Sábado, 01 Octubre 2016 00:00 Palabra Mayor

Ancianos LGBTI: olvido y soledad marcan sus vidas

Orma Castillo y Ramona ‘Cachita’ Arévalo fueron la primera pareja de lesbianas adultas mayores en casarse en 2010 en Argentina. Ahora lideran el primer centro de jubilados LGBT en Buenos Aires.
Orma Castillo y Ramona ‘Cachita’ Arévalo fueron la primera pareja de lesbianas adultas mayores en casarse en 2010 en Argentina. Ahora lideran el primer centro de jubilados LGBT en Buenos Aires. Foto: cortesía Unidiversidad

Ni al interior de las mismas organizaciones de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales hay investigaciones, cifras o programas específicos sobre este colectivo, por eso no forman parte de los discursos y tampoco del imaginario social. Su vejez está condicionada a los recursos económicos de los que dispongan, a la posibilidad de una pareja, a familiares cercanos o a la soledad.

Kléver Paredes B.

La sociedad sabe que en algún lado están, pero hablar de este tema incomoda. No importa, aunque es preferible que sigan  en su mundo, aquel que no se ve ni escucha.

Hoy, precisamente, cuando en el mundo se celebra el Día Internacional de las Personas de Edad, todavía queda un grupo de ancianos que sigue invisible, que no recibe homenajes ni tampoco aparece en la mayoría de los medios de comunicación. De este grupo de adultos mayores sería bueno conocer -a ciencia cierta- cuántos son, dónde viven, qué piensan; si cuentan con recursos económicos, pareja, descendencia; cuáles son sus aspiraciones, están acompañados o solo viven con la soledad.

Lamentablemente, no se sabe casi nada de ellos ni de ellas: las personas adultas mayores LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales). Por eso no forman parte de los discursos ni del imaginario social.

Todavía cuesta comprender que la orientación sexual no entiende de edades y las personas LGBTI que nacieron en las décadas de los 50, 60 y 70, del siglo pasado, son los viejos invisibles de ahora. Posiblemente, el rechazo, la represión, discriminación, homofobia -por ser como son- fueron las razones para que nunca salieran del clóset.

Hasta hoy, la sociedad no está acostumbrada a tratar con gays y lesbianas mayores que vivan su sexualidad de manera abierta.

Al no tener cifras, datos o estudios sobre este grupo etario, obviamente tampoco son tomados en cuenta -de manera específica- en los programas o proyectos estatales y seccionales. Igual no aparecen con la importancia debida al interior de los colectivos LGBTI de Ecuador.

En relación al siglo pasado, hoy se enfrentan a otros retos. El matrimonio gay es una realidad reciente y muchos de los adultos mayores LGBTI no tienen hijos o parejas legalmente reconocidas. Esto supone una vida en soledad.

Tampoco la vida sexual es la misma que hace unos años. A una mejor salud general se junta una percepción de la sexualidad en términos más sanos y abiertos. Pero estos elementos, que son positivos, conllevan nuevos riesgos.

La Organización Mundial de la Salud advierte un aumento de los casos de sida entre mayores de 45 años. Este colectivo no ha concienciado sobre el uso del condón, ve los riesgos como algo propio de la juventud y acaba contagiado.

A los adultos mayores LGBTI no se los trata de victimizar, pero sí que se entienda que también son sujetos de derechos, como dice el art. 11, numeral 2 de la Constitución de Ecuador (2008): “Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y oportunidades. Nadie podrá ser discriminado por razones de sexo, identidad de género, orientación sexual. La ley sancionará toda forma de discriminación”.

Apenas en 2013 se realizó el ‘Estudio de caso sobre las condiciones de vida, inclusión social y cumplimiento de derechos humanos de la población LGBTI en Ecuador’, por parte del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y la Comisión de Transición para la Definición de la Institucionalidad Pública que garantice la igualdad entre hombres y mujeres. En el estudio se entrevistó a 2.805 personas de 18 años y más, en las zonas urbanas de Quito, Guayaquil, Portoviejo, Machala, Babahoyo, Ibarra, Santa Elena, Salinas, La Libertad y Manta debido a que en estas ciudades hay organizaciones y colectivos LGBTI. Los resultados reflejan algunos aspectos relacionados con las condiciones de vida y la situación de discriminación, exclusión y violencia.

El 66,7% de los entrevistados correspondió a personas de entre 20 y 34 años y el 0,7% apenas  a personas de 60 años en adelante, cifra que no es suficiente para establecer las condiciones de vida de los adultos mayores LGBTI.

Menos aún si tomamos en cuenta que, según el INEC, las personas con más de 60 años de edad en Ecuador superaron en la actualidad la cifra de 1’300.000 habitantes.

Al 1 de octubre de cada año las Naciones Unidas declararon el Día Internacional de las Personas de Edad para concienciar contra la discriminación de las personas mayores. También contra la marginación por parte de las sociedades, personas, prácticas institucionales y la representación mediática, porque se devalúa y excluye a las personas mayores. En el estudio del INEC sobre las condiciones de vida, inclusión social y cumplimiento de derechos humanos de la población LGBTI se determinó que el 58% de los encuestados no está afiliado al Seguro Social y no cuenta con acceso a otro tipo de seguro de salud.

El 77,1% es soltero y el 16,1% declaró vivir en unión libre. De mantenerse esta tendencia a futuro, el tema de cuidado se vuelve uno de los problemas principales.

Del total de la población LGBTI entrevistada, el 70,9% reportó que vivió alguna experiencia de discriminación en su entorno familiar y  el 72,1% dijo haber sufrido algún tipo de experiencia de control, el 74,1% alguna imposición, el 65,9% rechazo y el 61,4% violencia.

