Sábado, 11 Febrero 2017 00:00 Palabra Mayor

Sexualidad a la vejez: sin etiquetas ni prejuicios

La relación en pareja contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas mayores, tanto en el ámbito social como en su sexualidad, cuando es disfrutada sin los prejuicios que impone la sociedad. El amor y la intimidad en la vejez se expresan de diferentes formas.
La relación en pareja contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas mayores, tanto en el ámbito social como en su sexualidad, cuando es disfrutada sin los prejuicios que impone la sociedad. El amor y la intimidad en la vejez se expresan de diferentes formas. Foto: Mario Egas / El Telégrafo

El placer físico es una experiencia deseable y válida para los adultos mayores. Lamentablemente viven en una sociedad que prefiere darle importancia a los cuerpos jóvenes, en vez de reconocer que con el paso del tiempo existirán más personas de la tercera edad. Los hombres o mujeres que pasan de los 65 años no se convierten en seres asexuados, como se suele pensar de manera equivocada.

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Los adultos mayores tienen el derecho de practicar libremente su sexualidad. Hay que entender que el disfrute de una relación amorosa sigue presente con el paso de los años.

Pero, ¿por qué causa desagrado mirar a dos personas mayores besándose o acariciándose en la calle? Y si los imaginamos desvistiéndose uno al otro. ¿Será pecado?

La verdad es que el placer sexual es una experiencia deseable y válida para el grupo etario porque genera bienestar. Lo malo está en los prejuicios o ese imaginario colectivo que los mira como asexuados o como algo que incomoda, por decir lo menos.

El tema de la influencia del envejecimiento sobre las actividades sexuales es de nuestro siglo. El hombre se ha enfrentado de forma súbita a una prolongación de su vida con escasos conocimientos de su capacidad fisiológica y un patrón cultural en el que se integran rígidos conceptos sobre sexo, transmitidos de otras generaciones y que muchas veces resultan ser falsos.

Uno de esos conceptos equivocados es el que plantea que la actividad sexual debe desaparecer en la edad avanzada. Es decir desear o tener fantasías sexuales, después de los 60 años, no es natural, fisiológico, moral o socialmente bien visto. Para muchas personas de ambos sexos resulta un factor de ansiedad llegar a la vejez.

Los adultos mayores tienen derecho a ejercer su sexualidad. No importa que exista una menor cantidad de contactos sexuales o lleguen a un orgasmo de manera diferente.

El nivel de interés sexual está relacionado con el que hayan desarrollado y mantenido a lo largo de su vida, explica Víctor Pérez, máster cubano en Longevidad Satisfactoria, en su estudio “Sexualidad humana: una mirada desde el adulto mayor”.

Pérez menciona que aquellos que tuvieron una vida sexual activa -desde edades tempranas- la perpetúan, mientras que aquellos que a lo largo de su existencia ejercieron un sexo pobre y falto de interés, pierden el deseo por la sexualidad más tempranamente.

La continuidad de la relación sexual en la vejez es esencial, así como favorecer de algún modo el hecho de que se fomenten nuevas parejas, en especial cuando uno de los miembros fallece y el otro expresa la necesidad o el deseo de tener compañero o compañera.

“Lo importante es que el adulto mayor no pierda el ánimo sexual, ya que con el abandono de la sexualidad paulatinamente comenzamos a declinar en todos los órdenes de la vida, social, laboral, el aspecto físico y, la manera de combatir esta declinación es el afecto, ya que muchas veces es solo miedo al fracaso sexual”, enfatiza Pérez.

El hombre que desarrolla una vida activa y no pierde la confianza, dice el experto cubano, será capaz de lograr erecciones y orgasmos hasta edades muy maduras.

La preocupación por el trabajo o situaciones económicas llevan a desviar el interés sobre la actividad entre los 40 y 60 años.

En el mundo moderno esta es una etapa de productividad laboral e intelectual y la mujer o el hombre relega a un segundo plano la actividad sexual.

Los hombres y mujeres sanos física y psíquicamente, entre los 50 y 70 años o, incluso, a edades más avanzadas, pueden mantener un determinado nivel de actividad sexual. Esta es una posibilidad más que comprobada si son personas libres de estereotipos, prejuicios y tabúes.

Cuando la persona pierde a su pareja y cae en un período de inactividad sexual casi absoluto, puede suceder que, si en etapas posteriores, desea iniciar relaciones con otra pareja, se presentan mayores dificultades para lograrlo, sobre todo en el hombre, por disfunciones de la erección (síndrome de la viudez).

