Jueves, 16 Febrero 2017 00:00 Justicia

Familia perdió su vivienda por la venta de drogas

Moradores de las calles 21 y Maldonado, en Guayaquil, agradecieron el trabajo policial que por segunda vez permitió desbaratar un grupo de microtraficantes.
Moradores de las calles 21 y Maldonado, en Guayaquil, agradecieron el trabajo policial que por segunda vez permitió desbaratar un grupo de microtraficantes. Foto: Fabrizzio Obando Laaz / El Telégrafo
Redacción Justicia

Lorena S. lo perdió todo por causa de su participación en el microtráfico. La mujer, hoy de 40 años, aún recuerda cómo tuvo que abandonar, junto a su familia, las viviendas que habitaban en el sur de Guayaquil para evitar ser atacados por grupos de expendedores de drogas rivales.

La mujer ingresó al mundo de las drogas por su padre, quien a su vez reconoce ahora que “lo hizo” para darle de comer a su familia.

Lorena menciona que primero vivió con sus progenitores, una hermana y dos sobrinos, en una casa de caña sobre el estero en la cooperativa de vivienda Proletarios Sin Tierra, en el Guasmo Sur. De ahí se fueron a vivir a un colegio fiscal de la zona,  donde su padre consiguió, en 1994, un empleo como conserje.

“Desde esa época creo que mi papá ya se dedicaba a vender drogas” y a otros negocios ilícitos, menciona, sin aceptar que por ese motivo toda la familia tuvo que dejar abandonado el empleo seguro que habían conseguido y migrar a otro sitio para protegerse, porque ya comenzaban a tener problemas con las bandas delictivas rivales.

Sin embargo, la suerte aún estaba del lado de la parentela de Lorena. Rápidamente, su progenitor consiguió otro trabajo y lugar para vivir. La mudanza esta vez los condujo a la sede de una asociación de trabajadores en la misma zona, unas cuadras más adelante. En ese lugar iban a recibir una paga por cuidar y limpiar la propiedad, lo cual, pensaron, permitiría que el “jefe de hogar” dejara a un lado el microtráfico. Pero no fue así, y sin pensarlo ella ya estaba inmiscuida en el ilícito negocio, “también por necesidad”, pese a que ya se había hecho de compromiso y traído al mundo dos niños.

Los años pasaron y todos los miembros de la familia de Lorena ya eran reconocidos como los vendedores de drogas en el barrio, pese a que su mamá, su hermana y sus sobrinos, uno de ellos discapacitado, nunca participaron de la actividad ilícita. Estos problemas provocaron también que su conviviente la abandonara, meses después de perder a su segundo hijo por una neumonía.

La mala fama adquirida los llevó a tener problemas seguidos con las bandas rivales del Guasmo, quienes intentaron matar a Wellington, su hijo mayor, quien ya andaba en malos pasos.

Hasta que en 2010 toda la familia tuvo que salir de la sede gremial porque la Policía allanó el sitio y la detuvo. Más de dos años pasó en prisión y en ese lapso una red de microtraficantes lanzó una bomba en la puerta de la vivienda.

Actualmente, la mujer ejerce empleos eventuales, junto a su nueva pareja. Wellington formó su hogar y hoy trabaja como conserje en una entidad médica.

Autoridades reconocen problema

Para el fiscal William Aguilar Martillo, que el microtráfico contamine los núcleos familiares no es nuevo. En sus ocho años como agente fiscal es una realidad que como autoridad no puede negar.

“En diferentes lugares donde se ha intervenido hemos visto reincidencia y comprobado que esto se ha convertido en un negocio de tipo familiar. Caen dos familiares y continúa otro del mismo núcleo”, manifiesta.

Esta situación se da en el sur, centro y norte de Guayaquil. Aguilar pone como ejemplo lo que ocurría en la zona denominada la ‘bahía de la droga’ en la calle 10 de Agosto y callejón Décimo, donde gente con lazos consanguíneos se dedicaba a traficar cocaína, marihuana y heroína al menudeo.

Madre e hijo presos por microtráfico

Uno de los últimos casos se dio el miércoles 8 de febrero en las calles 21 entre Maldonado y Gómez Rendón, en el  suburbio oeste de la ciudad. Ahí, tras una denuncia ciudadana, la Policía Antinarcóticos montó vigilancia y descubrió que una madre y su hijo se dedicaban a vender marihuana. Incluso permitían que los consumidores ocuparan una parte de la vivienda.

Según el reporte policial, en la casa los gendarmes encontraron 1.000 gramos de marihuana y 3.000 dosis listas para su “comercialización”.   

Los detenidos fueron plenamente identificados como los proveedores de la sustancia alucinógena y en la audiencia de calificación de flagrancia se inició la respectiva instrucción fiscal con pedido de prisión preventiva, la cual fue aceptada por el juez de Garantías Penales de turno.

El teniente coronel Enrique Bautista, jefe de la Unidad Antinarcóticos de la zona 8, tampoco negó la problemática y dijo que la Policía está trabajando con ayuda de la comunidad para detectar a los microtraficantes.

Como una muestra del control que se ejerce en toda la zona, la institución policial revela también que en Durán fue detenida Bella Alexis S.V., hermana del delincuente alias ‘El Llorón’, quien se encuentra detenido en la cárcel regional por los delitos de microtráfico y asesinato. La mujer fue sorprendida con 110 dosis de heroína.

El ministro del Interior (e), Diego Fuentes Acosta, destaca que la lucha contra el microtráfico en 2015 y 2016 permitió la detención de 4.200 sospechosos y en barrios, escuelas y colegios fueron capacitados en prevención 52.000 ciudadanos.

La Secretaría Técnica de Drogas (Seted) también reveló que hasta la fecha han sido capacitados 5.000 profesionales para detectar y prevenir el consumo de drogas en niños y adolescentes. (I)  

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