Domingo, 13 Noviembre 2016 00:00 Tele Mix

Hollywood altera las historias bíblicas para enganchar más espectadores

El director Ridley Scott representó a Moisés, a través de Christian Bale (foto), como un guerrero en su cuestionada película Exodus: dioses y reyes (2014).
El director Ridley Scott representó a Moisés, a través de Christian Bale (foto), como un guerrero en su cuestionada película Exodus: dioses y reyes (2014). Foto: www.alfa.img.com

Un guionista, un cineasta, un productor, una teóloga coinciden en que la industria recurre a los efectos especiales actuales para vender más una ficción que una realidad.

Rafael Veintimilla

Las películas basadas en relatos bíblicos existen casi desde la misma aparición del cine el 28 de diciembre de 1895, a través de los hermanos August y Louis Lumiére en Francia.

De hecho, los dos primeros filmes de este género se estrenaron en 1897. Uno fue en Estados Unidos y se llamó The Horitz Passion Play. El otro, La Passione di Gesú, en Italia.

No obstante, las adaptaciones de la Biblia a la pantalla grande no gozan de absoluta fidelidad, en especial las más contemporáneas como Noé, de Darren Aronofsky, o Éxodo: dioses y reyes, de Ridley Scott. Ambas se estrenaron en 2014.

Aronofsky advirtió el 17 de marzo de aquel año al periodista Tad Friend, del New Yorker, que se trataba de “la película menos bíblica que se haya hecho”.

Y lo fue. El filme tuvo muchas imprecisiones con relación a la narración original. Entre ellos, destacan la aparición de Matusalén, encarnado por Anthony Hopkins en la cinta.

La historia acerca del diluvio universal consta en los capítulos 6, 7, 8 y 9 del libro de Génesis en la Biblia. Allí no existe referencia de Matusalén, el abuelo de Noé, interpretado por el australiano Rusell Crowe. Tampoco describe a Matusalén como un hechicero ni a Noé como un desquiciado que quiere asesinar a unos nietos que, según Aronofksy, nacieron en el arca.

El relato indica que solo 8 personas permanecieron en el arca que Dios le pidió a Noé que construyera. Según las Escrituras (Génesis 7:7), esos humanos fueron Noé, su esposa, sus 3 hijos con sus respectivas mujeres. Sin embargo, en la versión de Aronofsky subieron al arca su esposa, sus 3 hijos y una muchacha que habían rescatado.

Además se coló un polizonte que el director creó para que fuera el antagonista de su película. Algo parecido ocurre con la adaptación que Scott hace sobre la historia de Moisés, interpretado por Christian Bale, famoso por la trilogía de Batman que hizo Christopher Nolan.

Una de las diferencias más notorias entre el filme y la Biblia es que Moisés usa una espada entregada por el hijo del faraón, su hermano de crianza.

La Biblia cuenta en el libro de Éxodo (capítulos del 2 al 12) que Moisés utilizó una vara para mostrar el poder de Dios, a través de las plagas. Tampoco cita a Ramsés como aquel faraón con quien creció Moisés, ni que ambos se enfrentaron.   

Sandra Mendoza, coordinadora de la carrera de teología en el Instituto Tecnológico LCG, concuerda con este concepto. “La vara es clave en la historia bíblica porque a través de ella Dios le muestra su poder a Moisés como respaldo para que exigiera al faraón que liberara de la esclavitud al pueblo israelita en Egipto. Según el texto bíblico, con la vara transformó el agua en sangre, abrió el mar en dos para que los israelíes escaparan de los egipcios, y más señales. El relato cita a la vara antes, durante y después del éxodo”, explica Mendoza.

La catedrática agrega que “posiblemente el cineasta quiso ilustrar a Moisés como guerrero por el hecho de haberse criado en el palacio del faraón con formación militar. No obstante, aquella interpretación descontextualiza la narración bíblica”.

Mendoza explica que la alteración de estos textos confunde tanto a creyentes cristianos como no creyentes.  “En el primer grupo no todos leen con profundidad la Biblia. Eso conlleva un estudio sobre las costumbres y épocas de los hechos que se relatan”.

Álex Jácome, director de la película ecuatoriana Con alas pa’ volar, considera que la alteración de las historias bíblicas ocurre con más frecuencia en los filmes recientes porque los cineastas abusan de los efectos especiales, que ofrece la tecnología actual, y corren el riesgo de salirse del contexto. Según el realizador quiteño, “los filmes viejos sobre historias bíblicas son un poco más apegados al texto original”.

Los 10 mandamientos, de Cecil B. DeMille, es considerado como una de las joyas del cine. El filme de 1956 ganó un Óscar por mejores efectos especiales y obtuvo 6 nominaciones.

Sin embargo, tiene algunas imprecisiones con la Biblia. Una de ellas es el triángulo amoroso entre Moisés, Séfora y Nefertari, que plantearon los guionistas Eneas MacKenzie, Jesse L. Lasky, Jr., Jack Gariss y Fredric M. Frank, basados más en la novela Prince of Egypt, de Dorothy Clarke Wilson que en las Sagradas Escrituras. El relato bíblico nunca menciona a Nefertari como la esposa del faraón Ramsés, que según la película de hace 60 años, está enamorada de Moisés, interpretado por Charlton Heston.