Por lo general, son los hijos los primeros en cuestionar la búsqueda de una nueva pareja cuando el hombre o la mujer enviuda, porque lo consideran negativo o amoral, visto desde las creencias religiosas.

Si el sexo es saludable y sienta bien a cualquier edad, lo aconsejable es abandonar los prejuicios que atentan contra las personas mayores, su forma de relacionarse y de disfrutar de la vida.

Es una realidad que la sexualidad de las personas mayores está invisibilizada. Es un tabú. No obstante, hay formas de ponerla en escena como es el caso del trabajo fotográfico de la holandesa Annabel Oosteweeghel ‘Old Love’ (amor antiguo o viejo), difundido en su página www.annabeloosteweeghel.nl

La muestra fotográfica rompe los esquemas que se imaginan erróneamente, para mostrar la belleza de disfrutar la sexualidad en la vejez.

Puede que sea una serie perversa la de ‘Old Love’, pero representa comportamientos que suceden desde que el ser humano se convirtió en otro animal más en la Tierra con un pulgar oponible.

La sociedad prefiere darle prioridad a los cuerpos jóvenes, de belleza sintéticamente eterna, antes que reconocer que en alrededor de 30 años estará compuesta –a mayor porcentaje– por cuerpos y mentes viejas.

Del trabajo de Annabel Oosteweeghel resalta una publicación del portal elciudada.cl que se caracteriza por ser estilizado: ha colaborado para diversas marcas comerciales. Sus fotografías y en especial esta serie, tienen ese aire de producción y plástica falsedad que nos encanta consumir con voracidad en las sociedades modernizadas sobre la base de contenidos sexuales.

“La serie se compone de seis parejas disfrutando sus cuerpos en casas de arquitectura de los 60; se revive una época de libertad sexual, sin ataduras sobre los límites del placer por edad o género. Cuerpos jóvenes enredados con cuerpos mayores. Melenas canas entre la entrepierna de mujeres canas o despreocupadamente tiernas”.

A los 70 o a los 80

Grandma Williams, escritora de 80 años, hace poco publicó en su página grandmawilliams.word press.com “nunca podrías imaginar a tus padres teniendo relaciones sexuales”.

La sexualidad humana es un placer delicioso para todas las edades. Grandma señala “que el 30% de las mujeres de 80 años de edad todavía tienen buen sexo.

El sexo joven se mezcla con el amor y la lujuria, sin embargo, a medida que se llega a la  vejez cambian muchas cosas”. (I)

La atracción, el cortejo y el enamoramiento son formas de disfrutar

Los países, entre ellos Cuba, analizan de forma integral lo que significa el envejecimiento poblacional.

Asistir a este progresivo fenómeno implica que paralelamente desarrollemos una ‘cultura de la senilidad o del envejecimiento’, donde, con carácter obligatorio, deberá incluirse la sexualidad, entendida como una de las dimensiones más ricas de la vida en todas sus etapas.

En las condiciones actuales, en que el número de adultos mayores es cada vez más creciente y las causas de morbilidad en este grupo poblacional son perfectamente previsibles o exitosamente controladas, se palpa un significativo interés por liberarlos de los prejuicios y mitos que los marginan en el terreno sexual, según el estudio “Sexualidad humana: una mirada desde el adulto mayor”.

La combinación de los términos sexualidad y senectud pudiera generar, en muchos  frustración, hostilidad, desaprobación, ya que erróneamente la palabra sexualidad suele identificarse con juventud, sensualidad, fertilidad y procreación.

Sin embargo, aunque es justo señalar que la sexualidad implica cosas muy variadas para distintas personas y  etapas de la vida, en particular, en la edad geriátrica, la sexualidad requiere de mayor capacidad de diálogo, demanda más amor, ternura, confianza, afecto en la relación de pareja y entre compañeros, evoca compartir placer, con o sin actividad sexual.

La actividad sexual existe en los adultos mayores y en ocasiones constituye la norma más que la excepción.

Es falso continuar catalogando a una persona mayor como indiferente o poco interesada en la sexualidad, o con escasa actividad.

Se puede afirmar, señala el estudio sobre Sexualidad humana, que no hay un límite cronológico después del cual la vida sexual desaparece.

Las pautas de interacción en el adulto mayor no difieren de las practicadas en etapas anteriores de la vida.

El coito vaginal, el sexo oral y la masturbación recíproca son formas de ejecutar el acto sexual, preferidas tanto por jóvenes como por ancianos.

