Viernes, 20 Enero 2017 00:00 Justicia

Fuerzas armadas limpian de armas las cárceles

Los presos de la cárcel Alcacuz, en Natal, se atrincheraron en lo alto del penal para evadir la acción policial.
Los presos de la cárcel Alcacuz, en Natal, se atrincheraron en lo alto del penal para evadir la acción policial. Foto: AFP

La ola de violencia generada desde estos centros penitenciarios afecta el turismo en Rio Grande.

Pablo Giuliano - Agencia AFP

La policía brasileña ingresó al presidio de Natal (en el nordeste de Brasil), donde 26 detenidos fueron asesinados el fin de semana en un enfrentamiento entre bandas, y trasladó a 226 presos para evitar una nueva masacre ante un clima de alta tensión.

La guerra entre facciones por el control del tráfico de drogas sumergió el sistema penitenciario de Brasil en un frenesí de carnicerías, rebeliones y fugas que causó 134 muertos en los primeros 15 días de 2017, según datos oficiales.

Y la cárcel Alcaçuz de Natal, la mayor del estado de Rio Grande do Norte (RN), fue el escenario del último gran motín.

Aunque las autoridades lo dieron por controlado la mañana del domingo, los dos grupos criminales enfrentados se mantuvieron atrincherados por más de 24 horas detrás de improvisadas barricadas, algunos armados con machetes, amagando con volver a chocar.

La policía de élite intervino el martes último lanzando balas de goma desde el muro perimetral para evitar una nueva matanza y este miércoles, escoltados por un vehículo blindado, los agentes entraron al centro y sacaron en autobuses a 226 internos del grupo Sindicato do Crime RN.

Este grupo criminal, al que pertenecería la mayoría de los 26 muertos del motín de fin de semana, había tratado de atacar el pabellón donde están confinados los miembros del rival Primer Comando Capital (PCC) como revancha a la masacre de sus compañeros, muchos fueron decapitados y quemados.

Los miembros de las Fuerzas Armadas entraron a las prisiones para detectar, con aparatos tecnológicos modernos, armas, explosivos y celulares.

Violencia cruza los muros

Dieciocho autobuses y un automóvil gubernamental incendiados, comisarías atacadas con bombas incendiarias y el terror dominando las calles: así fue la noche del miércoles y la madrugada de ayer en el estado de Rio Grande do Norte, en el nordeste de Brasil, en el marco de la violencia generada por las bandas criminales que actúan en las cárceles.

El origen es la muerte de 26 presos en la cárcel de Alcacuz, en Natal, capital del estado de Rio Grande do Norte, ubicado en la región “esquina de América”.

La ola de violencia en las cárceles salió de los muros, un día después de que el presidente Michel Temer afirmara que las Fuerzas Armadas podrán hacer requisas en las prisiones, sobre todo para evitar la connivencia entre detenidos y el servicio penitenciario.

Es porque la policía trasladó a  presos de la banda Sindicato del Norte (SN) a otras prisiones desde Alcacuz, lo cual habría permitido el control de la cárcel del Primer Comando de la Capital, el principal grupo del crimen organizado de Brasil, considerado responsable por la explosión de violencia en las cárceles en el inicio de 2017, con más de 134 muertos.

Una nueva rebelión causó un muerto en la prisión de Seridó, interior de Rio Grande do Norte, que fue controlada por los presos.

Varias ciudades del interior de Rio Grande do Norte y el cordón urbano de Natal sufrieron con el incendio de autobuses de pasajeros: los delincuentes pararon el vehículo, obligaron a descender a los pasajeros y chofer y le prendieron fuego, en un mensaje a las autoridades.

El terror lanzado por las bandas criminales que se disputan el control del negocio de drogas y los robos en las calles también afectó a la principal actividad de Rio Grande do Norte, el turismo, justamente en época de vacaciones de verano.

Uno de los autobuses incendiados estaba en Playa del Medio, una de las más famosas de Natal. Mientras que la Calzada de Ponta Negra, tradicional paseo nocturno costero, quedó vacío por el temor generado por la ola de violencia.

Esta situación puso en evidencia el sistema carcelario brasileño. Según la Pastoral Carcelaria dijo a EL TELÉGRAFO, el problema principal es que el 41% de los detenidos están más de ocho meses sin sentencia y deben alinearse con bandas de delincuentes dentro de los presidios.

En ese marco, casi la mitad de los detenidos lo es por delitos menores, como tenencia o consumo de drogas o dosis para la venta minorista en los barrios.

La última gran crisis del terror lanzado en las calles fue en 2006 en Sao Paulo por el PCC, que se presentó en sociedad al reclamar mejores condiciones de detención matando a 23 policías, tras lo cual la fuerza pública lanzó una ola de represión que dejó 500 muertos en dos semanas de mayo de 2006, muchas de ellas ejecuciones sumarias en las barriadas más pobres. (I)

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Jueves, 19 Enero 2017 22:12

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