Sábado, 31 Diciembre 2016 00:00 Punto de vista

Punto de vista

El sueño, entre el día y la noche

Doctora Carolina Díaz, del centro de Excelencia Adultos Mayores España

Dentro de los cambios que ocurren en nuestro organismo con el envejecimiento se encuentra involucrado el ritmo sueño-vigilia o reloj biológico. Conforme envejecemos la estructura del sueño se modifica con una tendencia a tener un sueño más fragmentado, con múltiples despertares y con un aumento del tiempo de sueño liviano, que resulta de alteraciones y/o modificaciones neurohormonales que a su vez ocasionan cambios en las distintas etapas del sueño.

Es así como por lo general el adulto mayor suele demorar más tiempo en iniciar el sueño, siendo además la conciliación del sueño más temprana (es frecuente que se acuesten más temprano), y se despiertan más fácilmente.

Otra de las modificaciones que ocurren en la vejez es que el sueño profundo o reparador disminuye con un aumento del número de siestas diurnas compensatorias.

El trastorno del sueño más frecuente en el adulto mayor es el insomnio con una prevalencia del 5 % en mayores de 65 años.

El insomnio resulta de una dificultad para iniciar o conciliar el sueño (generalmente vinculado a alguna causa psicológica asociada a ansiedad, depresión, o sustancias deprivadoras del sueño), también puede existir insomnio debido a una dificultad en sostener o mantener el sueño, con despertares en mitad de la noche que dan lugar a un sueño fragmentado poco eficaz y reparador (y que se vincula más a enfermedades orgánicas como las de origen cardiovascular, neurológica o digestiva, entre otras), y por último se puede dar el insomnio de finalización donde el individuo tiene un despertar precoz y que se ve frecuentemente relacionado a enfermedades del tipo depresión endógena, o alteraciones metabólicas entre otras tantas.

La consecuencia directa del insomnio resultará en una mala calidad del sueño ocasionando fatiga diurna, falta de concentración, disminución en el rendimiento cognitivo, irritabilidad, cambios del humor, alteraciones vinculares, y enlentecimiento en el tiempo de respuesta o reacción.

El abordaje del paciente con insomnio se focalizará en una correcta y profunda anamnesis direccionada a la búsqueda de datos en la historia clínica del paciente vinculados a antecedentes médicos de importancia, un detallado interrogatorio sobre los hábitos del sueño (higiene del sueño) a lo largo de las 24 horas. Será necesario consultar, además, sobre el consumo de sustancias tóxicas, estimulantes y fármacos que pueden interferir en el sueño.

Numerosas enfermedades psiquiátricas se asocian a insomnio, siendo la depresión una de las más comunes con un porcentaje que alcanza el 90% de pacientes deprimidos que tienen un “mal dormir” (incluso cuando la depresión es muy grave tampoco logran dormir de día con las consecuencias que esto trae aparejado).

El examen físico que llevará a cabo el médico permitirá detectar algún signo clínico que pueda favorecer o dar origen al insomnio. Fundamentalmente resultan de interés el sistema orofaríngeo, respiratorio y neurológico. Raramente se debe recurrir a la utilización de métodos complementarios como la polisomnografía, entre otros, dado que la exploración no se utiliza para evaluar el insomnio en sí sino para descartar que el paciente presente una patología asociada. (O)

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