La Biblia solamente menciona a Séfora, a quien Moisés conoce cuando se exilia en el pueblo de Madián luego de haber asesinado a un egipcio que maltrataba a un esclavo hebreo. Aquello está escrito en Éxodo 2:21. Otra alteración es que aquel hombre maltratado era Josué, quien relevó a Moisés en el mando cuando este murió. La Biblia nunca lo menciona en el libro de Éxodo, que es donde se desarrolla el enfrentamiento entre Moisés y el faraón. Josué recién aparece en los libros de Números y Deuteronomio, posteriores a Éxodo.

DeMille es conocido por sus películas bíblicas, entre ellas una versión más antigua y silente de Los 10 Mandamientos que rodó en 1923. Los biógrafos de este cineasta, según una publicación de diario El País, sostienen que en aquella época los propietarios de los Estudios Paramount consideraban que los filmes bíblicos eran un pésimo negocio y, por eso, no querían financiar.

Para Sanson y Dalila (1949), DeMille recurrió a fotos provocativas de Víctor Mature y Hedy Lamarr, sus protagonistas. Incluso esta actriz de origen austriaco había protagonizado en su país un desnudo y un orgasmo para la película Éxtasis, de 1932.

DeMille pidió a Lamarr que, en la primera escena de Sansón y Dalila, apareciera sentada en un muro, pero con las piernas abiertas para sortear los censores de la Liga de la Decencia con el argumento de que era una escena del Antiguo Testamento.

Algo parecido sucedió con su segunda versión de Los 10 Mandamientos, la de 1956. Allí los productores de Paramount querían a la actriz Audrey Hepburn para el papel de Nefertari, pero DeMille se opuso porque consideró que ella proyectaba mucha ingenuidad para ese personaje. Por eso pidió que ese rol lo interpretara Anne Baxter, a quien DeMille describía como una mujer sensual.

La teóloga Sandra Mendoza opina que Hollywood vende un producto, sin importar de dónde proceda la historia, mientras que el presidente de la Asociación de Cineastas de Guayaquil, Cale Rodríguez, dice que “un director de películas siente atracción por la Biblia y temas religiosos porque considera que van de la mano con juicios de valor y moralidad”.

Argumenta que “esos textos bíblicos representan para los cineastas contrapunto con la rebeldía de un individuo que encuentra aquí una excusa, una temática y una forma perfecta para exponer sus rebeliones y enfrentarse a la irreverencia de una sociedad que rechaza”.

Rodríguez agrega que los realizadores perciben esas historias como una fuente inagotable para la creatividad y el uso de efectos especiales. “La Biblia ofrece todo tipo de narraciones, entre ellas épicas, o con personajes muy interesantes y finalmente la más importante de todas: la historia de la humanidad misma, desde su origen hasta su destino final. Por lo tanto, es una fuente muy rica de inspiración para cualquier cineasta”, analiza el mantense, quien también es presidente de la Academia de Artes Cinematográficas y Audiovisuales del Ecuador.

Según el director Jácome, “el problema es que existe desconocimiento teológico de la mayoría que adapta esas historias. Su visión apunta más a un filme de ficción que de orientación, a través de hechos reales”.

“Hay casos, como el de Mel Gibson, que se asesoran bien para tratar de que la cinta sea lo más fiel posible a la Biblia. Se nutrió de gente judía e incluso recurrió al arameo y griego, los idiomas de la época en La Pasión de Cristo (2004)”, refiere.

Rodríguez argumenta que “Gibson es uno de los pocos artistas que procura aislarse de sus visiones personales. Gibson procuró ser imparcial dentro de un contexto histórico, científico o teológico y aún así no pudo evitar plasmar criterios personales en La Pasión de Cristo”.

El cineasta manabita va más allá. “Las perspectivas e interpretaciones personales son inevitables. Hay quienes tienen la imagen de un Jesús blanco caucásico. Hay quienes lo imaginan con los rasgos de la raza predominante de Medio Oriente y otros ven el rostro de Jesús en referencia a la imagen del Sudario de Turín”, añade.

Arturo Allen, director de Canzion Films, refiere que hay variedad de ideologías entre las personas que participan en el rodaje de una película que se basa en la Biblia.
“Pueden estar involucrados judíos, católicos o evangélicos. Incluso hay cineastas y guionistas de origen judío, quienes se fundamentan en los textos del Torá, lo que para los cristianos se conoce como Antiguo Testamento. Los católicos investigan en los libros apócrifos, es decir los que no forman parte de la Biblia y que fueron escritos durante la época en que se desarrollaron los hechos. Ese tipo de información o más la bien la fusión de esas fuentes chocan en el espectador, especialmente en quienes tienen un concepto literal de la Biblia que han leído”, explica Allen, quien es guionista, productor, director y actor.

Allen considera que los cineastas expresan sus puntos de vista en una industria que busca vender un producto como las películas, a través de dramatismo y escenas épicas, pero se corre el riesgo de alterar la historia del texto más universal de la humanidad. “En algunos herirán susceptibilidades, para otros será indiferente porque buscan entretenimiento cuando van al cine”, dice.

El productor de Poema de salvación y guionista de Con alas pa’ volar coincide con Mendoza, Jácome y Rodríguez que para evitar confusiones entre el público es mejor revisar la Biblia. Dependerá de la intención del espectador. (I)

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