En la persona mayor la masturbación en solitario también constituye una forma válida de actividad sexual.

El hombre mayor, por lo general, admite masturbarse en solitario, como medio para lograr autosatisfacción y alivio de las tensiones eróticas, mientras que la mujer añosa suele negar u ocultar este acto y en ello influyen los prejuicios culturales sobre la sexualidad femenina que aún persisten en sociedades típicas de los países latinoamericanos.

Algunos autores sugieren que la masturbación en determinadas mujeres aumenta el sentimiento de soledad y la angustia por la falta de intimidad compartida; otros, no obstante,  aconsejan la práctica de este acto como medio eficaz para que la mujer aprenda a reconocer la calidad del orgasmo.

La existencia de prejuicios sociales con pautas culturales rígidas, así como determinadas actitudes sociales y familiares ante la vida sexual del adulto mayor, como la censura, el reproche, el miedo, las risas o los chistes, entre otros prejuicios y mitos, propician una desinformación permanente de la temática sexual en la edad geriátrica.

En otras ocasiones, la persona se convierte en destinatario de sus propios prejuicios y ello funciona como el principal responsable de la desvalorización sexual del adulto mayor.

La actividad sexual es posible y frecuentemente satisfactoria en el hombre y la mujer que superan los 60 años.

No se trata de imponer un modelo joven de sexualidad al adulto mayor, sino de que esta se entienda y considere en un sentido más amplio y no como una actividad orientada a coitar.

Se trata de incluir el coito, si así se desea, pero también de ofrecerles la oportunidad de cortejarse, relacionarse, enamorarse, atraerse, aspectos que ocupan un lugar relevante en la sexualidad humana, pues la necesidad y el deseo de tocar y ser tocados, mimados y acariciados aumenta con el transcurso de los años.

Aún los adultos mayores con algún grado de incapacidad mental tienen la capacidad para vivenciar placer.

En la tercera edad, pasados los 65 años, el orgasmo no es indispensable todos los días ni en todos los actos sexuales y, aún así, la persona adulta mayor se siente satisfecha.

En esta etapa de la vida la capacidad de gozar de nuestro cuerpo, de las sensaciones, está vigorizada en comparación con el acto sexual propiamente dicho, con una mejor consolidación de la pareja. (I)

Los riesgos aumentan en los adultos mayores

Un segmento de la población no es tomado en cuenta en el tema de las infecciones de transmisión sexual: los adultos mayores. Ellos registran un aumento de estas enfermedades en los últimos años.  

En Ecuador, en 2015, se propuso disminuir la velocidad de crecimiento del VIH mediante una respuesta descentralizada y multisectorial que garantice el acceso universal a la promoción, prevención y atención integral a las personas que contraen el virus.

Para este objetivo se tomó en cuenta a las personas que presentan mayor riesgo con el finde de lograr un abordaje integral sobre la epidemia promoviendo y ejecutando de políticas públicas con la participación de organizaciones sociales e instituciones públicas y privadas.    

El Ministerio de Salud Pública (MSP) señaló que los casos notificados de VIH en jóvenes entre 15 y 29 años, durante 2011, fueron 1.010; y 944 en la población, cuyas edades oscilan entre los 30 y 49 años.

El 56,80% de nuevas notificaciones  corresponde a la población económicamente activa (PEA), lo que obligaba al país a ejecutar estrategias dirigidas a este grupo priorizando la promoción y prevención de formas de transmisión del VIH e infecciones de transmisión sexual.

Los datos relacionados con los mayores, aunque no en la misma cantidad y comparados con las otras edades, fueron reveladores: 24 hombres, de 60 a 64 años, tenían VIH, mientras que en mujeres los casos eran 8.

Pasados los 65 años, las cifras cambian: 39 hombres habían adquirido el virus, frente a 65 mujeres.

Las campañas de prevención se enfocaron más al grupo de jóvenes (uso de preservativo) y por ello el aumento de casos en la tercera edad.

Hay adultos mayores que buscan placer con trabadoras sexuales, sin tomar precauciones.

El MSP advierte: “El semen permanece dentro de la mujer y si tiene, por ejemplo, VIH, puede ser transmisible hasta por tres días. Sin embargo, desde que el hombre se lava deja de tener contacto con el virus”.

Si el hombre se practicó la circuncisión tiene un 50% menos de probabilidades de contraerlo. Un factor clave del aumento de las infecciones de transmisión sexual en adultos mayores es no usar preservativos. “Las mujeres ya no temen a salir embarazadas”. Ambos quieren incrementar el placer”. (I)   

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