Punto de vista

¿Prefiere que sus hijos tengan cáncer o feminismo?

- 09 de Enero de 2017 - 00:00

Sin duda, uno de los personajes llamativos del muestrario ministerial de Donald Trump es Stephen Bannon, responsable de comunicación de la campaña presidencial y jefe principal de la estrategia de la Casa Blanca. Su biografía comenzó en la Marina y siguió en Harvard y, más tarde, en la compañía financiera Goldmann Sachs. Tuvo un exitoso paso por Hollywood como productor de películas que no pasarán a la historia, pero que alcanzaron para situar a Bannon como un intelectual relevante de filas conservadoras. Documentales sobre Ronald Reagan, la exgobernadora de Alaska Sarah Palin y el movimiento ultraconservador Tea Party prepararon el terreno para que desde 2012 asumiera la dirección del portal Breitbard News, uno de los pilares desde donde se construyó la candidatura presidencial de Trump.

Desde su portal, Bannon difundió ideas racistas, misóginas, homofóbicas y antisemitas, a partir de una base populista, belicista y de teorías conspirativas. Desde llamar “judío renegado” a un comentarista conservador, a publicar titulares como “La pastilla anticonceptiva las vuelve feas y locas”, o plantear encuestas del tipo “¿Ud. prefiere que sus hijos tengan cáncer o feminismo?”, Bannon fue uno de los principales impulsores de las críticas del sistema político de EE.UU., enarbolando la candidatura de quien, a su juicio, era considerado como el mejor representante de su visión “antisistema”, y como el encargado de llevar adelante el sueño del re-nacimiento americano.   

Algunas de las frases que representan a este periodista-ideólogo, expresadas por él o a través de su portal son “El miedo es una buena cosa. El miedo lleva a tomar medidas”, “Soy un leninista. Lenin quería destruir el Estado y ese es mi objetivo también. Quiero llevar todo a derrumbarse y destruir todo lo establecido hoy”, “No quiero que mis hijas vayan a una escuela con judíos. No me gustan los judíos ni la forma en la que crían a sus mocosos hijos”, “Abolir la esclavitud fue una mala idea”, “La solución contra el acoso en internet es sencilla: las mujeres deberían desconectarse”, “Ninguna de las personas involucradas en la estafa del calentamiento global merecen la más mínima pizca de respeto. Son pura escoria”, “Las mujeres no consiguen trabajos tecnológicos porque no hacen bien las entrevistas” y “Todos los jóvenes musulmanes de Occidente son una bomba de relojería, cada vez simpatizan más con los radicales y los terroristas”.

Más allá del repudio que sus ideas puedan merecer, no cabe la duda de que Bannon se erige como el intelectual modelo para la naciente “filosofía” o “doctrina” trumpeana. Más allá de la poca consistencia de sus ideas y de su nivel ramplón y prejuicioso, habrá que seguir a Bannon con cuidado, como el hombre que proporciona el horizonte ideológico a un gobierno que se prepara para ser tormentoso e incierto. Por su capacidad intelectualmente organizadora y por la función esencialmente coercitiva a ejercer en el futuro inmediato, Bannon podría estar cumpliendo el papel de “intelectual orgánico” de la administración Trump, de acuerdo al concepto imaginado hace ya un siglo por el marxista italiano Antonio Gramsci. (O)

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