Lunes, 14 Noviembre 2016 00:00 Punto de vista

Punto de vista

La prensa guayaquileña y el 15 de septiembre

Ángel Emilio Hidalgo, Historiador

¿Fue la prensa un actor político o quizá un gremio que colaboró con el discurso de alguna facción, durante los hechos que desembocaron en la matanza a los obreros guayaquileños, el 15 de noviembre de 1922?

No se ha reparado en la influencia que jugó la prensa en la construcción de la opinión pública, habida cuenta del “estado de sitio” en el que prácticamente los huelguistas mantuvieron a la ciudad de Guayaquil, la semana de la huelga general. Es evidente que, más allá de los rumores que se esparcían y las noticias que se difundían de boca en boca, la lectura de los periódicos fue una práctica obligatoria entre quienes seguían el curso de los acontecimientos.

Tres eran los más importantes periódicos que circulaban en Guayaquil, hacia 1922: EL TELÉGRAFO, El Universo, El Guante, todos de tendencia liberal. También había periódicos filoanarquistas como El Proletario y El Cacahuero.

El historiador estadounidense Ronn Pineo, en un artículo publicado en 1992, ensaya una interpretación sobre las condiciones que motivaron la agitación popular y la radicalización obrera, al tiempo que se refiere, al paso, a ciertas opiniones publicadas en El Universo. En ellas, da cuenta del parcial respaldo que inicialmente recibieron los huelguistas de la prensa: “Los editores de los periódicos se concentraban alrededor de la huelga y la opinión editorial en los mayores diarios hacía hincapié en lo razonable de los reclamos”.

Pineo continúa describiendo el eco que tuvo la huelga en la prensa, centrándose en la versión de la crisis que da El Universo, cuando el 10 de noviembre hace un llamado a “atacar el origen del problema”. Según este medio, “la verdadera causa del malestar laboral, era el problema del cambio de la moneda”, opinión que coincidía con la de los síndicos contratados por los manifestantes: José Vicente Trujillo y Carlos Puig Vilazar. El pedido puntual consistió en solicitar al presidente José Luis Tamayo que “detenga “el control monopólico” del cambio monetario”.

El investigador Patricio Martínez, por su parte, tasó el papel de la prensa, en relación a un discurso de tinte oligárquico que sucedió a la matanza de los obreros del 15 de noviembre de 1922. Martínez realiza un análisis del discurso a las voces “oficiales” del gobierno, lo cual resultaría comparable a la “posición tibia” de ciertos medios guayaquileños, especialmente diario El Universo.

En 1986, el sociólogo Alexei Páez trazó una descripción detallada de los actores políticos y sociales de 1922, caracterizando los grupos en conflicto y destacando el papel de los círculos anarcosindicalistas, así como de la prensa obrera en la década del 20, que intervino en la coyuntura. El texto de Páez es importante porque logra derribar el mito de la historiografía institucional del movimiento obrero que hablaba de la existencia de una organización anarquista que fracasa en la huelga general de 1922. Por el contrario, Páez demuestra la precariedad organizacional del movimiento, lo que finalmente aparece como su principal debilidad. Esa improvisación en la toma de decisiones y ausencia de organicidad, vuelve vulnerable la agencia política de los huelguistas y posibilita, de algún modo, la aparición de “otras agendas”, distorsionándose así el reclamo original de los trabajadores.

Entre las fuentes que nos ayudan a entender las reivindicaciones de los obreros, figura el texto de Alejo Capelo Coello, quien fue uno de los principales protagonistas de la huelga general de 1922 y dirigente máximo del Frente Regional de Trabajadores del Ecuador (FRTE). Escribió 2 textos en recuerdo del 15 de noviembre y en el último de ellos, que fue publicado poco antes de su muerte, dejó sentado su testimonio y relató las maniobras políticas que realizaron algunos integrantes de la huelga, cercanos a la Confederación Obrera del Guayas, organización que mantuvo una actitud conciliadora con el gobierno de José Luis Tamayo.

En esa línea, Narciso Véliz, líder sindical y director del periódico filoanarquista El Cacahuero, incrimina a los abogados de los trabajadores, Carlos Puig Vilazar y José Vicente Trujillo, de haber “traicionado” a sus compañeros y al contenido original de las reivindicaciones obreras, en la huelga general de 1922. Esta fuente es de gran importancia porque expresa la posición de los obreros y artesanos manifestantes, quienes señalaban que no tenían nada que ver con la discusión mantenida sobre la baja del cambio. (O)

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