Punto de vista

Esencia y tecnología

- 20 de diciembre de 2016 - 00:00

Literalmente el mundo no para un segundo en la búsqueda constante de evolucionar y encontrar nuevas respuestas a viejas inquietudes y si le sumamos a esto el enorme abanico de descubrimientos que tenemos el privilegio de conocer, podemos en parte comprender que el fútbol -un juego ligado puntualmente al talento y a la astucia de los jugadores- también va a incurrir indefectiblemente en nuevas observaciones que contradictoriamente atentan contra la naturaleza del juego. Para ingresar en el tema y abrir la discusión es necesario que expongamos con fundamentos claros a qué me refiero cuando digo que un partido de fútbol depende mucho en su desarrollo de la viveza de ciertos jugadores que buscan sacar sanamente ventajas sobre su rival, coyuntura que los que pisan el rectángulo sagrado conocen a la perfección y que más allá de alguna bronca la entienden como genuina y apropiada en la mayoría de los casos. El balompié como negocio hoy transita por momentos impensados con cifras escalofriantes llevando el futuro del balón quizás a lo riguroso que puede ser un bisturí en su accionar.

Los responsables de estas innovaciones seguramente se ven avasallados por infinidad de intereses que solicitan veredictos certeros a las dudas que se ocasionan en cada partido sabiendo que el resultado puede ocasionar pérdidas majestuosas de dinero o ganancias abismales. Las reglas del juego que para todo esto han ido desarrollándose para que el espectador disfrute un de un espectáculo dinámico y sin muchas pausas, colaboran a la perfección si las sumamos a las velocidades que se juega en la actualidad por la preparación física y técnica que tienen los deportistas, combinación letal que seduce cada vez más a un cosmos ávido de diversión.

Los cuerpos técnicos actuales se preparan muchísimo y conviven con la actualización de sus conocimientos, se apoyan en videoanálisis, programas especiales, infinidad de herramientas que, de a poco, se han ido insertando como básicas en este trabajo. Todo esto nos da la pauta de que los detalles son cada vez más revisados y el margen de error se acorta a pasos agigantados demostrando  la importancia de esta invasión tecnológica en la que vivimos. Pero para no desviarnos del meollo al que quiero llegar, propongo que el debate sea a la altura y no simplemente por gustos personales entendiendo que todos podemos colaborar desde nuestro balcón con una crítica constructiva a este planteamiento que busca resaltar la importancia de respetar por sobre todas las cosas la identidad de un fenómeno que ya es parte de las idiosincrasias del planeta y que hoy, nuevamente, se ve ante unas modificaciones que aparentemente nos alejan de aquellos encantos iniciales que tuvo este hermoso juego.

Buscar severamente saber todo lo que sucede dentro del campo de juego puede ser un arma de doble filo porque los protagonistas se sentirán asediados y su comportamiento estará en la lupa constante, atisbado por ojos tecnológicos que tienen el privilegio de poder observar sin pulsaciones y opinar desde la frialdad de una imagen desconociendo por obvias razones pormenores que solo se sienten cuando se corre a la par con los futbolistas y cerca del balón.

Cuando apunto esto me refiero exclusivamente a los árbitros, protagonistas indispensables que tienen obligaciones descomunales porque sus apreciaciones y criterios pueden desviar el camino de un cotejo, pero que en definitiva son parte del alma que ha exhibido el fútbol a lo largo de su historia.

¿La esencia y la tecnología son compatibles?, en algunos casos sí; en otros, no. (O)

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