Jueves, 01 Diciembre 2016 00:00 Punto de vista

Punto de vista

Los protagonistas y la fundaciones de diversos pueblos en territorio nacional

Pedro Reino Garcés, historiador/cronista oficial de Ambato

“Los historiadores del futuro tendrán muchos quebraderos de cabeza cuando traten de establecer la fecha, el sitio y el nombre  con que estos españoles habrían ‘fundado’ Guayaquil. Primero se inventaron una simple ficción notarial, el 15 de Agosto de 1534, cuando Diego de Almagro, apresurado por el arribo de Pedro de Alvarado, fundó un tal Santiago de Quito, especificando que lo hacía, en el pueblo de Riobamba, por lo que el acta levantada  ese día equivale en realidad a la partida de nacimiento de tres ciudades al mismo tiempo: Guayaquil (por el patrono), Quito (por el nombre) y Riobamba (por el sitio).

Entre las tres se disputarán el dudoso privilegio de ser la segunda villa más antigua de estos lares, después de Piura, fundada por Francisco Pizarro aún antes de la captura de Atahualpa. Como quiera que fuese y después de asentar Quito el 6 de diciembre de 1534, Sebastián de Benalcázar bajó hacia la Costa, haciendo otra fundación de una Villa de Santiago en un lugar que él llamó Estero de Dima, sitio cuya ubicación exacta nadie conoce. Atribuyéndolo unos al pueblo de Vinces, y otros, a un pequeño poblado sobre el río Guayas. Lo cierto es que, tan pronto llegaron a nuestras costas, los europeos se han dado a conocer con la misma ferocidad, avaricia y lujuria de que han hecho gala en todas partes”. Después de cederles tierras y oro, porque a los nativos les sobraba, “la guerra comenzó por las mujeres… y los derrotamos.

Solo quedaron vivos seis y eso porque corrieron con tal velocidad que más parecían venados que guerreros. Pero volvieron. El mismo Diego de Daza, que había estado entre los sobrevivientes, se unió con un tal Pedro de Tapia y trataron de sorprendernos a mansalva, creyendo que nos iban a espantar con sus caballos y sus armas de fuego. Como ya sabíamos que la tal pólvora de que hacen gala, es más bulla que otra cosa y como habíamos visto morir a los caballos (contrariamente a la superstición de que eran inmortales), también los rechazamos, haciéndolos huir una segunda vez. Se enfurecieron. Como estos españoles han estado más acostumbrados a que la gente les corra que a correr ellos, montaron en cólera por haber sido derrotados dos veces.

Así llegó un tal Francisco de Zaera, que dijo que era capitán y que venía en representación de Francisco Pizarro, que se decía Gobernador y que era el mismo que había capturado  y asesinado al inca Atahualpa.

Esto pasó hace dos soles, en el año que ellos dicen de 1536 y como ese tal Zaera, dijo que venía en son de paz, así lo recibimos. Largo y tendido se negoció entre los jefes cristianos y los huancavilcas viejos. Los ‘lenguas’ tuvieron que turnarse para traducir todo lo que se decía de un lado y del otro. Y volvieron a lo mismo. Y otra vez nos pidieron quedarse en nuestras tierras, y otra vez accedimos.” Después que pidieron tierras y más oro, les dijimos que habían leyes para tener mujeres… “Pero ellos ya saben que nuestras mujeres no los quieren, porque no se bañan nunca y andan todos apestosos por esos fierros que usan de vestidos. Zaera dijo que lo aceptaba todo; pero ya no le creímos con la misma ingenuidad de antes, porque ya sabemos que esos europeos dicen una cosa y piensan otra… Y ahora se ha puesto en claro que lo que estos castellanos quieren es el río de Guayas, porque ha venido otro capitán, este Francisco de Orellana, que ya ha quedado tuerto por sus fechorías en otras partes y ayer dizque ha fundado Guayaquil. Cogió el asentamiento que estaba en el Yaguachi y lo ha trasladado a la colina que nosotros llamamos Lominchao, que en lengua del inca se nombra Llusca-loma y que estos europeos mentan Cerrillo Verde o de Santa Ana. Esto es lo que ha pasado ayer. Y nos parece de mal agüero, que anuncia nuevas guerras, porque este tuerto no le gusta a nadie”.

Estos datos que quedan entrecomillados han sido tomados del periódico ‘El Provincial’, reproducido el 25 de julio de 1981. Según los datos, su redacción corresponde a Pedro Saad Herrería y circuló con diario El Comercio. Se explica que fuentes y datos históricos corresponden al Instituto ‘Jacinto Collahuaso’. Lo curioso de todo esto es que sin siquiera estar seguros de las llamadas fundaciones españolas,  se las celebra con unas pomposidades, con miles de artefactos de pólvora traída del recuerdo de los conquistadores. (O)

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