Jueves, 13 Octubre 2016 00:00 Punto de vista

Punto de vista

El alto nivel de endeudamiento mundial amenaza la estabilidad económica

Martin Khor, analista. Director ejecutivo del Centro del Sur.

En su última reunión anual, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió sobre el riesgo de una nueva crisis financiera: a nivel mundial, la deuda de   los países alcanzó $152 billones y representó el 225% del Producto Interno Bruto (PIB) global en 2015.

Dos tercios del monto provienen de endeudamiento privado, lo cual constituye un freno importante para la recuperación económica y un riesgo para la estabilidad financiera. Esto “suele terminar en crisis financieras”, advirtió Vitor Gaspar, director del Departamento de Finanzas Públicas del FMI.

El origen de esta situación se encuentra en las políticas que promovieron los bajos intereses y la ‘flexibilización cuantitativa’, una opción que les permitió a los bancos centrales comprar bonos e inyectar billones de dólares al sistema bancario.

A través de esta inyección se esperaba que los bancos privados aumentasen los préstamos a las empresas y estimulasen así el crecimiento económico. Empero, la economía real no se benefició mucho. Por el contrario, la mayor parte del dinero se destinó a los mercados de valores. También, en la búsqueda de altos rendimientos, los inversionistas impulsaron el endeudamiento de los países en desarrollo, los cuales se volvieron más vulnerables a las oscilaciones del ánimo de aquellos.

Cuando el sentimiento de los inversionistas transnacionales o las condiciones del mercado mundial cambian, se producen egresos masivos de capitales desde los países en desarrollo. De hecho, en 2015, en estas economías, se registró una salida neta de $ 656.000 millones, una cifra equivalente al 2,7% de su PIB conjunto. Esto fue un gran cambio, considerando que en 2013 hubo un ingreso neto de 1,3% del PIB. Se trata de un giro radical, mayor que los de 1981-1983, 1996-1998 y 2007-2008. Pero en los últimos meses el ciclo volvió a cambiar y los fondos de inversión retornaron a las economías emergentes.

“El fácil acceso a créditos baratos en tiempos de bonanza condujo a crecientes niveles de endeudamiento en todo el mundo en desarrollo”, destaca el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2016 publicado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad).

Entre 2000 y 2015, en esos países, la deuda externa aumentó de $ 2,1 billones a 6,8 billones. Por ello, en algunos casos nacionales, la deuda externa e interna representa más del 200% del PIB.

Para numerosos países la tendencia está cambiando y el acceso a créditos baratos ha comenzado a agotarse. “En un contexto de caída de los precios de las materias primas y el debilitamiento del crecimiento en las economías desarrolladas, los costos de los préstamos aumentaron muy aceleradamente, convirtiendo lo que parecía una razonable carga de la deuda en condiciones favorables, en una deuda en gran medida insostenible”, señala la Unctad.

En algunos países, el problema se agrava por la devaluación de la moneda y la caída de los precios de las materias primas, viéndose afectados por múltiples reveses: descenso de los ingresos de exportación, salida neta de fondos, devaluación (que provoca un aumento de la deuda externa), mayor costo del servicio de la deuda y desaceleración económica.

Cada vez más países de bajos ingresos entran en una nueva crisis de la deuda que los obliga a recurrir al FMI y el Banco Mundial. Esto apunta a un déficit del sistema financiero internacional: la falta de un mecanismo de solución ordenado y justo para las crisis de deuda. Debido a la ausencia de esta opción, los países  altamente endeudados enfrentan años de austeridad y condiciones recesivas impuestas por los acreedores y los organismos de rescate.

En esta coyuntura, el mundo requiere políticas inteligentes para evitar nuevas crisis de deuda y para gestionarlas adecuadamente cuando ocurran. (O)

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