Los ‘pachucos’: de pandilleros mexicanos a bailarines de mambo

- 01 de Septiembre de 2017 - 00:00
Un grupo de pachucos exhibe sus trajes elegantes en la plaza Poliforum Cultural Carranza en la Ciudad de México.
Foto: AFP

Este movimiento mantiene viva una cultura que nació en Estados Unidos en 1930. Hablan ‘spanglish’ y visten el excéntrico estilo zoot suit.

Luciendo sombreros con plumas, flores en la solapa, zapatos de charol y coloridos pantalones de tirantes con leontina, los pachucos bailan al ritmo del mambo en legendarios salones de México, manteniendo viva una cultura de pandillas que nació en Estados Unidos en 1930.

En ese entonces se vivía un racismo sin tapujos en Estados Unidos: muchos restaurantes prohibían la entrada “a perros, negros y mexicanos”, mientras los blancos tenían preferencia para sentarse en autobuses.

Indignados, mexicanos radicados en suelo estadounidense organizaron “un protomovimiento de resistencia social y cultural”, cuyos miembros se autodenominaron pachucos, explica Manuel Valenzuela, sociólogo investigador del Colegio de la Frontera Norte.

Protagonistas de enfrentamientos contra policías y soldados estadounidenses que dejaron masivas detenciones hacia 1943, los pachucos hablaban “spanglish” y vestían el excéntrico zoot suit: traje de saco holgado hasta la rodilla y pantalones bombachos de pinzas, describe el experto.

“Ahora, ser pachuco ya es hacer cultura porque estás llevando lo que fue antes, para que no se pierda esa tradición”, asegura Ricardo Zamorano, alias ‘Pachuco For Ever’, quien a sus 55 años viste orgulloso en Ciudad de México su zoot suit al estilo más clásico -con sombrero, tirantes, leontina y zapatos oxford-, aunque este atuendo estilo gánster ya no sea sinónimo de revueltas rebeldes.

Las pandillas de pachucos que controlaron barrios de la frontera mexicano-estadounidense se desvanecieron, pero en 1960 heredaron algo de su estilo a los ‘cholos’, otra tribu urbana, incluso a la actual Mara Salvatrucha, comenta Valenzuela.

Pero el pachuquismo sobrevive entre un grupo de nostálgicos veteranos que, como Zamorano, permanecen fieles a la moda de antaño y animan míticos salones de baile de la capital mexicana, como el ‘California’ o ‘Los Ángeles’, al son de ritmos como mambo, danzón, boogie-woogie y cha cha cha.

“Lo bonito es rescatar la elegancia del pasado”, se congratula Roberto Romero, sastre de 73 años especialista en zoot suit y cuyas ventas de atuendos pachucos se potenciaron en la última década.

La encarnación del pachuco

“El pachuco parece encarnar la libertad, el desorden, lo prohibido”, escribió el Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz en ‘El laberinto de la soledad’.

Y la vida de ‘Pachuco For Ever’ pareciera un homenaje vivo a esa figura, que le recuerda a su padre, tío y abuelo.

En la casa de Zamorano hay un altar al célebre actor y cantante mexicano Germán Valdés ‘Tin Tan’, que en 1940 se consagró como ‘El Pachuco de Oro’. Sus armarios están atiborrados de zoot suits que van desde el violeta, pasando por la cuadrícula escocesa hasta el dorado con piedras Swarovski.

También tiene una colección de sombreros de todos los colores, formas y tamaños, un buqué de plumas finas para adornarlos, una gama de zapatos -desde charol bicolor hasta el psicodélico tornasol-, así como vistosas flores para la solapa y cadenas estilo leontina, usadas como armas de pelea por los pachucos originales.

“Los pachucos fueron los primeros metrosexuales. Desde el martes ya estoy pensando qué ropa ponerme el sábado para ir a bailar. Ese día me rasuro, tengo un espejo de doble aumento para bien delinearme el bigote tipo ‘Tin Tan’. Ser pachuco de verdad, es que toda tu ropa sea de pachuco, a todos lados adonde vas”, dice Zamorano.

“Como en las películas”

De la luz dorada del escenario emerge la silueta de un pachuco bailando. El silencio expectante se rompe con su grácil zapateo estilo tap sobre la banda sonora de ‘Personalidad’, melodía de ‘Tin Tan’.

Es ‘Pachuco For Ever’ en traje amarillo canario, acompañado de su inseparable novia Paola Tiburcio, de 55 años.

Ellos incendian la pista de un centro cultural con acrobáticos bailes, mientras un séquito de veteranos pachucos les sigue el paso.

“Me hubiera encantado vivir en esa época, de vestidos con vuelo y todo, me siento como en las películas de ‘Tin Tan’”, dice entre jadeos Concepción Valenzuela, robusta bailarina de 42 años vestida de rojo, al terminar de danzar con su esposo pachuco.

“La pachuca rompe radicalmente con la perspectiva tradicional de sumisión de la mujer. Sale a la calle, pistea (toma), fuma, bronquea (pelea)” como los hombres, señala el investigador Valenzuela, al explicar que las pachucas originales ocultaban navajas en sus peinados. Los pachucos, la mayoría, son maduros, contados jóvenes se adhieren a esta cultura. Roberto Reyes es uno de ellos.

“Portar este traje para mí es un orgullo. Me inspira sinceridad, respeto, autoestima, alegría”, comenta este bailarín, de 19 años, que se pinta bigote y porta un zoot suit verde perico.

“El pachuco dice ‘mírenme, existo y respétenme’”, afirma transpirando, antes de regresar a la pista de baile. (I)