Punto de vista

Mujer, ciencia y derechos humanos

- 14 de febrero de 2017 - 00:00

La Asamblea General de Naciones Unidas, el 22 de diciembre de 2015, mediante Resolución A/RES/70/212, proclamó el 11 de febrero de cada año como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, como parte de los compromisos de la comunidad internacional y los países del mundo para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030, garantizando la igualdad de género.

Las Naciones Unidas, en diciembre de 2013, a través de la Resolución 68/220, ya abordó este tema y planteó que el acceso y la participación en condiciones de igualdad para las mujeres y las niñas de todas las edades en la ciencia, la tecnología y la innovación para el desarrollo, eran imprescindibles para lograr la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer y la niña en el mundo contemporáneo.

De acuerdo con un estudio promovido por NN.UU. en 14 países, la probabilidad de que las mujeres estudiantes terminen una licenciatura, una maestría y un doctorado en alguna materia relacionada con la ciencia es del 18%, 8% y 2%, respectivamente, mientras que la probabilidad para los varones es del 37%, 18% y 6%. Las oportunidades académicas para los hombres en el ámbito de la ciencia son mayores y duplican el porcentaje frente a las mujeres.

En el Ecuador, según datos del Sistema Nacional de Nivelación y Admisión, en el segundo semestre del 2016, carreras como matemáticas puras, ingeniería mecánica y física aún son ocupadas por varones, mientras que las mujeres en el 28,72% optan por carreras relacionadas con la salud, como enfermería, obstetricia y medicina; en el 18,27% eligen carreras relacionadas con educación comercial y administración y el 13,38% se deciden por profesiones relacionadas con las ciencias sociales y del comportamiento como trabajo social, comunicación y psicología.

Los datos mencionados no son sino el reflejo de representaciones, prácticas y patrones socioculturales de una sociedad marcada aún por estereotipos androcentristas y patriarcales que se reproducen en la familia, la educación, la religión y los medios de comunicación, respecto a los roles de género. En particular, en la educación es necesario discutir los contenidos educativos y los procesos que encaminan las opciones ocupacionales para que garanticen el acceso y participación de mujeres y niñas al ámbito de la ciencia, tecnología e innovación.

Como país estamos abocados a cumplir una de las recomendaciones del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, dirigida a promover desde diversos sectores, públicos y privados, sociales, gremiales y empresariales, académicos e intelectuales, una amplia estrategia orientada a mujeres, hombres, niños y niñas con el fin de eliminar las actitudes estereotipadas patriarcales, androcentristas, basadas en el género, acerca de las funciones y responsabilidades de mujeres y hombres en la familia y en la sociedad. (I)

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