Martes, 22 Noviembre 2016 00:00 Punto de vista

Punto de vista

Ductilidad obligatoria

Claudio Campos, entrenador de fútbol

Las obligaciones crecen con las necesidades en un juego como el fútbol, que solicita resoluciones cada vez más efectivas, abarcando exigencias a determinados sectores de los equipos seguramente impensados en otra época.

Hablar de Roberto Perfumo o Franz Beckenbauer es entrar en un análisis de lo elegantes y finos que eran, a pesar de ser defensores centrales, situación que los catapultó al reconocimiento eterno en un período que en esa posición brillaban los que eran fuertes en el juego aéreo y aguerridos en la marca y no se solicitaban otras facetas. Las transformaciones que viene soportando el balompié conllevan una particularidad destacada, y es que los aspectos físicos son determinantes para cada posición, pero es indispensable ostentar capacidades técnicas en un sector de los andamiajes, como son las zagas centrales, porque desde allí se tejen las estrategias modernas.

Si revisamos las estadísticas podemos dilucidar que estos futbolistas son los que más veces tocan el balón y por decantación debemos entender que el buen manejo y visión del juego de estos deportistas tienen que ser amplios. El juego en la actualidad les da un protagonismo esencial y los grandes exponentes que podemos disfrutar han dado pasos gigantes a tal punto en ser vitales y muy considerados. El trabajo que se pretende de los defensores centrales abarca un abanico extenso que comienza con los trabajos específicos que incorporan los jugadores en edades tempranas y que va desde manejar conceptos de achique, presión alta y mucha coordinación en coberturas sin dejar de asumir siempre el juego con el balón en los pies buscando en la mayoría de los casos ser el primer pase del equipo en busca de romper líneas rivales y desde ese concepto hilvanar acciones ofensivas. Tenemos grandes ejemplos que seguramente podrán graficarnos mejor la idea y ellos son, por ejemplo, Gerard Piqué, del FC Barcelona, que más allá de jugar en un club que es uno de los precursores de estos cambios en los estilos de juego y de las características de los jugadores, supo adaptarse y potenciarse a tal punto que su presencia se ha vuelto indispensable por la creencia en sus aptitudes y lo útil dentro de los esquemas de su equipo. Y también del seleccionado español. Otro gran exponente en esta observación, y aunque goce quizás de otras peculiaridades por tener un carácter marcado y mucho más vehemente, es Sergio Ramos, defensor de una estirpe muy especial y que fue incorporando una asombrosa ductilidad en su crecimiento como jugador en un equipo que exige partido a partido, más allá de ganar, siempre intentar jugar bien y respetar la esencia del paladar histórico. Los conceptos tácticos e interpretación del juego y de las ideas de los entrenadores de estos dos jugadores que puse como prototipo nos llevan a entender por qué se hace cada vez más atractivo este juego y es tan difícil jugarlo, si la preparación de sus actores principales no está llena de profesionalismo y convicción. Ya no alcanza con marcar bien, ser rápido y tener voz de mando para ser el líder en zonas defensivas, las órdenes abarcan un sinnúmero de resoluciones que a lo largo de los últimos años han vuelto irreemplazables aquellos deportistas que entendieron cuál era el futuro de la posición. El fútbol muda constantemente y con él van muriendo preconceptos muy aferrados a viejas certidumbres, demostrándonos con esta particularidad que hoy los defensores centrales se han convertido en pilares fundamentales en las salidas seguras. (I)

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