Martes, 18 Octubre 2016 00:00 Justicia

La Plaza a la Memoria rinde homenaje a víctimas de violación a DD.HH.

José Luis Lema, víctima de un caso de lesa humanidad, trabajó en la adecuación de la plaza.
José Luis Lema, víctima de un caso de lesa humanidad, trabajó en la adecuación de la plaza. Foto: Miguel Jiménez / El Telégrafo

El sitio ocupa el 25% de las instalaciones del Ministerio Público. El proyecto forma parte del programa de reparación y es un punto de encuentro y reflexión.

Redacción Justicia

El 8 de enero de 2015, cientos de flores fueron colocadas al pie del mural ‘Grito de la Memoria’, en el edificio de la Fiscalía del Estado (centro-norte de Quito). Ese día se recordaban 27 años de la desaparición forzada de Santiago (17) y Andrés (14) Restrepo Arismendy.

Las flores no pararon de llegar, en la noche, Pedro y María Fernanda Restrepo se reunieron con un grupo de personas que, al son de tambores, reclamaban justicia para este caso. Pedro, ese día, dijo que era la primera vez que tenía donde colocar flores a sus hijos, desde su desaparición.

Esta historia la recuerda Fidel Jaramillo, director de la Comisión de la Verdad de la Fiscalía. Él considera que los monumentos destinados a recordar a las víctimas de violaciones de derechos humanos son un punto de encuentro y reflexión.  

Al mural del ‘Grito de la Memoria’, pintado por el artista  Pavel Égüez, se une desde el último fin de semana la Plaza a la Memoria, ubicada en un espacio exterior de la Fiscalía General del Estado. Es un espacio que rinde tributo a las víctimas de violaciones de derechos humanos.

José Luis Lema, quien fue víctima de un caso de lesa humanidad, trabajó en la construcción de la nueva plaza.

Según el expediente de la Comisión de la Verdad,  José y sus amigos  fueron detenidos por un escuadrón de la Policía en agosto de 1998. Ellos fueron señalados como presuntos autores de un asalto a un banco, donde murió una persona.

El caso Lema fue judicializado en 2011. Tras 4 años de litigio, los responsables fueron sentenciados a 6 años de privación de la libertad.

“La Policía nunca investigó quiénes fueron los verdaderos responsables, a nosotros nos inculparon por un crimen que no cometimos y arruinaron nuestras vidas”, dijo Lema.

Agregó que la Plaza de la Memoria no borrará lo que les sucedió a las víctimas, pero ayudará a la ciudadanía a recordar los crímenes. “Es el símbolo de recuperación de la memoria más visible en la ciudad”.

El 25% del predio de la Fiscalía se dio al Municipio, que se encargó de construir la plaza, que fue entregada el sábado último, en el marco del encuentro de Hábitat III.

Fidel Jaramillo dijo que la creación de espacios de la memoria es una forma de conciencia del pasado. “Debemos conocer la historia, lo que significó el Plan Cóndor, el SIC-10, desapariciones forzadas, etc. para que no vuelvan a pasar”.  

Tributo a víctimas

En Quito hay varios monumentos que rinden tributo a víctimas de violaciones de DD.HH., que son poco conocidos por la ciudadanía.

Por ejemplo, en el parque Julio Andrade (centro-norte), en 2012, familiares y exmiembros del grupo Alfaro Vive Carajo (AVC) colocaron 36 esculturas con el nombre de los militantes que fueron abatidos de forma extrajudicial, entre 1985-1986. Nadie en el parque recuerda este lugar.  

Para Cristina Soliz, antropóloga de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, la construcción de los espacios de memoria deben vincularse con las víctimas en su creación y en su uso.

Añadió que estos espacios generan en la ciudadanía nuevas perspectivas de ver el pasado y presente del país. “Deben consultar a las víctimas sobre cómo quieren que se recuerde lo que les sucedió”. (I)

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