Lunes, 02 Octubre 2017 00:00 Punto de vista

Punto de vista

Una sociedad estamental

Ángel Emilio Hidalgo, Historiador

El proceso de conformación de los gremios y sociedades artesanales en Guayaquil se inicia cuando los artesanos se unen para defender sus intereses comunitarios, ayudarse económicamente, educarse e incorporarse a la esfera pública como ciudadanos de la nación. Pero el cambio de mentalidad que implicó asumir una práctica asociativa considerada “moderna” no se verificó de la noche a la mañana.

A lo largo del siglo XIX se producían cambios en las sociabilidades que trastocaban el modo de vida, a la par que modificaban la cultura asociativa de estos grupos que en las primeras décadas se reconocían como “gremios de artesanos”, para convertirse, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en “sociedades artesanales”. La clave de estos cambios radica en la transformación de una sociedad estamental a otra moderna, donde gradualmente se incorporan prácticas de “civilidad”.

Este proceso se cumplió en el siglo XIX, luego de la independencia política alcanzada por Guayaquil (1820) y los primeros pasos en la formación de un Estado nacional ecuatoriano que implementó un proyecto oligárquico terrateniente (1830-1895), el cual excluyó a muchos actores políticos, económicos y socioculturales. 

A pesar de la independencia política las estructuras coloniales permanecieron prácticamente intocadas. Una sociedad estratificada, étnicamente dividida en “castas” y políticamente en “hermandades” y “cuerpos”, prevaleció con sus valores, discursos y prácticas, frente a una ideología republicana que no lograba asentarse en el aún precario régimen estatal.

Según la historiadora mexicana Marialba Pastor, las corporaciones coloniales eran “personas morales colectivas, sujetos colectivos de derecho”, cuya existencia  estaba sujeta a la autorización de las autoridades correspondientes. En este grupo se inscriben los gremios artesanales, que eran espacios de sociabilidad donde la identificación colectiva predominaba sobre la individualidad. Esa “hermandad de cuerpo” funciona de tal manera, que “borra la libertad y la autonomía individuales y reduce a las personas a objetos de “voluntad superior”, de la voluntad del grupo”.

En el caso de Guayaquil existen gremios desde la época de la Colonia, por lo general identificados con las distintas cofradías religiosas de la ciudad. La primera fuente que detalla la integración y las actividades de las cofradías guayaquileñas es el relato del jesuita Mario Cicala (1771), donde se subrayan las destrezas de los trabajadores manuales que abundan en el puerto. (O)

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