Punto de vista

Piedras rituales, sacrificios: Similitudes entre Imbabura y Tungurahua

| 22 de Septiembre de 2017 - 00:00

Había publicado en el año 2001 un librito titulado Patate en el siglo XVIII, que trata sobre la historia de este cantón tungurahuense. Realicé transcripción paleográfica de inventarios de bienes de haciendas, entre las que estaban las de los jesuitas, en las que se producían de mieles y aguardientes, debido a interminables cañaverales que cultivaron con introducción de esclavos negros.

En mis recorridos por muchos de estos lugares para escribir constataciones, en la loma del adoratorio, ahora cristiano, con una cruz de cemento que acaban de derruirla (2017), me indicaron una piedra del tamaño de una persona, hecha en una sola pieza. Dicha piedra la habían arrumado con un tractor como cosa sin valor, y así sigue hasta la actualidad. Tomé una fotografía que está publicada en la p. 54. El pie de foto dice: “piedra colonial para pisotear uvas y hacer vino”. Esa fue la explicación de la gente con la que fui a mirar la piedra. Debido a que los jesuitas hacían también vino con el producto de sus inmensos viñedos, conforme a las descripciones. Creí que había publicado un acierto. Ahora me doy cuenta de que cometí un gran error (y puedo caer en otro pues no soy arqueólogo) y que lo paso a explicar con los siguientes argumentos:

Primero, la piedra estaba contextualizada en dicha loma, que la gente la tiene como colina ceremonial. Es una lomita redondeada desde cuya cima no puede ser mejor la mirada al volcán Tungurahua teniendo a sus pies el río Patate. En esa elevación superpusieron el símbolo del cristianismo: una cruz, para sincretizar las adoraciones entre los indígenas. Nuevas lecturas sobre arqueología y etnolingüística me llamaban la atención sobre las similitudes léxicas de la toponimia entre Imbabura y la zona de Patate, conforme queda argumentado en el libro que acabo de publicar con el Municipio de esa ciudad: Senderos históricos de Patate. No hay duda de que la similitud del clima cálido seco habría dado pie para el asentamiento de esta gente en Patate.

¿En qué época se produjo esto? Queda como interrogante, pero una conclusión preliminar tiene asidero al mirar los escritos de las primeras épocas de la colonia. En esos textos está la toponimia como un hecho pre-quichua. Cierto día que entramos a la hacienda de ‘Pantaví’, en la ruta entre Salinas de Imbabura hacia los balnearios de Chachimbiro, por la curiosidad de sus jardines y la inmensa casa de hacienda de estilo colonial. En medio del patio estaba una piedra similar a la de Patate. Un trabajador campesino de los que llamamos peones, posible heredero de su cultura, viendo mi curiosidad por la piedra, negó que la piedra haya servido para pisotear uvas. “Esta piedra la trajimos a la hacienda desde una loma de por aquí”, nos dijo. Ahora está ‘adornando’ el patio de esta hostería. Pero la gente no sabe que es piedra de sacrificios humanos. Aquí hacían acostar a las mujeres que empezaban la fecundidad y les cortaban las venas del cuello. Mire que por estas canaletas bajaba la sangre de las víctimas que eran recogidas en vasos sagrados para ofrecer a los dioses. Y sin más, una de las mujeres que nos acompañaban en el viaje, terminó acostándose en la piedra para hacer una fotografía.

Dicha piedra que tenía unos canales laterales, y una gran ranura en el medio, y que es, (fuera del morbo) una vulva, un sexo femenino pétreo: es la piedra de la fertilidad. El trabajador informante que entrevistamos por el año 2008, dijo que él sabía de la existencia de tan solo unas cuatro de estas piedras en sendos sitios rituales en Imbabura. Consulté con base en fotografías a los arqueólogos Myriam Ochoa y Ernesto Salazar. Su respuesta prudente fue: “Revisamos la foto que nos envía y lo más parecido que hemos encontrado es una piedra en Cochasquí. Sin embargo, la piedra que usted nos muestra es una piedra sin contexto, por lo tanto no se puede hacer ninguna interpretación.

La explicación que le han dado en torno al tema del ritual en esta piedra es un tanto aventurada, pues si eso no consta en alguna fuente confiable, queda solamente en fábula.” De todos modos, esta piedra de los supuestos sacrificios de la fecundidad encontrada en Patate es una verdadera reliquia que nada tiene que ver con los incas.  Nos deja un testimonio de enraizamiento que debió tener esta cultura en nuestra geografía tungurahuense. (O)