El estudio demuestra que, en términos de discriminación y violencia, el mayor porcentaje de eventos sucede en los espacios públicos, mientras que los casos de exclusión se producen en mayor medida en espacios privados. En otros países se han realizado estudios como el de la Universidad de la Escuela de Trabajo Social de Washington, que determinó los problemas de salud de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales al ser ignorados de los servicios y políticas. De igual manera, las tasas de discapacidad, angustia física y mental. En América Latina, Argentina permite los matrimonios entre personas del mismo sexo desde el 15 de julio de 2010. Fue el primer país de la región en reconocer este derecho en todo su territorio nacional. Además, fue el décimo en legalizar este tipo de unión a nivel mundial. El debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo comenzó con la campaña nacional por la igualdad jurídica de lesbianas, gays, bisexuales y trans, bajo la consigna ‘Los mismos derechos, con los mismos nombres’. (I)

La crueldad hacia los ancianos viene más de los familiares que de la sociedad

Tengo 68 años. Mi vida de niño, pese a las limitaciones económicas, fue muy, muy feliz. Era un destacado alumno de la escuela. En mi adolescencia empecé a tener giros, a darme cuenta de mi orientación. Con una familia y parientes homofóbicos, esto les causaba terror.

Cada vez que sentía lo que quería y deseaba prefería cerrar la puerta y llegar hasta ahí; en esa lucha constante pasé mi adolescencia. Bajé el rendimiento en el colegio y tuve mis primeras experiencias satisfactorias. Tengo un hermano mayor que era el ‘machazo’ y cada vez que podía me decía “habla como hombre”. Yo sufría con ese entorno, nunca tuve un amigo o un familiar para decirle “esto me pasa”. Tenía una bella madre, pero no sé si me hubiera entendido. Busqué ayuda en la religión, pero nada de eso funcionó.

Yo tenía claro que debía salir adelante y logré sacar algunos títulos. He tenido novias y relaciones con ellas cuando trabajaba, pero rehuí al matrimonio. Lo que yo sentía me lo reprimía, tenía que ser como los demás.

En el Quito de aquel entonces no había lugares donde conocer a otras personas, solo yo, en mis adentros, sabía lo que quería.

A los 45 años recién conocí una discoteca gay y nuevos amigos.

En mi familia nunca tocamos el tema: si soy o no gay. Así llegué a esta edad y veo que ahora es cuando uno necesita más ese afecto y compañía. A uno le toca irse adaptando y tratando de que la vida sea más llevadera porque sabemos que los años que se avecinan tendrán sus complicaciones.

Tengo la suerte de ser jubilado, de tener un recurso económico para afrontar la vida. A pesar de que no estoy tan viejito, sí noto que al subir a un bus me ceden el asiento. No me parece que la sociedad esté tan en contra de los viejos, sino más bien veo que hay crueldad por parte de los familiares porque los hijos a veces dan la espalda, se lanzan la pelotita para que el otro  cuide al anciano, y más cuando solo piensan en los bienes materiales. Si es pobre es peor; es un problema; y lo único que le espera es consumirse mucho antes de lo que pudo haber sido.

Yo imagino el resto de mi vejez tranquila: si no tuviera un compañero afectivo pagaría a alguien para que me cuidase en una casa de una planta donde pudiera salir a la huerta o al jardín y con mucha salud mental. Tener a alguien con quién conversar es importante.

Espero que mi entorno sea con lo necesario, con una casita, los alimentos necesarios, con atención de salud sin depender de nadie porque, cuando se recurre a otro, la felicidad ya no está en nuestras manos. Ese es el umbral de la infelicidad. Yo leí alguna vez que los viejitos esquimales, cuando presienten que van a morir, salen de su iglú (casa) y se van caminando hasta donde puedan  encontrarse con su muerte. Yo no me iría así, pero cuando ya no pueda depender de mí,  quisiera dejar este mundo para siempre. (O)

Primer centro para jubilados LGBT  del mundo funciona en Argentina 

En Argentina funciona el primer centro de retiro para adultos mayores LGBT del mundo, sin ser discriminados ni señalados.

Se llama Centro de Jubilados Puerta Abierta y fue una iniciativa de una mujer gay. Funciona como lugar de encuentro de hombres y mujeres que conversan, acompañados por psicólogos, y organizan actividades como viajes, talleres de teatro, cine debate, bailes y festejos de cumpleaños.

Su presidenta, Norma Castillo, señala: “Es una forma de visibilizar nuestro orgullo por la elección de vida que nos hace felices”, según la publicación del portal Latitud Gay de Argentina.

“Ojalá llegue el día en que podamos ir a cualquier centro de jubilados y no sentirnos como si fuéramos raras. El centro Puerta Abierta es una forma de visibilizar nuestro orgullo por la elección de vida que nos hace felices, donde podemos compartir nuestras experiencias y sentir que no somos las únicas a las que les pasa. Somos como una familia”.  Puerta Abierta es un espacio cultural que funciona desde hace 16 años, en el barrio porteño de San Cristóbal, y desde hace seis que también sirve como lugar de encuentro para el centro de jubilados. El espacio está abierto a todas las personas, aunque se aclara lo de la diversidad sexual porque no está culturalmente implícito.

En Argentina, hay unos seis millones de personas jubiladas, según estadísticas oficiales de la Administración Nacional de la Seguridad Social. Puerta Abierta tuvo una presencia fuerte por la ley de Matrimonio Igualitario (26.618), aprobada en 2010. (I)

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