Jueves, 19 Enero 2017 00:00 Punto de vista

Punto de vista

Los poderes de un Estado y el espíritu de las leyes, ¿un calco del cristianismo?

Pedro Reino Garcés, historiador/cronista oficial de Ambato

Podemos parafrasear sermones sobre ese intríngulis que no acabamos de entender en el ‘gobierno’ del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ejecutivo, Legislativo y Judicial son los poderes simbólicos de un Estado como los nuestros, surgido del espíritu de las leyes. Teoría desarrollada por el Barón de Montesquieu (Charles de Secondat 1689-1755, Francia), quien opinaba que “el poder es indivisible y le pertenece al titular de la soberanía” (¿el pueblo?). ¿Es un calco del dogma cristiano? ¿Cómo pasó a la teoría política que regula nuestras democracias? Es el abstracto de la legislación que sostiene  ese espíritu santo del poder. Digamos ahora que la evolución de las legislaciones son constructos de cada cultura porque lo que está bien para unos, no lo está para otros.

Los árabes no van a funcionar lo mismo que los incas o que los vietnamitas. A esto hay que añadir el eje transversal de la cronología, puesto que lo que está bien para una época, como la Edad  Media o la época monárquica, nunca puede estar acorde al Renacimiento, al modernismo o al neoliberalismo. Según el imaginario dominante o gran espíritu dogmático de una ley para una cultura y una época, podemos pasar a pensar en un ejecutor. Siempre hemos de creer en ese Ejecutivo paternal que ejerce el poder.

Para los subalternos, es el encargado de  hacer respetar las reglamentaciones sociales. De la experiencia vivida, dicho ejecutor pasa a sentirse un iluminado, un aureolado que se contamina de envanecimiento por quienes alimentan su ego. Pensando en los ejecutores del Ejecutivo, se sienten protegidos por una corte de honor. Por eso han habido papas que han respondido a resoluciones de concilios; emperadores, como los romanos, que han funcionado con las opiniones y consejos de las élites; o presidentes de las democracias que deberían poner en vigencia lo que han dictaminado y aprobado las diputaciones. Leyes u ordenanzas  del Poder Legislativo deben ser producto del encargo otorgado a través del voto, hecho a sus diputados, por parte de la masa popular que les da esa categoría, para que debatan y reglamenten por y para la plebe (término más acorde que pueblo, debido a su incultura política).

Un padre-ejecutivo dice que obedece a las leyes que le da una legislación (Constitución) para que haga cosas para una buena gobernabilidad. Legislar con ‘freno constitucional’ es priorizar la racionalidad e inteligencia de quienes están comprometidos con el sentido de la palabra ‘diputación’, que quiere decir que tienen un encargo del poder popular, de lo que, supuestamente, quiere el pueblo. ¿Y qué hace el Poder Judicial? Son los dueños de las espadas castigadoras y de las llaves de las cárceles. Para ser buenos jueces, primero deben ser buenos legisladores, caso contrario es peligroso que se conviertan en esbirros natos, en meros ejecutores de órdenes superiores, o sea en simples alguaciles.

Estar acorde con la verdad y a su convencimiento de la justicia debe ser premisa. ¿Estarán en capacidad de hacer cumplir leyes hechas por adversarios? ¿Serán coherentes con la razón, con la justicia o con la situación? Me suena a que son porteros del infierno porque, como la mayoría de leyes son castigadoras, como intérpretes-especialistas no les queda más que enrumbar la justicia por medio de la represión. ¿Esta es la cara oculta del Espíritu Santo? ¿Qué es el Poder Judicial sin el Poder Legislativo en el mejor sentido de la palabra? ¿De dónde surge el espíritu de una ley? A las sociedades cristianas como las nuestras, nos han dicho que la Trinidad es una con tres personas distintas. Que hay un solo Dios (abstracción de todos los poderes) en tres personas distintas; y que como esto es un misterio, no se puede entender con la razón.

Entonces sí que nos fregaron  porque, separado de la razón, yo homo sapiens, paso a ser un mueble o un anodino que si no puedo sentir dolor ni alegría, debo parecer un palo derribado. ¿Y si pienso en otra trinidad ejecutiva?: Armas (con ejércitos y mercenarios), riqueza (con dinero y control de bienes) y convicciones (diversas formas de la fe y placeres que procuran la felicidad), aclarando que la fe es la encarnación de ideologías. Es sabido que la plata y las armas son los brazos ejecutores del poder, que es el abstracto de la convicción. Se soborna o se amenaza; se mata y se legitima la masacre, que es lo que hace felices a unos y desgraciados a otros. (O)

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