ayuda hacia los demás”, manifestó el sacerdote que hace las veces de canciller de la Curia de Cuenca.

Las autoridades locales y los ciudadanos expresaron su consternación por el deceso.

Las redes sociales se inundaron de mensajes de pesar y tristeza ante la partida del denominado cura ‘rojo y comunista’ perteneciente a la Orden de los Carmelitas Descalzos. (I)

La cripta, donde será sepultado el exarzobispo de Cuenca, está ubicada al interior de la Catedral de la Inmaculada. Allí reposan sacerdotes y poetas. Foto: Fernando Machado / EL TELÉGRAFO

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Un torero aficionado y también cantor

Amante del chocolate, torero aficionado y cantante de música sacra, pasillos y hasta de tangos, así lo recuerdan quienes pasaron los últimos momentos de vida con monseñor Luna Tobar. Hace siete años llegó de Cuenca a la casa sacerdotal de la parroquia Sagrado Corazón de la Armenia, en el Valle de los Chillos, donde cada mañana acudía al comedor para disfrutar de la primera comida del día.

En la tarde tomaba una siesta y antes de la cena iba hasta la capilla para recibir la comunión. Solo los últimos 10 días no salió para nada de su habitación. Dejó de lado los paseos por los jardines del lugar y también la ingesta de alimentos y solo se mantenía con suero. “Siempre estuvo muy tranquilo y en paz como fue toda su vida”, contó Nora Rodríguez, una de las dos enfermeras que lo cuidaban.

El mal de Alzheimer que padeció lo hacía apartarse de la realidad y entablar viajes imaginarios a los que Nora lo acompañó en varias tardes. Juntos disfrutaron de la programación televisada y hasta de dibujos animados. “Le gustaban los dulces, con un chocolate lo calmábamos en sus enojos y en los viajes imaginarios llegamos a Roma en barco”. Nora contó que cuando ya era religioso, monseñor acudió con su sotana a una de las haciendas de sus amigos en Laso (Pichincha) para mostrar sus habilidades en el toreo. Tuvo que coser la sotana para que no se dieran cuenta en su congregación lo que él hacía en sus tiempos libres. (I)

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