Punto de vista

Crónica de un foráneo

- 01 de Febrero de 2017 - 00:00

Las expectativas que se generan cuando suena en los pasillos de un club que un jugador o entrenador de otro país está por arribar son nada más y nada menos que deseos ocultos de revisar lo desconocido y suponer un futuro diferente. Hasta eso, aquel que aguarda no tiene otra sensación porque, en definitiva, se protege en su hábitat y transcurren los días con total normalidad. Muy diferente es el sentir de ese personaje que después de varias opciones fue escogido para intentar plasmar una idea y, desde ese concepto, ser fundamental para perseguir objetivos grupales. Las ilusiones juegan un papel determinante porque viajan con estos forasteros e irremediablemente agigantan también los anhelos de los locales y se produce un fenómeno muy particular, que en algunos casos llega a confundir a propios y extraños. Cuando me refiero a esto puntualizo que esa adoración por la flamante contratación pende de un hilo muy fino, corriendo el enorme riesgo de no medir halagos o caer directamente en el desamor. Para diferenciar las profesiones voy a realizar un control orientado y me perfilaré para revisar las vivencias que con normalidad se encuentran los directores técnicos extranjeros. Esta labor necesita estar invadida de convicción, pero por sobre todas las cosas de entender a cabalidad que amerita específicamente el momento y lugar donde fue traído para guiar la transición del club. Los primeros días son incesantes, abrumadores y precisan de un alto grado de paciencia para tomar las riendas y ajustarlas de manera idónea para comenzar de esa manera a transitar por un mutuo conocimiento con los futbolistas, directivos, prensa y aficionados, conjugación explosiva que si no es maniobrada de manera correcta puede avecinar días difíciles. El entrenador los primeros días observa todo, la idiosincrasia del club, la aceptación de su llegada y otros aspectos que muchas veces no son deportivos, coyunturas que serán indispensables para augurar éxitos y confirmar el porqué de su contratación. Luego vienen las críticas naturales que se engendran en paneles periodísticos, como también en las esquinas futboleras, donde naturalmente brotan las comparaciones con otros estrategas y hasta se tocan temas de si tiene o no el beneplácito popular, ya sea por alguna declaración o medida particular que tomó los primeros días, siendo todo esto condimentos extras que debe asimilar este nuevo ciudadano dejando inicialmente de lado los resultados deportivos que activan otros fusibles. La faena requiere un cambio de frente para seguir comprendiendo lo complicado que es también para los jugadores que llegan de otros países a la hora de insertarse en sociedades exigentes y que por decantación esperan mucho de ellos. En otras épocas los aficionados consumían mucha lectura y se imaginaban muchos desenlaces por los relatos que llegaban, y por tal motivo se veían invadidos de mucha ansiedad cuando tenían la oportunidad de recibir a un futbolista y disfrutarlo en su club, al que habían seguido en relatos periodísticos, sintiendo un respeto tácito por su llegada. Hoy todo es muy distinto porque los deportistas son conocidos en el ambiente, y si no es así, se averigua de manera inmediata las características de sus acciones y registros determinando con estos datos el nivel de la expectativa. El futbolista y el entrenador extranjero viven casi siempre bajo una lupa que es cruel y tiene el veredicto final, circunstancia difícil, porque al vivir desprotegidos en el medio, alejados de los afectos y no transitar en terruño propio, necesitan apelar a su máxima capacidad y también gozar de otros factores para que su presencia sea categórica y así lograr colmar ilusiones, alejar miradas dudosas y preconceptos, para en un futuro cercano poder caminar como uno más. (O)

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