Jueves, 28 Septiembre 2017 00:00 Justicia

Joan Vila Dilmé mató a 11 pacientes de geriátrico

Joan Vila Dilmé mató a 11 pacientes de geriátrico

La justicia española lo condenó a 127 años y medio de cárcel y al pago de 369.000 euros a los familiares de las víctimas.

Redacción Justicia

Joan Vila Dilmé nació en 1968, enCastellfullit de la Roca, un municipio español de la comarca de La Garrocha, en la provincia de Gerona, dentro de la comunidad autónoma de Cataluña, España. Sus padres fueron Ramón y Encarnación, 2 jubilados de una antigua fábrica de embutidos del pueblo.

Ambos sufrieron mucho al observar a su hijo crecer sin amigos, encerrado en sí mismo, pero nunca pensaron que se convertiría en un psicópata asesino.

Poco a poco, esa personalidad introvertida salió a vista de todos. Joan Vila se mostraba huraño, tímido y reservado. En la adolescencia se volvió enemigo de la vida social, así lo señalan los reportes periodísticos.

En el pueblo, sus habitantes al parecer juraron un pacto de silencio espontáneo para no herir a su familia y para cuidar la historia del sitio donde nació el asesino en serie contemporáneo que los puso en el ojo de España y del mundo.

Sus escasas amistades lo definían como retraído y sin interés por hombres o mujeres. “Nunca salió del armario”, comentó una amiga de la infancia.

Joan Vila se formó como peluquero y se ganó el aprecio de las jovencitas de la época. Luego, siguiendo sus sueños de juventud, abrió un centro estético en Figueres, pero tras 2 años el negocio quebró y Joan Vila tuvo que volver a la casa de sus padres, quienes asumieron la deuda contraída.

Desde ese momento el tímido Joan Vila peregrinó por muchos trabajos. Fue ayudante de cocina, quiropráctico, mesero y al final siguió un curso de enfermería de 150 horas en el psiquiátrico de Salt.

Todo parecía normal en la vida de Joan Vila, pero su cerebro pasaba dificultades y el 9 de julio de 1990  consultó al psiquiatra porque decía tener dificultades para leer y sentía fobia a las aglomeraciones. Desde ese momento, cada 2 meses acudía al médico. Su homosexualidad y afeminamiento comenzó a notarse y enfrentó otro problema físico. Al joven le temblaban las manos.

La necesidad de autoatenderse lo llevaron a seguir un curso de enfermería, sin embargo, los problemas mentales que sufría lo desviaron nuevamente de sus intereses personales y pasó a trabajar de camarero en hoteles y restaurantes en la provincia de Roses y en Olot.

En 1999, acudió a otro psiquiatra porque el temblor en las manos crecía y había motivado que lo despidieran de su trabajo de camarero. Ya para esa fecha había cumplido 34 años.

Su primer trabajo con ancianos

En 2000 consiguió un empleo en una pizzería de Empuriabrava, en el municipio de Castelló de’Empuries. Ahí compró un pequeño departamento en un edificio viejo, pero no fue hasta 2005, cuando se involucró con los ancianos. Ese año consiguió un trabajo en la residencia geriátrica privada El Mirador Banyoles, donde estuvo 8 meses y se ganó el aprecio de los adultos mayores por las atenciones que les brindaba.

En ese lapso, presentó su renuncia y se fue a trabajar a la Caritat en Olot, donde sus problemas psiquiátricos continuaron y empezaron las rencillas con sus compañeros de labores.

Cuatro años más tarde (2009), Joan Vila se vuelve más irritable y en esos arranques de locura termina asesinando a Rosa Babures Pujol, de 87 años, quien residía en la habitación 310. El 19 de octubre del mismo año termina con la vida de Francisca Matilde Fiol, de 88, de la habitación 308. A las 2 mujeres les autoinduce a beber productos de limpieza que terminan destrozando sus órganos internos.

Bajo ese mismo modo de actuar, y entre el 14 de febrero de 2010 y 17 de octubre de 2014 mató a 9 ancianos más, la mayoría mujeres entre los 85 y 89 años. Su última víctima fue Paquita de Girones, de 85, a quien los médicos encontraron que tenía quemaduras en las vías respiratorias, el esófago y la boca.

Pocas horas después, las investigaciones de la Policía de Cataluña o Mossos d’Esquadra, revelaron que Joan Vila era el culpable de asesinar a los octogenarios obligándolos a ingerir productos cáusticos (de limpieza).

“El celador, acosado por los agentes, se derrumbó y confesó que había obligado a la anciana a ingerir un producto de limpieza mediante una jeringa. Esta fue localizada en una papelera próxima a la habitación de la víctima.

Vila utilizó GM6, un desincrustante ácido contenido en una botella de plástico de color blanco de un litro. Su acción es la destrucción tisular mediante la deshidratación de los tejidos y la abrasión de los músculos, según el forense”, refiere una nota de diario El País de España.

El juicio y la cárcel

Mossos d’Esquadra, el fiscal Enrique Barata y el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Olot, Leandro Blanco, estaban sorprendidos, refiere el diario español. Las autoridades se enfrentaban a un asesino en serie, sin un móvil claro.

El magistrado ordenó revisar todas las muertes ocurridas en La Caritat desde que entró Vila a trabajar en diciembre de 2005. Los Mossos d’Esquadra presentaron la lista: de los 59 fallecimientos en ese periodo, casi la mitad, 27, sucedieron en los turnos de Vila (fines de semana y festivos). Ese año, 12 de los 15 decesos en el geriátrico ocurrieron mientras Vila estaba trabajando. En 2009, 5 de la docena de fallecimientos se produjeron estando él de guardia.

En la cárcel, Joan Vila confesó a los psicólogos que desde niño se sentía mujer y soñaba con tener una familia como tal.

El asesino del geriátrico se atribuyó 11 asesinatos de ancianos, de ellos 9 mujeres y 2 hombres.

El 10 de octubre de 2014, refiere El País, la Sala II confirma la sentencia dictada por un tribunal del jurado de la Audiencia de Girona y por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. La pena impuesta a Joan Vila fue de 127 años y medio de privación de la libertad.

La sentencia confirmada, condenaba además a Vila al pago de indemnizaciones por un total de 369.000 euros a los familiares de las víctimas, y estableció en 40 años de cárcel el límite de cumplimiento efectivo.

La psicopatía que sufría Joan Vila y que motivó que sus abogados pidan su internamiento en un centro especializado, fue desechada por los jueces españoles. (I)

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