Sábado, 08 Octubre 2016 00:00 Punto de vista

Punto de vista

¿Derrotada la política?

José Antonio Figueroa. Académico y analista internacional

El Centro Democrático de Álvaro Uribe se opone sistemáticamente a darle estatuto político alguno a las FARC. En el plebiscito del domingo 2 de octubre, esta posición triunfó magramente al recibir apoyo de ciudades despolitizadas donde se sintió menos los efectos del largo conflicto o donde se anclan élites que han liderado y usufructuado de la guerra como es el caso de Medellín y de importantes regiones del departamento de Antioquia.

Por su parte las FARC ratificaron a través de su máximo líder Rodrigo Londoño su decisión de utilizar la palabra como principal instrumento. Es decir, ellos ratifican su voluntad de dejar las armas para jugárselas todas en el plano político. Estas declaraciones cuentan con el apoyo mayoritario de las regiones que han sufrido la guerra y la exclusión social y económica que la producen, así como de distintos actores que han logrado ubicarse más allá de la dicotomía entre el bien y el mal, fundamentada en el ultra conservadurismo religioso  y en la ignorancia política de las mayorías conservadoras del país.

En Colombia la reacción conservadora creó un sistema en el que la exclusión económica venía acompañada de la eliminación física del adversario. Mientras en América Latina llegó a experimentarse el populismo con todas sus complejidades, en Colombia las élites resolvieron el problema de raíz asesinando a Jorge Eliecer Gaitán, provocando una violencia que causó 300.000 muertes y clausuró la entrada a la esfera política de nuevos actores urbanos y rurales que clamaban su presencia en la política nacional.

La misma reacción fascista y conservadora eliminó casi a 4.000 militantes de la Unión Patriótica en los años ochenta y miles de militantes de otros partidos de izquierda asegurando así el debilitamiento de la esfera pública política progresista y llenando el espacio público con una grosera combinación de telebasura, nacionalismo folclorista y fundamentalismo religioso. Hoy en ese espacio se ubican las redes que elevan la mentira a opinión y se difunden rápidamente sin exigir siquiera el mínimo análisis de lo que se dice.

La ignorancia política de Colombia se fundamenta en la calculada desaparición de la inteligencia mediante el asesinato y el destierro y hoy encuentra en Álvaro Uribe y Alejandro Ordóñez  la espada y la cruz que mantiene un sistema político que exhibe las más vergonzosas cifras de la exclusión política y económica. Uribe y Ordóñez cambiaron de estrategia política y en los últimos días sostuvieron que no estaban en contra del proceso de paz sino de los acuerdos.

Lo que no pueden dejar de lado Uribe, Ordóñez y sus acólitos en los medios de comunicación que, incluso en el Ecuador, ya se han hecho eco de su intención de mantener la criminalización de las FARC es que casi la mitad del electorado apoya el reconocimiento de las FARC como un actor político. Los resultados del plebiscito y su manifiesta voluntad política los obliga a consolidarse como un movimiento político moderno que tiene como agenda concretar los acuerdos de paz y con la obligación de ayudar a construir una opinión pública que acepte lo que causa el terror fundamentalista: Las FARC son un actor político y sus cuadros candidatos presidenciales. (O)    

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