Viernes, 01 Septiembre 2017 00:00 Punto de vista

Punto de vista

Hugo Mayo por más de 20 años con La Trinchera

Hugo Mayo por más de 20 años con La Trinchera
Jaime Gómez Triana, crítico e investigador teatral cubano

De gran importancia, por su cualidad renovadora y liberadora, la obra poética del montuvio Hugo Mayo -Miguel Augusto Egas Miranda (1897-1988)- ocupa un lugar destacado dentro de la producción literaria ecuatoriana. Su escritura y su biografía hacen parte hoy de la identidad cultural de Manta, su ciudad natal y también de Guayaquil, donde vivió y murió. Difundidos en importantes revistas fuera de su país, sus versos estuvieron por mucho tiempo desperdigados aquí y allá, para ser tardíamente recogidos en libros. Vinculado a importantes intelectuales de su época, con los que intercambió correspondencia, su rol como promotor de la literatura de vanguardia en Ecuador es innegable, como también lo es la influencia que ejerció en autores más jóvenes que recuperaron su voz durante las décadas de los 70 y los 80.

El zaguán de aluminio es un poemario suyo, publicado en 1982, que tiene una historia singular. Escrito por vez primera en la década del 20, se perdió y fue reconstruido por su autor 60 años después, lo que lo convierte en un hallazgo de una arqueología personal, resultante de la indagación en la expresión y en las vivencias de una época que, necesariamente, incorpora concepciones y convicciones de otra. Confieso que siempre me ha fascinado ese trabajo de autoedición, que transforma al poeta en actor, obligado a revivir sucesos para rescatar imágenes y palabras olvidadas. La peculiaridad de ese proceso puede ser constatada en sus propios versos: “(…) he robado la primera sangre / del recuerdo y la última alegría / de la tiniebla”. Suspendido entre la infancia lejana y la acechante muerte, el poeta recupera paisajes que se constituyen en su verdadera patria.

Es justo esa inmersión en la memoria la que me permite entablar un diálogo con la puesta en escena que, a partir de los poemas y la biografía Mayo, concibieron el dramaturgo y director Arístides Vargas y la actriz Rocío Reyes. Denominada como el poemario, la pieza unipersonal junta fragmentos diversos para hacernos recorrer los senderos y los encuentros que nutren a un poeta en formación. Poquísimos elementos son suficientes para proponer al espectador las imágenes que configuran el mundo y las añoranzas del escritor. En escena, el personaje, niño y viejo a un tiempo, juega y convoca a sus fantasmas. Al fondo, un péndulo gigantesco nos recuerda que el indiscutible protagonista de la obra es el tiempo que fluye y confronta al poeta, con las múltiples estrategias que le permiten escapar y permanecer.

Filosófica y vanguardista, la poesía de Hugo Mayo consigue hacerse tangible en la voz de Rocío Reyes, al tiempo que nos permite adentrarnos vivamente en la historia de vida de este autor.

Con más de 20 años en el repertorio de La Trinchera, El zaguán de aluminio hace parte de la identidad de este colectivo, radicado en Manta, y da fe de la vocación cultural y el compromiso intelectual de estos creadores con legado de figuras imprescindibles del panorama artístico-literario en el país. (O)  

 

 

 

 

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