Sábado, 21 Enero 2017 00:00 Palabra Mayor

La protección de la intimidad y el trato cálido son derechos fundamentales

La inclusión de las personas de la tercera edad  mejora su calidad de vida, sin embargo, temas como la intimidad en los cuidados no son muy difundidos en Ecuador, especialmente entre quienes los atienden.
La inclusión de las personas de la tercera edad mejora su calidad de vida, sin embargo, temas como la intimidad en los cuidados no son muy difundidos en Ecuador, especialmente entre quienes los atienden. Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

El respeto a los adultos mayores incluye sus sentimientos, creencias, formas de pensar, salud, el cuerpo, la sexualidad y las relaciones interpersonales. De igual forma, es importante el cuidado de los procesos de atención a las personas en situación de dependencia. Asimismo, la confidencialidad de los datos privados del grupo etario.

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‘Respetando la intimidad: protección y trato cálido’ es el nombre de una guía publicada en España. Los conocimientos que expone son útiles en la vida diaria para los profesionales que buscan mejorar la calidad de la atención de las personas de todas las edades.

La guía, editada por la Consejería de Servicios y Derechos Sociales del Principado de Asturias, busca completar todos aquellos aspectos que pueden considerarse como buena praxis en relación a la protección de la intimidad, que va más allá de la confidencialidad.

Temas como la enfermedad, la muerte, el duelo, la atención centrada en la persona son parte de este documento, cuyo contenido es de gran utilidad en el mundo.

Para su elaboración trabajó un grupo multidisciplinar de profesionales de los servicios sociales con formación en ética aplicada a la intervención social, personas adultas mayores, con discapacidad, inclusión social e infancia.

La protección de la intimidad se deriva del reconocimiento de la necesidad y del derecho de las personas a proteger su vida privada -y cuanto ella integra- de injerencias no autorizadas por parte de otras personas.

Es un derecho fundamental garantizado, resalta la doctora Teresa Martínez, coordinadora de la publicación y especialista en la aplicación de modelos de la atención centrada a la persona.

“La intimidad puede ser definida como lo más privado del ser humano, lo que la persona guarda para sí o, por extensión, para su círculo de personas de mayor confianza”, señala Teresa Martínez.

Lo íntimo pertenece al ámbito de lo personal o privado frente a lo público. Incluye sentimientos, creencias, forma de pensar, informaciones sobre la salud y otras cuestiones personales, el cuerpo, la sexualidad y las relaciones interpersonales.

Además de esa dimensión legal, la protección de la intimidad se sustenta en un campo ético, cuando se parte de la consideración de que todo humano es poseedor de dignidad y merecedor de respeto en cualquier circunstancia.

La intimidad, resalta Martínez, entronca con el principio de autonomía, al concebir a cada persona dueña de su vida privada y, con ello, de todo lo que la acompaña o detalla. Las relaciones entre dignidad, autonomía y protección de la intimidad son señaladas en el campo de los cuidados y la intervención social como aspectos relevantes en la calidad de la atención.

Respetar la intimidad en los procesos de atención a las personas en situación de dependencia apela a diversas cuestiones. Dos de ellas pueden ser enunciadas como condiciones iniciales necesarias para lograr este objetivo.  

La primera es la obtención del consentimiento, por parte de la persona, para que quienes la cuidan accedan a su vida privada; y la segunda, la generación de una relación de ayuda basada en la confianza, condición básica de toda relación interpersonal y profesional de apoyo.

 Además, se distinguieron distintos tipos de la intimidad  que son objeto de protección por parte de las instituciones responsables y de los profesionales que dispensan atención o cuidados personales.

La intimidad física

La intimidad corporal hace referencia a la limitación en relación al acceso al cuerpo de las personas por parte de otras. Incluye tanto el acceso físico como el visual. La protección de la intimidad corporal requiere que el acceso al cuerpo se realice con el consentimiento de la persona y evitando situaciones que generen excesivo pudor.

Su protección precisa de un ámbito privado protegido de injerencias externas y una especial atención a los contextos culturales.

La intimidad informativa

La intimidad informativa es la obligación de confidencialidad en relación al derecho de la protección de las informaciones personales y, por tanto, al acceso limitado a las informaciones personales y a la obligación de secreto cuando las personas usuarias comparten algo que no quieren que se sepa.

Se relaciona también con evitar comentarios hirientes o improcedentes sobre las personas o situaciones.

La intimidad decisoria

La intimidad decisoria se trata de la necesidad de privacidad en  procesos de toma de decisiones. Su protección precisa de un ámbito protegido de intromisiones externas, de espacios y tiempos en soledad o en compañía de las personas elegidas por la persona usuaria, así como una atención  y respeto a los valores y emociones presentes en estos procesos.

La intimidad espacial

La intimidad espacial hace referencia al territorio que configura el ámbito privado, incluyendo tanto los espacios como los objetos. La intimidad espacial es importante para garantizar el mantenimiento de las relaciones interpersonales. (I)

El fallecimiento tiene algunos significados

Parte de la guía “Respetando la intimidad: protección y trato cálido” aborda un tema crucial en la existencia humana: la muerte y sus consecuencias.

Estos procesos son individuales y como tales deben ser tratados, pero también son profundamente culturales, dimensión que debe tenerse en cuenta, incluyendo la espiritualidad y la religiosidad, generalmente muy ligadas al hecho de morir. El acompañamiento a la persona y a la familia, protegiendo su intimidad, resulta fundamental.

Una buena muerte incluye aspectos diversos relacionados con el bienestar personal como estar libre de dolor, percibir control sobre lo que sucede, haber resuelto conflictos pasados, tener la oportunidad de ver cumplidos deseos o voluntades finales y estar acompañado por seres queridos.

Es un proceso en el que la persona y su biografía deben ser el centro de las actuaciones que se realicen.

Morir es una experiencia que enfrenta a la persona con el misterio humano de su destino final.

En este proceso cobran gran importancia algunas necesidades relacionadas con cómo la persona se siente: protegida de peligros, querida por su familia, aceptada por la gente y con su intimidad respetada.

Es un período de última oportunidad de expresar voluntades, de “poner en orden las cosas”, de despedida y de comunicación, por lo que se requiere especialmente personalización y privacidad.

Salir de la vida es un proceso complejo que suele resultar difícil tanto para la persona como para su familia, pues aparecen nuevas necesidades de comunicación que obligan en muchos casos a tomar decisiones delicadas que requieren la preservación de la intimidad personal y familiar.

La muerte de un ser querido es una experiencia vital para la familia; el modo en que se produzca influirá decisivamente en el duelo y en el posterior recuerdo y significado. Todo ello requiere un entorno adecuado de gran sensibilidad y un clima de seguridad, serenidad y apoyo que favorezca el tránsito. Y por lo mismo su aceptación. (I)

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