Martes, 11 Octubre 2016 00:00 Tele Mix

Las Brujas de Salem juntó a experimentados y novatos

Mary Warren (centro) encarnada por Ana Paula Pérez encaró a las demás acusadas durante el juicio, según la trama.
Mary Warren (centro) encarnada por Ana Paula Pérez encaró a las demás acusadas durante el juicio, según la trama. Foto: cortesía de Gabriela Reinoso

Los personajes de la obra actuaron también en los exteriores del Teatro Sánchez Aguilar para el público que llegaba.

Redacción Telemix

La tercera y última función de Las Brujas de Salem estaba prevista para las seis de la tarde del domingo en el Teatro Sánchez Aguilar, que acogió a casi 900 personas.  

Quince minutos antes aún había gente comprando boletos en la entrada. Otros llegaban a esa hora con el ticket en la mano, pero ninguno esperaba que los actores de la obra aparecieran en la puerta principal, que se sitúa en diagonal y a la izquierda de la avenida Esmeraldas.

Cada personaje tomó un pupitre negro y miraba hacia los espectadores que arribaban. Carcajadas y golpes de tambor se escuchaban desde el lobby en dirección a la entrada.

Ocho muchachas vestidas de blanco, seguidas por tres percusionistas, descendieron por las escalinatas mientras la sirvienta Títuba, interpretada por Ana Buljubasich, llevaba una olla de barro en sus manos y emitía gemidos.

Luego subieron a la tarima y la música era más intensa. Las féminas empezaron a desvestirse. La escena simulaba desnudez de ellas a la medianoche (en realidad llevaban trajes color carne). La bulla atrajo al reverendo Parris (Jaime Tamariz), mientras su hija, Betty (Ariane Tavernier), se desmaya en sus brazos.

La escena terminó y los actores se fueron por las puertas laterales del teatro. Era el entremés para el público sobre la obra que se basa en los juicios ocurridos en 1692 Salem, un pueblo que ahora forma parte del estado de Massachussetts, y que Arthur Miller estrenó hace 53 años en Nueva York.

Tamariz, además de interpretar a Parris, la adaptó como parte de una tesis para estudiantes de comunicación escénica de la Universidad Casa Grande.

Necesitó de seis meses para montar la obra, que fusionó a intérpretes debutantes con experimentados, como Marina Salvarezza, coordinadora de esta carrera universitaria.

Adentro, las luces se encendieron y mostraron una escenografía compuesta por mesas y sillas amontonadas. En primer plano había otra tarima que representaba la casa del Parris. En el interior Betty yace acostada en su cama.

Abigail Williams (Rocío Maruri) amenazó a sus amigas con las que había ido a bailar al bosque de no decir nada o las condenarían por brujería, mientras Parris recibía visitas de los feligreses que intentaban explicar qué les ocurría a las niñas del pueblo. Eso permite la llegada del Reverendo John Hale (Aníbal Páez) para investigar si era una simple enfermedad o una posesión demoniaca.

Abigail aprovechó que cuidaba a su prima Betty para hablar a solas con John Proctor (Alejandro Fajardo), declarándole sus sentimientos hacia él y recordándole el amorío que habían tenido mientras ella fungía de empleada en su casa ocho meses atrás. Él la rechazó y Abigail se desquitó de él, acusando a los ciudadanos de Salem de hechicería, en especial a Elizabeth (Carolina Jaume), esposa de Proctor, quien la defiende en el juicio con la ayuda de su empleada Mary Warren (Ana Paula Pérez). Abigail, antes de huir del pueblo, culpó a Proctor de atraer al demonio al pueblo.

Al negarse todos a condenar a sus vecinos, los jueces incitaron a Elizabeth a convencer a su marido de declararse culpable.

Proctor firmó su sentencia de muerte en medio de un discurso sobre la honestidad y en el que pedía que lo dejaran tener su nombre si ya tenían su alma. Con un fondo iluminado de rojo, Proctor fue colgado en lo alto de la tarima y así la obra terminó.(I)

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